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Política Internas y venganzas

La guerra en la Bonaerense detrás de la fuga

Cada vez son más los que avalan la idea de la “complicidad” de la Policía en la escandalosa fuga de los hermanos Lanatta y Víctor Schillaci. La guerra sin cuartel que podría tener graves consecuencias.

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La “triple fuga” es una historia de leales y traidores. Ya lo había adelantado el propio ministro de Seguridad bonaerense, Cristián Ritondo, al confesar que “un sector de la Policía bonaerense es cómplice” de la huida de los hermanos Lanatta y Víctor Schillaci del penal de máxima seguridad de General Alvear. Ahora, un ex policía que investigó a Sebastián Forza, una de las tres víctimas del Triple Crimen, insiste en la complicidad estatal.

 

LA BÚSQUEDA SIN DESCANSO Y EL COMPROMISO INTACTOA través de un gran trabajo en equipo la Policía de la Provincia de...

Posted by Cristian Ritondo on jueves, 31 de diciembre de 2015

17 de julio de 2008, Ingeniero Maschwitz, provincia de Buenos Aires. Agentes de seguridad de la por entonces Jefatura Departamental de Zárate-Campana detuvieron a nueve mexicanos que supuestamente trabajaban para Joaquín “Chapo” Guzmán, líder del temible Cartel de Sinaloa.

En el allanamiento incautaron 20 mil dosis de metanfetamina cristalizada que en Estados Unidos se vendían en ese entonces a US$ 150 cada una, es decir, US$ 3 millones en total. Y en la totalidad de los operativos, se retuvieron 201.397 dosis por un total de US$ 30 millones. El Cartel de Sinaloa en la Argentina, según los expertos, ya no era una organización criminal sino un holding empresarial.

La Policía comprobó el nexo entre Sebastián Forza y el Cartel de Sinaloa del “Chapo” Guzmán.

En diálogo con BigBang, el ex superintendente de Investigaciones de Tráfico de Drogas Ilícitas, Norberto López Camelo, recordó que su investigación en la quinta de Ingeniero Maschwitz derivó en una causa conexa que terminó en el Triple Crimen de General Rodríguez.

La Policía bonaerense pudo comprobar comunicaciones telefónicas entre Sebastián Forza, traficante de efedrina, y Luis Tarzia, una especia de “gerente” local de ese “holding” que ya era el Cartel de Sinaloa.

Los traficantes de efedrina, Sebastián Forza, Damián Ferrón y Leopoldo Bina, fueron asesinados en 2008.

“La fuga (de los condenados por el Triple Crimen) me hace ruido”, advirtió Norberto López Camelo, para quien Martín y Cristián Lanatta y Víctor Schillaci “deben tener algún tipo de apoyo”. Para el ex superintendente de Investigaciones de Tráfico de Drogas Ilícitas, podría haber noticias “en los próximos días”.

“Con la presión social y mediática que hay, a las fuerzas de seguridad no les conviene que los tres fugados aparezcan muertos”. Más allá de la resolución del caso, a la gobernadora bonaerense María Eugenia Vidal el hecho podría servirle para comenzar a separar, como se dice, la paja del trigo.

Hugo Matzkin fue el jefe de la Policía bonaerense en el segundo mandato de Daniel Scioli.

Quien también le pidió a la gobernadora “separar a los buenos de los malos de la bonaerense” fue el ex candidato presidencial Sergio Massa. María Eugenia Vidal ya lo había comenzado hacer desde el primer día.

Es que el 10 de diciembre de 2015 designó a Pablo Bressi como nuevo jefe de la Policía bonaerense en reemplazo de Hugo Matzkin. El nuevo jefe de la fuerza era hasta ahora el superintendente de Investigaciones del Tráfico de Drogas Ilícitas.

El nuevo jefe de la fuerza, Pablo Bressi, deberá trabajar para renovar la Policía bonaerense.

Pero la clave, más allá del cambio de “cabeza” de la fuerza, estaría al interior de la misma. Es que cuando sucedió el Triple Crimen, la Policía bonaerense tenía 15 comisarios generales mientras que ocho años después, el ahora ex gobernador Daniel Scioli entregó la provincia con 30 comisarios generales.

Quizás el “traspaso” bonaerense todavía no llegó al “traspaso” policial. Quizás la llegada de Pablo Bressi no significó la ida de los comisarios que aún responderían a Hugo Matzkin. La batalla, entonces, debería ser también interna. Separar la paja del trigo, los buenos de los malos, o, como se dice en la jerga policial, los leales de los traidores.