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Cascos Helmet: el invento diseñado en Argentina que salvó a miles de infectados de coronavirus

En una entrevista con BigBang, Marcos Ledesma, el médico que los desarrolló, cuenta todos los secretos de su creación.  

Durante la pandemia de coronavirus, la ciencia avanzó a pasos agigantes en un puñado de meses. Al desarrollo de diversas vacunas contra el COVID-19, como la Sputnik V o la Sinopharm, también se sumó equipamiento para el tratamiento de los pacientes. 

Uno de esos inventos fue el casco Helmet. Aunque fue creado en Italia, la empresa argentina Ecleris los desarrolló a mediados de 2020 comenzó a distribuirlos por todo el país. Ya fueron utilizados en más de 500 hospitales y clínicas, y trataron a más de 9.000 pacientes. 


Según explicó Marcos Ledesma, médico y uno de los dueños de la empresa, en una entrevista con BigBang, el casco Helmet "mejora la oxigenación del paciente y evita potenciales contagios al personal médico y sanitario. Reduce entre un 50 y un 70% la necesidad de intubación de los pacientes con Covid 19".

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-¿Cómo llegaron a la creación de los cascos Helmet?
-Nosotros vimos que estos cascos se usaban en Italia al principio de la pandemia. Y a raíz de una cuestión personal porque uno de mis socios se enfermó de COVID, fue uno de los primeros casos que hubo, y terminó intubado. Y cuando estaba en las etapas previas de la intubación, probando los distintos tipos de sistema de oxigenación y ninguno le funcionaba, nos dijo si podíamos conseguir los cascos de Italia. No había forma porque no se importaban. Finalmente, lo intubaron por tres semanas y se salvó. Pero nos quedamos con esa idea de que había un insumo que podíamos desarrollar nosotros para que la gente no llegue a terapia intensiva. 

-¿Cómo son los cascos?
-Los cascos son similares a una escafandra, transparentes, y permiten inyectar el oxígeno con una presión superior, lo que genera un efecto benéfico en los alvéolos pulmonares, que en muchos casos colapsan por el efecto del Covid-19.  Además, evitan la dispersión del virus a través del aire espirado por el paciente, ya que cuentan con un filtro viral y bacteriológico. Con otros sistemas de oxigenación esa aerosolización existe, y es causa de muchos casos de transmisión de la enfermedad a médicos y enfermeros”.

-¿Cómo fue el desarrollo?
-Fue relativamente rápido. En julio de 2020 lo teníamos prácticamente listo. La prueba fue con un grupo de hospitales y el ANMAT nos dio la aprobación bastante rápido por la emergencia después de varias pruebas. 

 

 

-¿Cómo fue la recepción de los médicos a su invención?
-Al principio con muchas reticencias porque eran médicos que se guiaban por protocolos establecidos antes de que exista esta tecnología. Después fue ganando aceptación en todos lados. Empezaron a comprar los gobiernos, los Ministerios de Salud de las provincias y se difundió mucho como una tecnología para evitar que la gente llegue a terapia. 

-Ese sería el resumen: con el casco se suma una chance para evitar que un paciente sea trasladado a terapia intensiva. 
-Claro. Es un paso más para evitar la intubación. 

-¿Qué diferencias hay entre el uso del caso con el de la bigotera o la mascarilla de oxigeno?
-La bigotera y la mascarilla no dan presión de oxigeno. Lo único que dan es un flujo. El problema que tiene estos pacientes cuando la bigotera no les resulta es que los pulmones se les empiezan a colapsar. Se llenan de líquido y colapsan los alveolos. Lo que hay que hacer es distender los alveolos, por eso lo ponen en un respirador, que mete oxigeno a presión. Existen dos tecnologías que permiten dar oxigeno a presión sin intubar: Una son las cánulas nasales de alto flujo. La otra son los cascos. Las dos se llaman ventilación mecánica no invasiva. 

-¿Y qué cambio hay entre las cánulas nasales de alto flujo y los cascos?
-Para poder usar las cánulas tenés que comprar un equipo que cuesta unos miles de dólares y después usar las canulitas por paciente, que son descartables. El casco, en cambio, es mucho más económico y permite dar más presión que las cánulas. Las cánulas son un paso previo al casco y el casco uno previo a la intubación. El problema es que en este momento no hay cánulas en el país. No hay más. Se agotaron hasta dentro de un mes y medio, y vuelvan a importar o a fabricar. 

 

 

 

-En medio de la Segunda Ola, ¿el casco podría funcionar como un aliciente para los internados por coronavirus?
-Puede sonar medio tremendista pero, si no tenés camas de terapia intensiva, el paciente no mejora con una bigotera o una mascarilla, ¿qué tienen que hacer los médicos? El paciente se ahoga y no sale. Se muere. Algunos terapistas siguen el protocolo a rajatabla y si un paciente está mal, prefieren intubarlo. Esa discusión se dio el año pasado. Pero hay centros que aceptaron los cascos. Por ejemplo, el Hospital Fernández empezó con siete camas y ahora tiene un piso entero con pacientes con ventilación no invasiva.

-¿Pudieron obtener estadísticas sobre la mejoría de pacientes?
-El Hospital Fernández tiene estadísticas muy serias. Trataron 200 pacientes con ventilación no invasiva. De los cuales el 75% se salvó de ir a terapia. De ese 75%, el 80% se fue a la casa en siete días. 

-¿Por qué no se utiliza más el casco?
-Eso pregunto yo. Pero no solamente el casco. También la cánula de alto flujo. Lo peor que le puede pasar a un paciente Covid es ser intubado porque ahí la mitad se muere y la mitad vive. Y eso en los buenos centros, en otros centros se muere el 70%. Hoy en día, tenemos más de 2500 cascos operando en todo el país, con lo cual la tecnología está difundida. Lo que sabemos es que en ningún caso hubo afecciones con los pacientes. Ni un caso. Y si hacemos la cuenta, cada paciente usa un kit descartable que cuesta 2.500 pesos, llevamos más de 9.000 pacientes que usaron el casco. Ponele que la mitad se salvó de ir a terapia, son 4.500 personas. Es un número muy alto. 

 

 

-¿Cuándo empezó a aplicar masivamente el uso del casco?
-Se empezó a utilizar en el pico de la pandemia de 2020 porque lo empezaron a comprar los gobiernos provinciales. Nosotros veníamos de a poquito con sanatorios privados, algunos hospitales y empezamos a trabajar con algunas provincias. Cuando estalló la cosa en Jujuy, en septiembre, hicimos una capacitación a distancia con todos los médicos de los hospitales y se repartieron los cascos. La verdad que resolvieron el problema bastante rápido. Después de eso siguieron Mendoza, Río Negro, Neuquén, Tucumán, Salta y La Rioja, entro otros. Los compraban los Ministerios de Salud de la provincia. Se sumaron obras sociales y hasta donaciones para diversos pueblos del Interior. Lo que pasó también con la internación de Sergio Lapegüe, que publicó una foto con el casco, llamó mucho la atención para muchos. Y él se salvó con lo que hizo un desparramo muy fuerte de esa creación.

 

 

-¿Lo compran personas a nivel privado también?
-Sí, lo compran. Pero nosotros somos muy cuidadosos con ese tema por dos cosas. Primero porque tenemos entrega inmediata. Y por otro lado, jamás tenemos la intención de enfrentar a un médico con un paciente. Entonces puede pasar que una persona obligue al médico que le ponga el casco a un familiar. Entonces lo que le decimos a los pacientes que están desesperados porque tienen un familiar en grave estado, es que les digan a los médicos que existe una tecnología que puede llevar y ayudar en la mejoría. Pero que acepten ellos, los profesionales son los que deben tener la última palabra. 

-¿Cuál es el precio del casco?
-El precio es unificado. Los sanatorios compran kits que son descartables y el casco tiene un cuello de silicona con distintas medidas para los pacientes. Los hospitales y sanitarios lo compran con una composición que cuesta 100 mil pesos y el particular lo paga 70 mil porque lo necesita sólo para un familiar. 

-En este momento que hay un sistema casi colapsado, puede haber personas que quieren tener el casco en su casa, ¿se puede hacer eso?
-No, el casco no se puede usar en un casa. De ninguna manera. Primero porque el manejo es delicado y lo tiene que hacer un profesional de la salud. Obviamente, el manejo es fácil. No lo necesita usar un terapista. Lo puede utilizar cualquier médico con 45 minutos de entrenamiento. La realidad es que el terapista es un recurso escaso en este momento. Lo mismo pasa con los enfermeros y kinesiólogos de terapia. Estos cascos lo que permiten es no solamente aliviar las terapia sino aliviar a los médicos. 

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