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Polémica sin fin

El "líder" de los justicieros mató a un ladrón y preside la Asociación de Armas

Américo García, 61 años, abogado. Desde hace años preside la Asociación de Legítimos Usuarios y Tenedores de Armas de la República Argentina (Alutara). Usa armas y sus definiciones respecto a los últimos casos donde las víctimas se transformaron en victimarios fueron más que polémicas.


Diez años atrás mató al ladrón que intentó asaltarlo y hoy admite que “los días posteriores no son para nada fáciles”.

En la feria expo armas de 2013 se quejó ante el periodista Miguel Prenz de que en ese espacio donde años atrás predominaban las pistolas, ahora predominan los artículos de pesca y comidas. “Todo este lugar estaba lleno de armas”, relató, en un artículo que salió publicado por la revista Anfibia.

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Hoy, analiza en diálogo con BigBang el fenómeno de los “justicieros”, y se refiere en particular a los casos del carnicero Daniel Oyarzún y el médico Lino Villar Cataldo, quienes asesinaron a los ladrones que intentaron asaltarlos.

García señaló que "las víctimas tienen derecho a la defensa de su vida y sus bienes".

“Tienen derecho a la defensa de su vida y sus bienes”, justifica el uso de las armas y la respuesta ante un hecho delictivo. Como abogado, señala que la Constitución Nacional permite la legítima defensa, y define, tajante, que los casos de las últimas semanas no fueron episodios de venganza, sino, justamente, del derecho a defenderse. “Si el que hubiera muerto era el médico o el carnicero, no había ningún tipo de problema, nadie hubiese cuestionado nada. El delincuente mata porque esa es su función”, dispara García.

“No se levantaron con ganas de matar a nadie”, define el presidente de la Asociación de Usuarios y Tenedores de armas, quien cuestiona además que continúen procesados. "No debieron estar detenidos más de dos o tres horas. El delito es por homicidio simple, de 8 a 25 años de prisión", remarca. Y repite: "No se levantaron con ganas de matar a nadie".

Lino Villar Cataldo, el médico que asesinó a Ricardo Krabler, quien intentó robarle el auto.

 - Pero lo hicieron.

 - Sí, pero no se levantaron con interés de matar, a diferencia del delincuente.

- ¿El caso del carnicero también debe ser analizado como legítima defensa?

- La Constitución Nacional dice que no está prohibido ir a perseguir lo que es suyo. Una cosa es ir a buscarlo para recuperar lo que le robó, y otra cómo terminó el episodio. La Constitución Nacional dice que puede hacerlo. No es venganza, porque eso sería si ocurre en el tiempo, si toma distancia y va a sancionar al otro por su cuenta. La ley instruye al Poder Judicial que se encargue de determinar qué pasó e imparta Justicia. El Estado quita la potestad de que uno se vengue.

Oyarzún fue asaltado en su carnicería de Zárate. Persiguió en auto al ladrón y lo atropelló.

Los límites son difusos, poco claros. La legítima defensa puede ser adjudicada a quien mate para defender su vida ante un momento límite, de riesgo inminente. La respuesta tiene que ser con un elemento similar, y no puede ser excesiva. Se excede la legítima defensa cuando ya no existe riesgo de vida y aun así hay una respuesta.

Pero para García, la legítima defensa también es válida aun cuando ya terminó el momento de riesgo. “Se puede actuar para resguardar su propiedad”, señala.

- ¿La propiedad vale más que una vida?

- Depende de quién. Si el delincuente estaba armado fue a agredir.

- ¿Cómo tomó los dichos del presidente Mauricio Macri?

- Reflejan la expresión popular, la gente está cansada de no saber si puede volver a su casa, que duermen con miedo cuando sus hijos salen a bailar, o vuelven de trabajar. No importa si hay policía cerca o lejos.

Américo García fue víctima de un robo una década atrás. Mató al ladrón que lo intentó asaltar.

Hace más de una década, cuando tenía 50 años, García asesinó a un delincuente que lo había intentado asaltar. Incluso, llegó a enfrentarse con los dos ladrones. “Eran dos, uno tenía 18 años, me había disparado. Al otro tuve posibilidad de dispararle pero no lo hice”, recuerda el abogado y tirador.

Hoy no se arrepiente y asegura que ante una circunstancia similar “no dudaría” en actuar del mismo modo, aunque sí reconoce que “los días posteriores no son fáciles”. “Hay que tener mucha fuerza, pero nunca voy a permitir que me agredan”.

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