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El fotógrafo que acompañó a Alfonsín durante el alzamiento carapintada: armas, pueblada y el silencio del presidente

Durante el alzamiento carapintada de 1987, Víctor Bugge fue el único civil que acompaño al presidente Raúl Alfonsín a Campo de Mayo, donde se reunió con Aldo Rico, 

A través de su mirada dio a conocer la intimidad de los presidentes. Mediante su ojo captó momentos únicos de Argentina. Y con su cámara quedaron registrados documentos históricos. Desde 1978, cuando entró a trabajar a Casa de Gobierno, el fotógrafo presidencial Víctor Bugge vivió de cerca -y casi como un protagonista-  los buenos y malos momentos del país.

Uno de esos episodios fue el levantamiento carapintada de Semana Santa, que tuvo lugar el 16 de abril de 1987 durante la presidencia de Raúl Alfonsín. En un charla con BigBang, Bugge recordó, sobre la presidencia del entonces líder de la Unión Cívica Radical: "Alfonsín tuvo una relación conflictiva con los militares durante todo su mandato debido a los juicios y demás cuestiones. Semana Santa en particular fue un momento de tensión. Recuerdo que él vino de Chascomús, el levantamiento se iba produciendo en distintos lugares y él llegó a Casa de Gobierno casi de inmediato". 

-¿Cuándo te enteraste del alzamiento de los carapintadas?
-Yo estaba en mi oficina, me había quedado a dormir ahí, cuando me avisaron lo que pasaba. Se había armado un operativo de defensa en la Casa de Gobierno. Como quería hacer unas fotos, me saqué los zapatos y las medias para bajar por las escaleras de mármol que dan a la explanada, sin hacer ruido. Ahí vi toda la defensa hecha por los Granaderos, que en ese momento eran colimbas. Eso era a las dos y media o tres de la mañana.

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-Iba a hacer una jornada larga. 
-Sí, absolutamente. Alfonsín llegó y se quedó en Casa de Gobierno. Ese domingo de Pascuas, me acuerdo que la Plaza de Mayo estaba llena. La gente había salido en defensa de la democracia. En el balcón estaban Cafiero y muchos otros dirigentes del peronismo. Había más peronistas que radicales, por decirlo de alguna manera. Y ahí Alfonsín anunció que se trasladaba a Campo de Mayo, adonde estaban apostadas las fuerzas sublevadas, los carapintadas.

-¿Cómo fue ese viaje entre la Casa de Gobierno y Campo de Mayo?
-Salimos del balcón, fuimos por los pasillos de la Casa de Gobierno, seguí al presidente, se armó el operativo de seguridad, me subí a un auto y llegamos hasta Retiro, porque el helicóptero se tomaba al lado de la Casa de Retiro Stella Maris. Ahí había un terreno de la Fuerza Aérea. Cuando estaba a punto de despegar, iba a subir José Ignacio López, que era el vocero de Alfonsín, y me cedió el lugar. Su intención fue que yo pueda obtener algún registro y demás. Un gran gesto de su parte. Con el presidente estaban los tres edecanes, un comisario, un subcomisario de la Policía Federal, el comandante de la Fuerza Aérea y el jefe de la Casa Militar. Todos nos subimos a ese helicóptero militar y partió. 


-¿Cómo fue ese trayecto?
-El helicóptero fue costeando el río. Fue un viaje en absoluto silencio. Cuando se metió hacia la provincia, en la zona de Olivos, Vicente López y San Isidro, distinguíamos a la gente en las calles, salían de las casas. Eran todos gestos de apoyo. Había gente con banderas, con palos y hasta con manteles. Todo lo que te imaginés. Cuando llegamos a Campo de Mayo, la información que le modulaban desde tierra no era del todo buena. No se estaba yendo a un lugar normal. El edecán naval le dijo a Alfonsín: "Cuidate". Siempre digo lo mismo: "Si un edecán te dice eso, ¿qué te queda?". Los únicos dos civiles éramos Alfonsín y yo. 


-¿Y cuándo llegaron qué viste?
-Bajó el helicóptero. Nos subimos a un Jeep y encaramos al despacho del jefe de la guarnición a esperar. Me senté en un sillón. Todos a la espera de Rico, que no venía. El coronel Hang salió al encuentro de los carapintadas que estaban a 300 metros del lugar. Y no volvía. Se demoraba. Eran minutos que parecían horas. En ese momento, había una pueblada en la zona de regimiento y avanzó sobre los alambrados. Ese fue un momento de tensión, los militares leales comenzaron a preparar una especie de defensa al cuartel y me acuerdo de los gritos que se escucharon como si fuera hoy: "¡Avanza la civilidad! ¡Avanza la civilidad!". Ahí empezaron a cargar las ametralladoras. Yo me quedé sentado y nos mirábamos con los muchachos de la custodia pero no había diálogo. Estábamos como medio paralizados. Fue un momento crítico. Hasta que llegó Rico. 


-¿Cómo fue ese momento?
-El jefe de la Casa Militar le pidió que deje el arma antes de entrar. Rico se sacó la cartuchera, la dejó en el piso y dijo: "Esto es en contra de los camaradas y no en contra de la democracia". Fue la frase que escuché antes de que el ingrese. Estuvo a solas con Alfonsín durante 15 minutos. Mientras tanto llegaban funcionarios y referentes peronistas. A esa altura ya habían logrado frenar a la gente que quería ingresar. A partir de ahí, el momento ese comenzó a tomar otra dimensión. Digamos que había cierta tranquilidad. Cuando salió Rico, entraron tres integrantes de los carapintadas. Algunos de ellos salieron con lágrimas en los ojos después de hablar con Alfonsín. Al rato, salió Alfonsín. Estaba en silencio, tal como había entrado. Nos fuimos en la caravana al helicóptero, del helicóptero a Casa de Gobierno y dio el discurso en el balcón.

Foto de Bugge durante el discurso de Alfonsín.


-A partir de ahí se escribió un momento recordado de la historia. 
-Ahí llegamos al balcón y dijo que las frases "la casa está en orden", "no se derramó sangre" y "Felices pascuas". Me acuerdo que en ese momento, un sector de la plaza no lo tomó bien. Hubo silbidos. Tiempo antes Alfonsín se había reunido con algunos veteranos de Malvinas y por eso no fue bien tomada la frase. Pero yo que estuve adentro y vi lo que podría haber pasado, personalmente, estoy más de acuerdo con lo que dijo Alfonsín que con la molestia de la gente en la plaza. Lo que evitó es que hoy estemos hablando, otra vez, de los muertos. 


-¿Pudiste levantar la cámara para hacer alguna foto o no existió esa oportunidad?
-No, no. Fue tan tenso todo que me quedé sentado con las dos cámaras al costado mío. No hice la foto. Como fotógrafo, por momentos, me sentí un poco mal. Pero, no creo que haya perdido ninguna foto. Perdí el documento histórico de ese momento. En ese momento, creía que si yo me levantaba y hacía algo, en un contexto de gritos y ametralladoras con una cantidad de balas interminables sostenidas por otros soldados, ¿qué iba a hacer? Además, nadie se movía. 


-Viviste muchos momentos históricos de Argentina, junto a los protagonistas, ¿qué pensabas en ese momento?
-Tuve un poco de miedo ahí adentro. No me voy a poner en guapo. Temí lo peor. En un momento se mezcló todo. Cuando gritaban "¡Avanza la civilidad!", no sabías para donde ir. Era una confusión total entre los mismos muchachos del Ejército. No hubiese sido un tema menor si la gente entraba. 


-Conviviste durante muchos años con Alfonsín, ¿cómo lo viste en ese momento?
-Fue el único momento de silencio de Alfonsín en todos sus años de Gobierno. Sí, fue así. Creo que ese día fue el momento de silencio y de estar adentro de él mismo. Y creo que se liberó cuando hizo el anuncio en el balcón. En todo momento, no hubo nada. Ni un gesto. Ni una palabra. Era seriedad y silencio. 

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