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"Nos juzgan de no querer a nuestros hijos": Florencia Kirchner y un fuerte mensaje sobre la maternidad y su internación

La hija de la vicepresidenta publicó un extenso texto donde relata cómo era su vínculo con su hija Helena durante la internación en Cuba. 

En un extenso texto publicado en Instagram, Florencia Kirchner habló sobre la relación con su hija Helena durante el largo período en que permaneció internada en un centro médico de Cuba. La hija de la vicepresidenta continúa en La Habana, aunque se encuentra en mejor estado de salud. “Por largos períodos no pude ver a mi hija, y cuando venía tampoco podía estar tiempo completo, yo no era buena para ella”, escribió la cineasta.

El texto, acompañado de una foto en la que se la observa caminar junto a su hija por un parque, habla sobre el vínculo entre las madres y sus hijos. De hecho, Florencia cita una publicidad: “Mamá no se puede enfermar, porque mamá -antes de las crías, llamada mujer-deja de ser persona cuando es mamá”. “Es mamá, ya está, mamá. En teoría se aburre en una fiesta, porque es mamá”.

“Fuera del rango materno, según las lógicas patriarcales, existe también la enfermedad de la madre”, agrega la hija de la vicepresidenta, que agrega: “Estamos militando maternidades deseadas, sí, ¿pero qué ocurre cuando una es madre? ¿Por qué tanto miedo da desmitificar lo que es una madre? Simple: porque nos juzgan de no querer a nuestros hijos”.

En este sentido, Florencia Kirchner recordó que durante 2019 no pudo ver a su hija Helena por largos períodos. De hecho, en varias ocasiones era la propia Cristina Kirchner quien viajaba con su nieta a Cuba para que pudiera visitar a su madre. En otras ocasiones también viajó hacia La Habana el papá de Helena, Camilo Vaca Narvaja, ex novio de Florencia. “Cuando venía tampoco podía estar tiempo completo, yo no era buena para ella, atravesaba fuertes crisis y dolores físicos”, contó por Instagram.

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“Me vomitaba en los pijamas la impotencia y no sabía si era mi mejor mi ausencia o mi presencia rota”, agregó. “Esta foto es de cuando ya pudimos, de los días de saltar un poco la soga, de escuchar ocho mil veces la misma canción y escribir juntas su nombre: Helena”. “Juego con la clasificación de mala madre, me divierte, porque no me salen las trenzas, porque siempre le dije ‘ahora no, estoy escribiendo’. Y, porque soy media niña también, le escondo cosas para divertirme y también me reta cuando me subo con las zapatillas al sillón”.

“Lo que me pasó es que ni siquiera podía ser desastre. Y aun así, con un poco de temor en los ojos, lo escribo: derecho a enfermarse, al tiempo necesario para curarse, más hoy que nunca, que todo debe ser ya. Reloj capitalizado para apurarte en respirar”. “Te extraño Helena, el mundo no es un lugar adecuado para estar tan lejos”, cierra.

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