Secciones
Actualidad

“¡Sos vos, Javi!”: la historia del nieto 130 y el reencuentro con su tío 40 años después

La historia de la búsqueda y la recuperación de la identidad. 

Pasaron casi 42 años desde la última vez que Elena Mijalchuk y Juan Manuel Darroux fueron vistos con vida. Corría diciembre de 1977 cuando ambos fueron desaparecidos por la dictadura. Ella estaba embarazada de dos meses y llevaba en sus brazos a su primer hijo, de sólo cuatro meses. Cuatro décadas después, Javier Matías recuperó su identidad. La historia del nieto número 130 y los 40 años de lucha de su tío, Roberto.

Necesito saber si mi hermana o hermano llegó a nacer"

“¡Sos vos, Javi!”. Esas fueron las palabras que le salieron a Roberto la primera vez que veía a su único sobrino. Lo había buscado desde aquel 26 de diciembre de 1977 en el que fue vista por última vez su hermana, Elena. “Gracias tío por no dejar de buscarme”, dijo emocionado Javier Matías durante la conferencia de prensa en la que Abuelas anunció su restitución, y agregó: “La alegría siempre es parcial, porque el hecho de encontrarme implica que él nunca más va a volver a su hermana”.

La herida sigue abierta: “Quiero saber qué pasó con mis padres y si nació mi hermana o hermano”

La restitución de Javier Matías tuvo un beneficio adicional al reencuentro con su familia: permitirá avanzar en la causa que todavía investiga la desaparición de sus padres. “Abrazar a mi tío, esos momentos, son una caricia al alma, en cuanto a lo que me reconforta ir reconstruyendo y sabiendo quiénes eran mis padres. Por el otro lado, es una congoja. Una convicción de lucha y de búsqueda que no termina, porque necesito saber la verdad de qué sucedió con ellos. Saber si tengo o no un hermano o una hermana. Saber si nació. Está muy bien toda la parte emotiva, pero hay otra parte que empuja hacia la búsqueda, la lucha y la verdad".

Está muy bien toda la parte emotiva, pero hay otra parte que empuja hacia la búsqueda, la lucha y la verdad"

En el comienzo de la conferencia, Estela de Carlotto  destacó la importancia de escuchar los pormenores de la desaparición de Elena y Juan Manuel. “Necesitamos que si alguien sabe algo, se acerque y aporte datos”, arengó la titular de Abuelas, al tiempo que detalló lo último que se sabe de los padres de Javier Matías.

“Al momento del secuestro, Juan Manuel, Elena y el pequeño Javier Matías ya vivían en Caseros. Lo último que la familia supo sobre Juan Manuel fue a través de sus primos Luis Molina y Domingo Carmelo Graciado a principios de diciembre de 1977. Se habían encontrado con él en un bodegón de la localidad de Valentín Alsina, ubicado Rucci [en rigor de verdad, ese es el nombre actual, en 1977 la misma calle se llamaba Humaytá] y Viamonte”, precisó Carlotto, al tiempo que resaltó: “Es importante que sepan esto para ver si alguien se acuerda. Ese es el lugar donde se solían reunir”.

Después de comer, Juan Manuel le pidió a su primero que lo acercara a Paraná y Panamericana, en la zona norte del Conurbano. “Domingo lo dejó allí pero, como lo notaba preocupado, volvió a pasar y vio cómo su primo discutía acaloradamente con cuatro hombres que lo subieron a un Chevy color azul metalizado. Fue la última vez que se lo vio”.

Leé también | 42 años de caminar por la memoria: de la primera ronda de las Madres a la traición de Astiz

Elena se enteró de la situación. Juan Manuel no aparecía y ella no sabía en dónde buscarlo. Hacia fines de diciembre de 1977 recibió una llamada y después una carta en la que su marido le indicaba que el 26 de diciembre debía encontrarse con unos compañeros de Capital Federal. En la Navidad, Elena les mostró la carta a sus padres y les pidió que la acercaran con su bebé al lugar. Al día siguiente, tal como habían convenido, se llevaron al bebé y a Elena a la cita en Pampa, entre Lugones y la Avenida Figueroa Alcorta; en Núñez. Esa fue la última vez que los vieron”.

A Javier Matías lo dejaron a tres cuadras de la ESMA

“Él siempre supo que no era hijo de quienes lo criaron y su expediente de adopción consignaba que había sido encontrado por una mujer la noche del 27 de diciembre de 1977. Fue en la intersección de Ramallo y Grecia: a tres cuadras de la ESMA. Ahí encontraron al bebé, cerca de donde esa misma madrugada Elena fue vista por última vez. Por disposición de la Justicia, el bebé fue entregado con guarda de adopción a un matrimonio, con el que se crió en Buenos Aires”, detalló Carlotto.

La adopción fue legal. “Es diferente mi caso de restitución al caso que me imagino que es infinitamente más duro y doloroso que es el caso de los nietos que fueron criados en una mentira, incluso criados por los propios asesinos de sus padres. En mi caso eso es diferente. Siempre hubo una búsqueda consciente. Es más, mi padre adoptivo se ofreció a mis 15 años a buscar algún contacto o algún dato de mi familia biológica. A esa edad, adolescente, no tenía interés”.

Este es el lugar en el que encontraron al bebé

Mientras que Javier Matías no mostraba interés por conocer su identidad, su búsqueda corría peligro. “La familia Mijalchuk no conocía a nadie que les pudiera brindar información. A finales de los 80, tanto ellos como los Darroux pidieron a la Justicia la presunción de fallecimiento. Pero en mayo del 99, Roberto Mijalchuk se decidió y denunció la desaparición de su hermana embarazada, su cuñado y su sobrino. Y así se abrió un nuevo legajo en la CONADI y otros en la CONADEP”.

Roberto dejó como contacto un teléfono de línea, que en estos años nunca dio de baja: esperando recibir alguna noticia. Las familias fueron incorporadas a las muestras del banco nacional de datos genéticos. Abuelas, por su parte, solicitó a la Justicia que se realizaran exhumaciones de familiares fallecidos para completar la información genética. La última muestra que se sumó, la de su abuela paterna Natividad, junto a la ampliación de los marcadores analizados en el banco permitió la identificación de Matías. A todo esto, los equipos de la CONADI investigaban la desaparición de la pareja”.

"A muchos les puede pasar que les de miedo, pero los invito a acercarse"

El interés por su identidad llegó a fines del 2006, con casi 30 años. “Se lo tengo que agradecer a mi compañera de vida, Vani. Y a dos grandes amigos que me regaló la vida Juan Pablo y Horacio. Ellos tres fueron los que en reiteradas ocasiones me insistían con que me acercara a Abuelas a dejar una muestra de mi ADN. A lo que yo siempre respondía que para mí, desde un convencimiento muy interno, tenía la certeza de que mis padres podían haber sido desaparecidos por la Dictadura militar. Pero que estaba bien con quien era y que no me interesaba entrar a una búsqueda con resultado incierto que desgastaría mis energías vanamente”.

tenía la certeza de que mis padres podían haber sido desaparecidos por la Dictadura militar"

A fines del 2006, Javier Matías dejó su muestra en el bando de la sede de Abuelas en Córdoba. “En ese momento entendí el egoísmo de mi postura; ya que al fin pude entender que si no era importante para mí, o eso creía, tenía que ser consciente que del otro lado podría haber alguien buscándome. Un hermano, un tío, una abuela. Así que tomé la decisión de dar mi muestra y resultó que Vani y mis amigos tenían razón: mi tío me buscaba desde hacía 40 años. Si no hubiera sido por la insistencia de ellos, quizás nunca nos hubiéramos reencontrado. A muchos les pasa una sensación similar, así que los invito a juntar coraje y a acercarse”.

El primer resultado dio negativo. “Cuando en el 2006 el resultado me dio negativo, cuando salimos de Abuela mi mujer me decía: ‘No puede ser’. Y en Abuelas nos dijeron: ‘Mirá que hay grupos familiares que no están terminados’”. El resultado tardó una década en llegar. Fue después de que la Justicia aprobara la exhumación de los cuerpos de los abuelos de Javier Matías lo que permitió completar el perfil genético.

Leé también | La desgarradora carta de un hijo de desaparecidos: "Mi mamá me parió atada en la ESMA"

“Cuando en el 2016 me contactan y me dicen que habían encontrado a mi familia biológica y me encuentro con toda esta historia, obviamente es una emoción muy importante”, recordó Javier Matías. “Abuelas dio intervención a la CONADI que ordenó los estudios genéticos y en octubre de 2016 el banco informó que el perfil del hombre coincidía con la familia Darroux Mijalchuk; pero las causas de desaparición de sus padres aún continúan indeterminadas. El tío, Roberto, recibió el tan esperado llamado a ese teléfono que nunca había dado de baja: la Conadi le comunicó que había encontrado a su sobrino y que podían reunirse. Javier Matías conoció su origen y hoy las abuelas le damos la bienvenida a esta enorme familia para restituirle su derecho a la identidad y contribuir a la reconstrucción de su historia”, sumó Carlotto.

*¿Tenés dudas sobre tu identidad? Todo lo que tenés que saber para acercarte a Abuelas, haciendo click acá.

Comentarios