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Del boxeo y los récords a un acto nazi: la historia oculta detrás del Luna Park

Sería apropiado decir que fue construido en 1931, que está en el cruce de las avenidas Corrientes y Eduardo Madero; que fue el escenario más importante del boxeo en la Argentina; que allí hizo su último show la mítica banda Sui Generis y que Diego Armando Maradona festejó su casamiento con Claudia Villafañe inaugurando la década menemista. También que por allí pasó Frank Sinatra en un espectáculo producido por Palito Ortega, que terminó endeudado; y que Ricardo Arjona batió un récord de recitales con 34 shows en 2006.


El Luna Park fue construido en los años treinta y fue central para el boxeo en Argentina.

Pero sería apenas un pantallazo, una mínima parte de la historia del mítico estadio Luna Park, que fue investigada con precisión por los periodistas Guido Carelli Lynch y Juan Manuel Bordón, en el libro El estadio del pueblo, el ring del poder (Sudamericana) que estará en las librerías desde la semana que viene.

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"El estadio del pueblo, el ring del poder". Edita Sudamericana.

“Cada detalle de la fiesta fue una ostentación”. Con esas palabras, Carelli Lynch recuerda a BigBang los entretelones de uno de los casamientos más recordados de la historia argentina. Fue el 7 de noviembre de 1989 y uno de los invitados especiales fue el entonces presidente, Carlos Menem. Pero no fue. La versión que toma más fuerza es una decisión protocolar: el astro del fútbol mundial se ubicó en una mesa sobre una tarima junto a Villafañe. “Nadie podía estar por encima de Menem”, dice el periodista. Ni siquiera Maradona.

1989. El casamiento de Maradona y Claudia Villafañe. 

Ese día, además, había un paro de transporte. El chiste era que el entonces presidente no había conseguido colectivo para llegar. Quien sí estuvo presente fue el entonces presidente de Sevel, Mauricio Macri, hoy convertido en jefe de Estado argentino y a quien años después Maradona apodaría “cartonero”.

El reconocido escenógrafo Miguel Ernesto Caldentey fue el encargado del armado del verdadero espectáculo. Pero no pudo entrar, por expresa orden del propio Maradona. Había ofrecido una entrevista que no le había caído nada bien al Diez. Lloró afuera del Luna aquella jornada. Todavía tenía calzado el traje que se había mandado a hacer para la ocasión especial. Estaba junto a su hija y su esposa. Años después, Diego lo volvería a convocar, para la escenografía del cumpleaños de 15 de una de sus hijas.

Pero la historia del Luna Park se remota a los años treinta y si bien el boxeo ocupa un rol central, fue el epicentro de episodios que marcaron al país. “Sabíamos que íbamos a contar grandes acontecimientos, como el gran acto nazi, en 1938. Fue uno de los más importantes ocurrido fuera de Alemania. Se votaba si Austria se anexaba a la gran Alemania”. Se autorizaron votaciones simbólicas en el Luna. Lo que siguió a continuación fue una verdadera batalla, hubo varias protestas los días previos y aquella jornada - que contó con toda la escenografía y la indumentaria nazi, incluso con grandes esvásticas al interior del estadio -, terminó con dos muertos, tras un enfrentamiento de los seguidores de Adolf Hitler con integrantes de la Federación de Estudiantes de Buenos Aires, que protestaban en los alrededores.

 

Año 1938. Hubo un acto de del nazismo en el Luna. A la salida, hubo incidentes y dos muertos.

El Luna Park fue desde sus inicios una verdadera caja de resonancia de la política y de la cultura popular. Pero además, es la novela de una historia familiar. Todo comenzó con Ismael Pace y Pepe Lectoure, dos pioneros del box que comenzaron en épocas donde ese deporte era sinónimo de marginalidad. Con el correr de los años, el estadio se transformó en una verdadera referencia del boxeo.

La historia hizo que las viudas de ambos creadores se hicieran cargo del Luna. Lectoure murió en los años 50. Pace falleció en un accidente de tránsito, en medio de la Revolución Libertadora, cuando el estadio mantenía algunos conflictos con el Gobierno que derrocó a Perón. Desde entonces, las riendas las tomaron Ernestina Devecchi de Lecture y Sofía Pace. “Le imprimieron un toque femenino, convocaron al Circo de Moscú y Holiday on Ice. Dejaron de hacer sólo box. En esa época, comenzó a trabajar Tito Lectoure, uno de los promotores más importantes que tuvo el estadio”, relata Carelli Lynch.

"Tito" Lectoure, junto a Ernestina Devecchi.

Devecchi se quedó con el control total del estadio. Incluso, mantuvo con Tito Lectoure una relación que no terminaron de oficializar. Ella era veinte años mayor, pero además era su tía política. La muerte de Lectoure, en 2002, provocó un giro en el futuro del Luna. Devecchi cambió su testamento y, tras su muerte en 2013, le dejó la propiedad a Cáritas y el Arzobispado.

- ¿Cuándo llegó la música al Luna Park?

- Desde el principio, ahí se hacían los bailes de carnaval, al igual que las orquestas de tango. El velorio de Carlos Gardel fue uno de los grandes sucesos que tiene la historia y el libro en particular. Contamos otros episodios muy recordados. Lectoure tenía una relación despareja con el rock. Con Billy Bond y la Pesada del Rock and Roll fue complicado. Billy Bond bajó la orden de romper todo. La leyenda dice que Lectoure lo agarró después en el vestuario y lo trompeó. Inclusive lo amenazó y le dijo que si se animaba a denunciarlo lo iba a matar.

Pero a pesar de ese antecedente, a principios de los años setenta, en 1975 el Luna se transformaría en el epicentro de una de las despedidas más recordadas en la historia del rock nacional, Sui Generis, con Charly García y Nito Mestre a la cabeza. Fueron dos espectáculos el mismo día: el 5 de septiembre. El productor fue Jorge Álvarez. Aunque fue una sola jornada, Lectoure les cobró por los dos recitales.

- ¿Hubo casos de desapariciones en el Luna durante la dictadura?

- No hubo desaparecidos. La política y el Luna Park están muy mezclados. Pace fue muy cercano a Perón, durante el primer peronismo consiguieron la habilitación definitiva, porque donde se construyó el estadio era un terreno alquilado al ferrocarril. Incluso, Perón interrumpió un plan para reformar la avenida Madero, que incluía eliminar el Luna. Se convirtió en un altar del peronismo. Resistió durante la Libertadora, y en 1965 se produjo el acto por el décimo aniversario de la Libertadora, que fue uno de los más convocantes en la historia del estadio.

Perón y Evita, en el festival para damnificados por el terremoto de San Juan, el día en que se conocieron. 

El ring side funcionaba como un espacio para el jet set. “Durante muchos años los militares ocuparon el poder. Ninguno se privó de sacarse fotos con los campeones mundiales, como Nicolino Locche o Monzón”. Lectoure mantuvo vínculo con todos los presidentes, sean o no democráticos.

“Es como mi casa, me sé hasta las escaleritas que llevan al escenario. Tiene mitología, hacer un Luna Park me parece un milagro, me conmueve muchísimo”. La frase la pronunció hace unas pocas semanas el músico español Joaquín Sabina, durante una entrevista con Canal 13. Los autores recorrieron esos rincones. “A pesar del revoque de afuera es un galpón. Hay un túnel que fue abandonado mucho tiempo, Tito Lectoure lo redescubrió con la visita de Frank Sinatra, en 1981”. Hoy otra vez está en desuso. “Las paredes hablan, todos tenemos una anécdota propia ahí”.

Sinatra dio 2 shows en el Luna en una gira a la que la Dictadura intentó sacarle provecho para promocionarse.

- ¿Recordás el primer espectáculo que viste en el Luna?

- Al Chavo del 8, también a los Globetrotters. Y música: vi a Divididos, Moby, Ed Byrne, Franz Ferdinand… Pero está un poco lejos de la historia grande, ahora es un estadio techado ubicado en una zona inmejorable de Buenos Aires, algo paradójico, porque en 1932 era una zona marginal, a dos cuadras del río.

El récord de Arjona está mencionado, así como también el que batió el músico cuartetero Rodrigo, en el 2000, con trece presentaciones consecutivas. “Fue un emergente muy claro del momento social que atravesaba la Argentina”. Pero el récord que más destacan los autores fue durante una pelea de box. Peleaban Ringo Bonavena con Goyo Peralta, en 1965. “Nunca más se pudo batir la cantidad de público, había menos controles que ahora, usaban trucos: mojaban las gradas de la popular para que la gente estuviera parada y no se sentara. Esa pelea, además, generaba expectativa porque eran dos pesos pesados. Mucha gente fue a ver perder a Bonavena, que ganó y se convirtió en un ídolo que trascendió al boxeo”.

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