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Durante la gestión de Cristina Kirchner, el mítico balcón fue abierto al público que visita la Casa Rosada, para vivir la experiencia de asomarse en él, saludar y tomarse una fotografía.

Durante la gestión de Cristina Kirchner, el mítico balcón fue abierto al público que visita la Casa Rosada, para vivir la experiencia de asomarse en él, saludar y tomarse una fotografía.

Política Argentina

El balcón de la Rosada: Del adiós de Evita al canto de Michetti

Un repaso por la historia de mítico balcón, desde el festejo macrista de hoy, hasta el 17 de octubre de Juan Domingo Perón. En democracia y durante la dictadura, siempre protagonista.

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Después de doce años, un presidente “no K” volvió a asomarse al histórico balcón de la Casa Rosada para saludar a la multitud y dirigir, desde allí, un mensaje. Con su hija Antonia en brazos, y su mujer, Juliana Awada, a su lado, Macri saludó con el bastón y agradeció a la multitud.

Macri y Michetti, con Awada y Antonia. A la derecha, Juan Tonelli, pareja de la vice.

Luego se asomó la vicepresidenta Gabriela Michetti, acompañada por su marido Juan Tonelli. Y fue en ese instante cuando Macri comenzó a bailar y Michetti a cantar, a capella, aquél hit de Gilda. “No me arrepiento de este amor”, arrancó la vicepresidente. Fue un momento de alegría aunque para otros significó la banalización del histórico balcón.

Macri baila al compás de las estrofas de Gilda, que Michetti cantó a capella.

Es que los Kirchner, a través de los doce años en el poder, nunca saludaron desde allí y ni siquiera pronunciaron un discurso, ya que siempre dijeron que “ese era el balcón de Eva y que a ellos le quedaba grande”. ¿Qué pensará Cristina cuando vea las imágenes del dúo Macri-Michetti?

La única vez que Cristina se asomó fue para mostrarle a Dilma Rousseff el mítico balcón.

El 1° de mayo de 1952, Evita ya sabía que se estaba muriendo. El cáncer y la pasión envolvían la figura delgada y frágil de Eva Perón cuando habló por última vez a una multitud desde el balcón de la Casa de Gobierno. Por detrás, el general Perón la sostuvo por debajo de las axilas. Pero antes intentó impedir que hablara. Sabía que ahí, su mujer perdería el último hilo de energía que le quedaba.

Fue entonces cuando Eva prometió salir a las calles, si es que alguien se atrevía a derrocar al entonces presidente Juan Perón, "para no dejar en pie ningún ladrillo que no sea peronista".

El 1° de mayo del 52, Evita pronuncia un fuerte discurso, su legado político.

Cristina Kirchner, no usó el célebre balcón pero lo abrió a la gente que, los sábados y domingos, visitó la Casa de Gobierno, para que se puedan fotografiar allí y sentir, aunque sea un poco, el significado de estar parado en ese mítico lugar, frente a la Plaza de Mayo.

Más atrás en el tiempo, la fórmula Fernando De la Rúa y Carlos “Chacho” Alvarez, salieron a saludar el día de diciembre de 1999 cuando asumieron el poder.

El 10 de diciembre de 1999, De la Rúa y Álvarez, estrenan el gobierno de la Alianza.

A Carlos Menem el balcón le trajo alegrías y dolores de cabeza. Allí saludo junto a su mujer, Zulema Yoma, y a su vicepresidente, Eduardo Duhalde, el día que asumió el poder anticipado en 1989.

También recibió, dos años después, a la Selección de Carlos Bilardo, que había perdido la final del Mundial de Italia ‘90 por culpa de un penal, que para todos los argentinos, sólo vió el árbitro del partido. Diego Maradona, lloró allí, aquella tarde.

Tras la derrota en la final del Mundial de Italia, el plantel sale al balcón con Menem.

Pero para Menem, lo peor del balcón le vino de su propia tropa. Fue cuando el aclamado director cinematográfico, Alan Parker, y la super estrella del pop, Madonna, le pidieron prestado ese histórico balcón para filmar escenas claves del film “Evita”.

Después de varias cavilaciones y amenazas de la derecha peronista, Menem cedió. Las escenas se realizaron pero quedaron las pintadas, que en las inmediaciones de la Casa Rosada y, por ejemplo, en casi todo el trayecto de la Av. 9 de julio. lo tildaron de traidor.

Raúl Alfonsín, durante su mandato entre 1983 y 1989, debió hacer uso del balcón para una jornada trágica. Ni siquiera lo había usado cuando, luciendo la banda y el bastón, el primer presidente del retorno de la Democracia asumió el poder. Si, salió a tomarse algunas fotos aquél 10 de diciembre del 83, pero el discurso ante la multitud lo dio desde el balcón del cabildo.

Saadi, Cafiero y Manzano, acompañan a Alfonsín en la Semana Santa de 1987

Sin embargo, la Semana Santa de 1987, cuando un grupo de militares se alzaron tomando por las armas la Escuela de Infantería en Campo de Mayo y todos pensaron que los tiempos de los golpes regresaban, salió al histórico balcón. Lo hizo acompañado por parte de su gabinete de ministros y varios líderes opositores, entre ellos el entonces gobernador bonaerense Antonio Cafiero y el titular del bloque de los diputados del PJ, José Luis Manzano, entre otros. Desde allí explicó a la multitud la decisión de ir a Campo de Mayo a dialogar con los militares rebeldes.

Y pidió a la multitud que lo espere en la Plaza. Lo hizo, sin saber si regresaría allí con vida y para hacer una demostración de fuerza a los insurrectos. Varias horas después, Alfonsín y su comitiva regresó, salió al balcón, explicó que se trataba de héroes de Malvinas que pedían una solución a su situación por los hechos ocurridos durante la Dictadura y dijo: “La casa está en orden. Felices Pascuas”.

También desde allí Alfonsín intentó remontar su gobierno, cuando arreció la crisis económica, y anunció el Plan Primavera además de acusar a un grupo de periodistas a los que acusó se golpistas.

"Si quieren venir que vengan. Les presentaremos batalla”, dijo Galtieri. Después, la guerra.

Los militares que usurparon el poder a punta de pistola, y dejando a su camino ríos de sangre y muerte, también vivieron la tentación de saludar a la multitud en ese histórico balcón.

Los efluvios del whisky escocés hicieron que Leopoldo Fortunato Galtieri, saliera a emborracharse de aclamaciones de la multitud que colmó la Plaza de Mayo para vivarlo el 2 de abril de 1982, cuando en las Islas Malvinas un grupo de comandos de la Marina izó, la bandera nacional. El vahído, le hizo pensar a Galtieri que estaba para quedarse. Malvinas, su tragedia y otros generales, lo eyectaron del poder.

Hasta Jorge Rafael Videla, se atrevió a usar el balcón de la Casa Rosada. Fue en 1979. La primera vez fue en las postrimerías del conflicto limítrofe por el Canal de Beagle, que casi lleva a la Argentina a la guerra con Chile, hecho que solo fue abortado ante la mediación papal del Cardenal Antonio Samoré.

También Videla salió una mañana, en pleno invierno cuando el seleccionado juvenil, de la mano de Diego Maradona, Ramón Díaz y César Luis Menotti, se alzaba con el primer título Mundial de la categoría en Japón. Esa vez la mayoría de la gente que colmó la plaza eran estudiantes secundarios, que se habían “rateado” al colegio, y oficinistas que andaban por la zona. Videla también saludó desde el balcón.

Videla también se vió tentado de salir al balcón de la Casa Rosada.

Pero la verdadera historia de ese balcón está ligada a la historia del peronismo en el poder. La primera vez, y quizá el instante fundacional del mítico balcón, fue cuando el general Edelmiro Farrel, no tuvo más remedio que mandarlo a buscar al coronel Perón,  que estaba detenido en el Hospital Militar, para que salga al balcón y mande a toda esa multitud de descamisados a sus casas. Fue el 17 de octubre del 45, y nacía el peronismo. Después vendría la despedida de una Evita moribunda.

En su tercer mandato presidencial, durante los convulsionados 70, y con las organizaciones armadas desmadradas por el territorio nacional, un octogenario Juan Perón, cargando con una larga enfermedad a cuestas y ya viejo y cansado, echó desde el balcón, cubierto con un blindex por temor a algún atentado, a aquella “juventud maravillosa” a la que trataba de “Inberbes”. Hubo una importante desconcentración con cánticos de amenazas que presagiaban el peor final.

Finalmente, Perón murió un 1° de julio de 1974 y su mujer, por entonces vicepresidenta, María Estela Martínez de Perón, debió asumir la presidencia.

La sombra que fue esa mujer, hasta que los militares arrasaron con ella y con todo a su paso, también uso el balcón para amenazar a la juventud. Fue la peor noche en la que cayó la nación, cuando la Triple A se adueñó de las vidas y preanunciaba lo que vendría después.