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El macrismo convirtió el balcón de Perón en una "sala de reuniones"

Política 100 días de Macri

El macrismo convirtió el balcón de Perón en una "sala de reuniones"

Organizan todos los días reuniones de trabajo en el histórico lugar donde Perón y Alfonsín dieron sus discursos más importantes. "No le damos dimensión política", se defendió uno de los funcionarios que suele usar el lugar para charlar sobre temas de gestión. 

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Cambia, todo cambia. Y como. El presidente Mauricio Macri cumplirá mañana 100 días en el Gobierno y, entre medidas políticas y económicas, uno de los cambios más notable que a simple vista se puede observar es cómo la gestión "amarilla" poco a poco altera los usos y costumbres de la propia Casa Rosada

Funcionarios del Gobierno de Mauricio Macri reunidos en el histórico balcón de la Casa Rosada.

En el histórico balcón de la Casa Rosada, que se abre de cara a la Plaza de Mayo, los funcionarios macristas ahora lo utilizan para tener reuniones de gestión. "Los que se reúnen en el Salón de los Científicos no saben que el balcón contiguo es el de Evita", reconoció en diálogo con BigBang, Hernán Iglesia Illa, subsecretario de comunicación estratégica de la Jefatura de Gabinete, que depende de Marcos Peña.

Fue consultado luego de que un periodista de este medio haya tomado fotos de una de las reuniones donde se ve a varios funcionarios tomando café, charlando e incluso fumando en el histórico balcón. El dato se suma a la polémica que abrió el propio presidente cuando el día de su asunción bailó allí al ritmo de los acordes que cantaba la vicepresidenta Gabriela Michetti. Gilda había llegado a la Casa de Gobierno. El Salón de los Científicos, además, fue el despacho de la propia Evita en tiempos del General Perón. 

En cambio, Néstor y Cristina Kirchner nunca se pronunciaron en más de doce años desde el histórico balcón de la Casa Rosada. Al menos nunca lo usaron para hablarle al electorado. "Este era el balcón de Eva Duarte de Perón. A nosotros nos quedaba grande", explicaron en alguna oportunidad. Pero, allí, no sólo se despidió "Evita" sino que también otros dirigentes dejaron frases para la historia.

Histórico Balcón

"Yo le pido a Dios que no le permita a esos insectos levantar la mano contra Perón. ¡Guay de ese día! Yo saldré con los descamisados de la Patria para no dejar en pie ningún ladrillo que no sea peronista", se despidió el 1 de mayo de 1952 Evita. El cáncer, la pasión y las manos del General Perón envolvían la figura delgada de Evita que se apagaría para siempre el 26 de julio de ese mismo año.

Mauricio Macri bailó en el balcón de la Casa Rosada luego de casi 64 años del discurso de Evita.
Evita se abrazó el 1 de mayo de 1952 al General Perón luego de despedirse de los "descamisados".

Más atrás en el tiempo, la fórmula Fernando De la Rúa y Carlos “Chacho” Álvarez salieron a saludar el 10 día de diciembre de 1999 cuando asumieron el poder gracias a la "Alianza".

El presidente Fernando De la Rúa y el vice Carlos "Chacho" Álvarez, juntos, el día de la asunción.

A Carlos Menem el balcón le trajo alegrías y dolores de cabeza. Allí saludo junto a su mujer, Zulema Yoma, y a su vicepresidente, Eduardo Duhalde, el día que asumió el poder anticipado en 1989.

También recibió, dos años después, a la Selección de Carlos Bilardo, que había perdido la final del Mundial de Italia ‘90 por culpa de un penal, que para todos los argentinos, sólo vió el árbitro del partido. Diego Maradona, lloró allí, aquella tarde.

Tras la derrota en la final del Mundial de Italia, el plantel sale al balcón con Menem.

Pero para Menem, lo peor del balcón le vino de su propia tropa. Fue cuando el aclamado director cinematográfico, Alan Parker, y la super estrella del pop, Madonna, le pidieron prestado ese histórico balcón para filmar escenas claves del film “Evita”.

Después de varias cavilaciones y amenazas de la derecha peronista, Menem cedió. Las escenas se realizaron pero quedaron las pintadas, que en las inmediaciones de la Casa Rosada y, por ejemplo, en casi todo el trayecto de la Av. 9 de julio. Lo tildaron de traidor.

Raúl Alfonsín, durante su mandato entre 1983 y 1989, debió hacer uso del balcón para una jornada trágica. Ni siquiera lo había usado cuando, luciendo la banda y el bastón, el primer presidente del retorno de la Democracia asumió el poder. Si, salió a tomarse algunas fotos aquél 10 de diciembre del 83, pero el discurso ante la multitud lo dio desde el balcón del cabildo.

Saadi, Cafiero y Manzano, acompañan a Alfonsín en la Semana Santa de 1987

Sin embargo, la Semana Santa de 1987, cuando un grupo de militares se alzaron tomando por las armas la Escuela de Infantería en Campo de Mayo y todos pensaron que los tiempos de los golpes regresaban, Alfonsín salió al histórico balcón. Lo hizo acompañado por parte de su gabinete de ministros y varios líderes opositores, entre ellos el entonces gobernador bonaerense Antonio Cafiero y el titular del bloque de los diputados del PJ, José Luis Manzano, entre otros. Desde allí explicó a la multitud la decisión de ir a Campo de Mayo a dialogar con los militares rebeldes.

Y pidió a la multitud que lo espere en la Plaza. Lo hizo, sin saber si regresaría allí con vida y para hacer una demostración de fuerza a los insurrectos. Varias horas después, Alfonsín, junto a su comitiva, regresó y salió al balcón para explicar que se trataban de héroes de Malvinas que pedían una solución a su situación por los hechos ocurridos durante la Dictadura y dijo: “La casa está en orden. Felices Pascuas”.

También desde allí Alfonsín intentó remontar su gobierno, cuando arreció la crisis económica, y anunció el Plan Primavera además de acusar a un grupo de periodistas a los que acusó se golpistas.

"Si quieren venir que vengan. Les presentaremos batalla”, dijo Galtieri. Después, la guerra.

Los militares que usurparon el poder a punta de pistola, y dejando a su camino ríos de sangre y muerte, también vivieron la tentación de saludar a la multitud en ese histórico balcón.

Los efluvios del whisky escocés hicieron que Leopoldo Fortunato Galtieri, saliera a emborracharse de aclamaciones de la multitud que colmó la Plaza de Mayo para vivarlo el 2 de abril de 1982, cuando en las Islas Malvinas un grupo de comandos de la Marina izó, la bandera nacional. El vahído, le hizo pensar a Galtieri que estaba para quedarse. Malvinas, su tragedia y otros generales, lo eyectaron del poder.

Hasta Jorge Rafael Videla, se atrevió a usar el balcón de la Casa Rosada. Fue en 1979. La primera vez fue en las postrimerías del conflicto limítrofe por el Canal de Beagle, que casi lleva a la Argentina a la guerra con Chile, hecho que solo fue abortado ante la mediación papal del Cardenal Antonio Samoré.

También Videla salió una mañana, en pleno invierno cuando el seleccionado juvenil, de la mano de Diego Maradona, Ramón Díaz y César Luis Menotti, se alzaba con el primer título Mundial de la categoría en Japón. Esa vez la mayoría de la gente que colmó la plaza eran estudiantes secundarios, que se habían “rateado” al colegio, y oficinistas que andaban por la zona. Videla también saludó desde el balcón.

Videla también se vió tentado de salir al balcón de la Casa Rosada.

Pero la verdadera historia de ese balcón está ligada a la historia del peronismo en el poder. La primera vez, y quizá el instante fundacional del mítico balcón, fue cuando el general Edelmiro Farrel, no tuvo más remedio que mandarlo a buscar al coronel Perón,  que estaba detenido en el Hospital Militar, para que salga al balcón y mande a toda esa multitud de descamisados a sus casas. Fue el 17 de octubre del 45, y nacía el peronismo. Después vendría la despedida de una Evita moribunda.

En su tercer mandato presidencial, durante los convulsionados 70, y con las organizaciones armadas desmadradas por el territorio nacional, un octogenario Juan Perón, cargando con una larga enfermedad a cuestas y ya viejo y cansado, echó desde el balcón, cubierto con un blindex por temor a algún atentado, a aquella “juventud maravillosa” a la que trataba de “Inberbes”. Hubo una importante desconcentración con cánticos de amenazas que presagiaban el peor final.

Finalmente, Perón murió un 1° de julio de 1974 y su mujer, por entonces vicepresidenta, María Estela Martínez de Perón, debió asumir la presidencia.

La sombra que fue esa mujer, hasta que los militares arrasaron con ella y con todo a su paso, también uso el balcón para amenazar a la juventud. Fue la peor noche en la que cayó la nación, cuando la Triple A se adueñó de las vidas y preanunciaba lo que vendría después.