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El “tío Ramón”: el personaje que el Che inventó para despedirse de sus hijos

Política

El “tío Ramón”: el personaje que el Che inventó para despedirse de sus hijos

Se cumplen 50 años de su asesinato en Bolivia. Cómo fue su regreso de incógnito a Cuba y la despedida con su familia.

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Corría el jueves 21 de julio de 1966 y Ernesto “Che” Guevara emprendía el retorno de encubierto a Cuba, luego de su fallida expedición guerrillera en la República Democrática del Congo. Había partido 447 días atrás, también en secreto, luego de renunciar a los cargos que mantenía en el Gobierno Revolucionario y de resignar hasta su propia “condición de cubano”.

El "Che" y Fidel con el pasaporte del falso Ramón en sus manos.

Las aguas estaban turbias y la relación con Fidel Castro atravesaba su peor momento. El argentino había dejado una misiva que oficiaba de testamento político para desligar a la Isla de cualquier tipo de represalia diplomática. El Comandante en Jefe tenía una sola instrucción: sólo podía leerla si el Che moría en las selvas africanas.

Con los rumores del desembarco del Che en África a la orden del día y luego de confirmar que el ejército de 120 cubanos liderados por Guevara sorteaba con mucha dificultad la resistencia congoleña, Fidel tardó sólo 167 días en traicionarlo y apelar al “pasaporte diplomático” que le había dejado por escrito su hasta entonces Comandante.

El Che tuvo cinco hijos: Hildita, Aleidita, Camilo, Celia y Ernesto.

Y, así, no sólo le confirmó al mundo que se encontraba en el Congo (lo que activó de inmediato el despliegue de las fuerzas internacionales para frenar su foco guerrillero), sino que además aceleró la derrota. “Hago formal renuncia de mis cargos en la dirección del partido, de mi puesto de ministro, de mi grado de comandante, de mi condición de cubano”, leyó Castro el tres de octubre de ese mismo año durante el Primer Congreso del Partido Comunista Cubano.

Las noticias viajaron rápido y Guevara se enteró en la selva africana de la traición. “El ‘Che’ comenzó a dar patadas a la radio, mientras gritaba: ‘Miren a dónde lleva el culto a la personalidad’. Fue al encuentro de su muerte sabiendo que lo habían traicionado”, recordó Daniel Alarcón Ramírez, más conocido como “Benigno”, uno de los cubanos que combatieron en el Congo y luego lo acompañaría en Bolivia.

El día que Fidel leyó la carta del Che

Derrotado y buscado por los servicios de inteligencia de todas las potencias imperialistas (estaba bajo la lupa tanto del FBI, como de la KGB por su público apoyo al régimen maoista), el argentino se refugió durante cinco semanas en la embajada cubana en Tanzania, para luego establecerse de incógnito durante cinco meses en Praga, capital de la República Checa.

Fue allí que volvió a tomar contacto con Castro y a orquestar su desembarco en la campaña guerrillera que dos años después le costaría la vida: el ambicioso “operativo Bolivia”. Su objetivo inicial era intentar hacer la revolución en la Argentina, pero Fidel se negó. Luego propuso llevar su tropa a Perú, pero volvió a recibir la negativa del líder cubano. “Ahí le inventan el espejismo de Bolivia”, advirtió el reconocido escritor cubano, Alberto Müller.

Era uno de los rostros más queridos de la Revolución, pero regresó a la Isla sin pena, ni gloria.
 

Reunir y entrenar una nueva tropa desde su exilio europeo era imposible. Ese fue el motivo por el cual decidió regresar a Cuba, a sabiendas de que no podía hacerlo de modo público. Él ya había renunciado a todos sus cargos e incluso a la nacionalidad cubana. Tenía, además, el rechazo abierto del ala más conservadora del Gobierno Revolucionario.

Habían pasado seis años desde aquel glorioso desembarco en La Habana, luego de asegurar la última ciudad clave para Castro: Santa Clara. El “Che” fue ovacionado por una multitud el dos de enero de 1959 y recibido por Fidel para celebrar la victoria de aquel ambicioso y reducido grupo de 82 hombres del Movimiento 26 de Julio que habían desembarcado el 25 de noviembre de 1956 en la isla.

El "Che", Fidel y Camilo Cienfuegos en el desembarco de La Habana.

La misma isla lo recibía ahora en las penumbras de la madrugada. En secreto y de encubierto, el “Che” regresó en julio de 1966 a Cuba con la cabeza rapada, sin barba y unos lentes que pretendían ocultar a uno de los rostros más conocidos y emblemáticos de la Revolución. ¿Su nueva identidad? Ramón Benítez, un comerciante de 46 años, ocho más de los que efectivamente tenía en ese momento.

Nadie sabía que había regresado, ni siquiera sus cinco hijos, de quienes se despidió el dos de noviembre de ese mismo año para emprender su rumbo a Bolivia. “No sabíamos que era él, nos dijeron que era el tío Ramón. Me acuerdo que me sorprendía mucho las demostraciones tan afectuosas de un hombre al que no habíamos visto nunca”, reveló años después Celia, su hija menor, quien al momento de la despedida tenía sólo tres años. Esa fue la última vez que vio a su padre.

La carta de despedida que le dejó a sus hijos.

Consciente de que podía no regresar, el Che les escribió una emotiva carta, que tiempo después se convirtió en un “testamento de vida” para todos sus herederos. “Queridos Hildita, Aleidita, Camilo, Celia y Ernesto: si alguna vez tienen que leer esta carta, será porque ya no esté entre ustedes. Casi no se acordarán de mí y los más chiquititos no recordarán nada. Su padre ha sido un hombre que actúa como piensa y, seguro, ha sido leal a sus convicciones”, fue el primer párrafo.

En la misma, el “Che” los instó a crecer como “buenos revolucionarios”. “Estudien mucho para poder dominar la técnica que permite dominar la naturaleza. Acuérdense que la revolución es lo importante y que cada uno de nosotros, solo, no vale nada. Sobre todo, sean siempre capaces de sentir en lo más hondo cualquier injusticia cometida contra cualquiera, en cualquier parte del mundo. Es la cualidad  más linda de un revolucionario. Hasta siempre hijitos, espero verlos todavía. Un beso grandote y un gran abrazo de papá”.

La relación del Che con Fidel tuvo sus complicaciones.

La campaña boliviana duró sólo diez meses y fue un desastre. En su diario, el Che se quejó en varias de sus páginas del abandono que sufrió por parte de Fidel. El segundo en pocos años. En sus páginas, Guevara advertía que había perdido contacto con Manila, el hombre que Castro le había asignado como nexo con las fuerzas revolucionarias bolivianas.

Lo que el argentino no sabía era que Castro lo había enviado a Francia y abandonado así a las tropas del “Che”, que quedaron incomunicadas y sin apoyo. Su final llegó hace 50 años, el 9 de octubre de 1967, cuando cae herido de una bala en su pierna izquierda en el combate de la Quebrada del Churo. Fue trasladado como prisionero de guerra a La Higuera y permaneció un día detenido en una escuela rural.

La bala del soldado boliviano Mario Terán Salazar le puso fin a la vida del “Che”, quien en sólo ocho meses iba a cumplir 40 años. Un día después, su cuerpo fue trasladado en helicóptero a la ciudad de Vallegrande, en donde fue expuesto en el lavadero de un hospital. Horas después, le cortaron sus manos como “prueba de muerte” y su cadáver permaneció treinta años desaparecido.