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A 30 años del crimen de María Soledad Morales: un femicidio que estremeció a la Argentina

Las marchas del silencio. La caída del gobierno de Ramón Saadi.  

Hace 30 años, una adolescente catamarqueña llamada María Soledad Morales fue asesinada al cabo de una orgía a la cual la habían llevado drogada. Tenía 17 años y su cuerpo apareció a las 9.30 de la mañana del 10 de septiembre, desfigurado, con señales de golpes, quemaduras de cigarrillo, la mandíbula fracturada, sin pelo y sin un ojo, entre otras aberraciones. Su padre reconoció el cadáver por una cicatriz infantil en la muñeca. Su novio, Luis Tula, que entonces tenía 29 años, la pasó a buscar a una fiesta para juntar fondos para el viaje de egresados del colegio y la llevó a una discoteca llamada Clivus. Allí, Tula la presentó a otras personas: Guillermo Luque -hijo del diputado nacional Ángel Luque- Miguel Ferreyra -hijo del jefe de policía de la provincia- Diego Jalil -hijo del intendente de la ciudad de San Fernando del Valle de Catamarca- y Arnoldito Saadi, primo del gobernador Ramón Saadi. Eran lo que la prensa denominó rápidamente "los hijos del poder". 

La drogaron con cocaína y abusaron de ella.Si le gustaba la joda, si no le gustaba, que qué hacía con un novio tantos años mayor que ella... La prensa, los opinólogos profesionales y operadores mediáticos puestos para embarrar la cancha se dedicaron prácticamente a echarle la culpa a la joven y a sus padres de su propia muerte. Fue una tendencia minoritaria, pero que existió, existió.La justicia estableció que  Luis Tula fue su entregador y que Guillermo Luque fue el asesino: al primero le dieron nueve años de prisión como "partícipe secundario del delito de violación", al segundo, 21 años de prisión como autor material del crimen, "violación seguida de muerte agravada por el uso de estupefacientes". Por entonces no existían la palabra "femicidio" ni su tipificación legal. Desde el comienzo, el crimen de María Soledad causó una conmoción social y política muy profunda, que terminó haciendo caer al gobierno provincial de Ramón Saadi, cuando el presidente Carlos Menem dispuso la intervención federal de la provincia. 

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María Soledad asistía a un colegio religioso, el Colegio de monjas del Carmen y San José. La rectora del colegio, la monja Marta Pelloni, tuvo la iniciativa entonces inédita de organizar "marchas de silencio" en la provincia en reclamo de Justicia. Al poco tiempo, las marchas convocaron a multitudes. Marchaban los padres de María Soledad (Elías Morales y Ada Rizzardo), marchaban sus compañeras de colegio, marchaban las monjas, marchaba buena parte del pueblo catamarqueño. Las marchas se organizaban sin banderías políticas y sin consignas: pronto comenzaron a replicarse en todo el país, mientras una dinastía política, la de los Saadi, sufría un grave cimbronazo,y se iban descubriendo las diferentes maniobras para encubrir el crimen, El jefe de policía de la provincia, Miguel Ángel Ferreyra, ordenó lavar el cadáver, eliminando de este modo vaya a saber cuántas evidencias del crimen. .

El diputado nacional Ángel Luque (conocido como "El Gordo Luque", por sus voluminosas proporciones) quiso defender a su hijo y le salió mal: declaró que su hijo era inocente, que si hubiera sido culpable, habría hecho desaparecer el cadáver. Esa declaración le valió directamente la expulsión del Congreso, mientras la indignación popular crecía. No era solamente que algo estaba podrido en Catamarca, sino que nadie parecía esmerarse demasiado, siquiera, por disimularlo. La decisión del presidente Carlos Menem de enviar a Luis Patti a investigar el crimen sólo echó más leña al fuego. Tan enorme fue la conmoción que originó el caso que el cineasta Héctor Olivera decidió llevarlo al cine en 1993, cuando todavía no estaba esclarecido. Es la película que podés ver abajo.

El caso fue a juicio recién en 1996: el juicio fue anulado antes de llegar a término, ante la evidente parcialidad de los integrantes del tribunal. En 1997 se realizó un segundo juicio, que concluyó en 1998, ocho años después del crimen, con las condenas a dos de los responsables. Uno de los testimonios claves del segundo juicio fue el de Javier Garzón Torres, un preceptor de la Universidad privada John Fitzgerald Kennedy de Buenos Aires que reveló que el propio Guillermo Luque le había pedido que le "dibujara" un presente para que pareciera que había asistido a clase, en Buenos Aires, el 7 de septiembre. Así se derrumbó la sencilla coartada de Guillermo Luque: no sólo no había estado en Buenos Aires sino que había intentado fingir que estaba allí.

Actualmente, ya no queda nadie preso por el crimen de María Soledad Morales. Tanto Guillermo Luque como Luis Tula cumplieron sus respectivas condenas y están en libertad. Elías Morales, el padre de María Soledad, falleció hace cuatro años. Ada Rizzardo, la madre, tiene 72 años." Yo sé que la resignación a una mamá no le puedo pedir, porque no hay ninguna para una madre, porque la herida queda para siempre, para toda la vida. El calvario que lleva la familia es muy pesado, es una cruz muy pesada que se lleva de por vida", dijo. 

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