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El suicidio, la pandemia silenciosa: "Cada 45 segundos, una persona se quita la vida"

Laura Ferré, periodista y licenciada en psicología (MN 22966) dialogó con BigBang sobre esta problemática.

Según la Organización Mundial de la Salud (OMS), más de 700 000 personas mueren por suicidio cada año. Esto quiere decir que cada 45 segundos, una persona decide quitarse la vida, lo que lo convierte en "un problema de salud pública muy complejo y urgente", y su prevención debe ser una prioridad en los países. "Parecería como que no ocurre, pero realmente sucede" , sostuvo en diálogo con BigBang, Laura Ferré, licenciada en Psicología (MN 22966).

De acuerdo con la OMS, cada año 703 000 personas se quitan la vida y se estima que los intentos de suicidio pueden haber sido 20 veces esa cifra. Cada suicidio es una tragedia que afecta a familias, comunidades y países enteros y tiene efectos duraderos en las personas que quedan atrás. El suicidio fue la cuarta causa principal de muerte entre las personas de 15 a 29 años en todo el mundo en 2019. "El suicido es un problema de salud pública muy complejo y urgente de tratar. En los últimos años se comenzaron a hacer muchas más cosas al respecto y de a poco, el suicidio está dejando de ser tabú y se está cayendo ese mito", destacó la especialista. 

La también periodista explicó que antes era común que se cuestionara a las personas que intentaban hablar abiertamente sobre el suicidio, ya sea en colegios o espacios públicos, ya que "era meterle la idea al adolescente" en la cabeza. "Esto pasó históricamente a nivel mundial y el primer paso para cambiarlo es poder hablar, aunque todavía falta una mayor prevención", agregó. Las estadísticas de las Naciones Unidas dicen que cada 45 segundos se quita la vida un ser humano y ahora más que nunca los jóvenes. "Es tremenda la cifra, la verdad que es un problema paradójico porque hay avances en terapias e igualmente, el suicidio aumentó en el mundo occidental", destacó.

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Y continuó, consultada sobre qué factores pueden llevar a una persona a tomar esta drástica decisión: "Eso es muy llamativo más allá de qué hay múltiples determinantes en el suicidio. Hay temas en cuanto a la forma de abordaje y se trata de un problema de salud mental. Los factores son múltiples y complejos. En realidad, este grupo (de 15 a 29 años) está muy pegado a la juventud y a la adolescencia. Una conducta autoagresiva ocurre siempre dentro de un contexto determinado y quizás una de las fallas en los abordajes es no tener cuenta el contexto. La red social y familiar es fundamental, es una edad de mucha vulnerabilidad y queda en evidencia todas las disfunciones, no sólo del contexto familiar, sino también del social". 

El suicidio es definido por la Organización Mundial de la Salud (2010) como “el acto deliberado de quitarse la vida”. En ese contexto, la OMS define a la adolescencia como el período de crecimiento y desarrollo humano que se produce después de la niñez y antes de la edad adulta, entre los 10 y los 19 años. Se trata de una de las etapas de transición más importantes en la vida del ser humano, que se caracteriza por un ritmo acelerado de crecimiento y cambios. "En la adolescencia hay un proceso de cambio que no solo es emocional, sino también físico. Existe esa búsqueda de sentido y a esa edad, a los chicos le suelen surgir una pregunta muy habitual: ´¿Para qué´?", manifestó la experta.

En Argentina, los suicidios constituyen la segunda causa de muerte en la franja de 10 a 19 años. En el grupo de 15 a 19 años, la mortalidad es más elevada, alcanzando una tasa de 12,7 suicidios cada 100.000 habitantes, siendo la tasa en los varones 18,2 y en las mujeres 5,9. Desde de 1990 hasta la actualidad, la mortalidad por suicidio en adolescentes se triplicó considerando el conjunto del país, según los datos del Fondo de las Naciones Unidas para la Infancia (Unicef). "Cuando la red social está agujereada se complica. Anteriormente, en los abordajes se evaluaba solo la conducta autoagresiva, si el hecho se iba a volver a repetir y si la familia tenía antecedentes. Pero no se trabajaba en el contexto", remarcó Ferré. 

Si bien el vínculo entre el suicidio y los trastornos mentales (en particular, la depresión y los trastornos por consumo de alcohol) está bien establecido en los países de altos ingresos, muchos suicidios ocurren impulsivamente en momentos de crisis con una falla en la capacidad de lidiar con las tensiones de la vida, como las finanzas, problemas, ruptura de relaciones o dolor crónico y enfermedad. "Hoy en día se habla de un espectro suicida y dentro de ese espectro hay conductas sumamente diferentes. Uno habla de suicidio cuando se refiere a conductas autoagresivas con objetivos letales, pero a partir de esa conducta también hay un modo de afrontamiento fallido", dijo en diálogo con este sitio.

Además, experimentar conflictos, desastres, violencia, abuso o pérdida y una sensación de aislamiento están fuertemente asociados con el comportamiento suicida. Las tasas de suicidio también son altas entre los grupos vulnerables que sufren discriminación. Hay un aumento de suicidios en los últimos meses porque estamos viviendo una época muy difícil: el conflicto bélico entre Ucrania y Rusia, sumado a la pandemia que todavía no se fue. "En realidad, la persona que hace un intento suicida y que termina, por ejemplo, hospitalizado lo hace a modo de afrontar ese nivel de tensión significativo que actualmente lo agobia", destacó.

Si bien durante la adolescencia la mortalidad es baja en comparación con la de la infancia y la de la edad adulta, estudios anteriores muestran que no solo el nivel de la mortalidad es diferente entre varones y mujeres adolescentes, sino que las causas por las cuales mueren son disímiles. Aunque en ambos sexos las causas de mortalidad más frecuentes son las externas, estas explican el 68% de las muertes masculinas y solo el 42% de las femeninas. Entre las causas externas, la más frecuente son los accidentes, seguida por los suicidios (22%). Las muertes por homicidios y agresiones, excluyendo los eventos de intención no determinada, dan cuenta del 14% de las muertes de adolescentes. 

El estigma, particularmente en torno a los trastornos mentales y el suicidio, significa que muchas personas que piensan en quitarse la vida o que han intentado suicidarse no buscan ayuda y, por lo tanto, no obtienen la ayuda que necesitan. "Hay que entender que para cada persona, sus problemas o momentos de tensión significativa son diferentes, por eso no hay que minimizar a aquellos que nos dan señales. Existe ese mito de que si habla sobre quitarse la vida, no lo va a ser y eso es totalmente erróneo. Las estadísticas dicen lo contrario y se trata de una persona que está pidiendo ayuda. La red de contención y la personalidad de cada persona es diferente", manifestó. 

De acuerdo con la OMS, la prevención del suicidio no se ha abordado adecuadamente debido a la falta de conciencia del suicidio como un problema importante de salud pública y al tabú en muchas sociedades para discutirlo abiertamente. Hasta la fecha, solo unos pocos países han incluido la prevención del suicidio entre sus prioridades de salud y solo 38 países informan tener una estrategia nacional de prevención del suicidio El suicidio está ligado a emociones negativas como la tristeza y el estrés. "Acá en argentina nos cuestan las estadísticas. Lo que hizo la pandemia fue elevar los niveles de ansiedad en grupos donde el aislamiento afectó sobre todo a la adolescencia", resaltó.

Y continuó: "Existe este estigma o tabú que impide hablar con libertad de esta problemática porque si vamos muy a lo básico, el miedo a la muerte que todos tenemos y la red social y vincular de cada persona no está funcionando. Hoy en día hay otro tipo de autoagresiones que no tienen finalidad suicida, como los chicos que se cortan. Y digo chicos porque generalmente, esta problemática aparece entre los adolescentes. Ahí hay un pedido de ayuda y algo que no está funcionando. Es un pedido de ayuda a ese grupo de pertenencia, por eso el abordaje comunitario es súper importante. La persona que intenta suicidarse no intenta morir, está pasando por un pasaje de ambivalencia tremenda que quiere terminar".

 

La prevención

 

Los suicidios son prevenibles. Desde la OMS revelaron una serie de medidas que se pueden tomar a nivel de población, subpoblación e individuo para prevenir el suicidio y los intentos de suicidio. Desde el organismo recomiendan las siguientes intervenciones clave basadas en la evidencia: limitar el acceso a los medios de suicidio (por ejemplo, pesticidas, armas de fuego, ciertos medicamentos); interactuar con los medios de comunicación para informar responsablemente sobre el suicidio; fomentar habilidades socioemocionales para la vida en los adolescentes e identificar, evaluar, manejar y hacer un seguimiento temprano de cualquier persona afectada por conductas suicidas.,

Estos deben ir de la mano -aclaran- con los siguientes pilares fundamentales: análisis de situación, colaboración multisectorial, sensibilización, desarrollo de capacidades, financiación, vigilancia y seguimiento y evaluación. "Hay en el imaginario social una asociación del suicidio con acciones moralmente punibles: ´es un cobarde o valiente´. Se lo romantiza porque, en realidad, es una forma de seguir enmascarando el temor a la muerte. Está muy instalado -de manera errónea- que hablar con una persona del suicidio incrementa la posibilidad de cometerlo. Me han llegado a decir que hablar en un colegio de esto les puede llegar a dar la idea de cometerlo a los chicos y esto no es así", dijo.

Y sumó: "Se piensa que se le hace un mal tratando este tema y para hablar de eso, hay que tocar los valores y asociaciones que llevan años arraigados como, por ejemplo, asociar el suicido o el intento del mismo con acciones moralmente punibles. El suicidio no siempre está ligado a un proceso depresivo o un abuso de sustancias y se lo sobrestima demasiado. Se lo demoniza y por las dudas, no hablamos del tema. Para un terapeuta es un gran impacto y siempre es un desafío no quedarse en el libreto cuando te surge una situación así. Nos mueve y nos olvidamos que lo que funciona ahí es saber escucharlo a él y a la familia".

Ferré destacó la importancia de intentar enfocarse en las razones por las que hay que vivir en un momento de mucha desolación. "Tocar las razones para vivir que tiene esa persona genera una disonancia cognitiva. Esa persona te va a dar un montón de razones para morir, pero hay que trabajar en las razones para vivir. A veces los terapeutas nos asustamos mucho, pero hay que fortalecer la alianza terapéutica con el paciente. Escuchar y trabajar con las razones para vivir. Es un hilo que puede generar una incomodidad entre las razones para vivir y morir, pero hay que intentar apelar siempre a la responsabilidad del paciente. Por eso es fundamental la red o la gente de confianza de esa persona", aclaró.

En Argentina, los casos de suicidio en la adolescencia se triplicaron en los últimos 30 años. La cifra ascendió a 12,7 cada 100.000 adolescentes entre los 15 y los 19 años, y hoy constituye la segunda causa de muerte en la franja de 10 a 19 años, según el estudio presentado por UNICEF.  "Hay señales de atención y otras que ya son alarmas o alertas: cuando una conducta se pone rígida, por ejemplo, se encierra en su cuarto o no contesta los llamados está en un proceso de aislamiento. Si esto fluctúa, son flexibles y los familiares logran comunicarte de alguna manera con ellos, no pasa nada . Pero cuando las conductas se vuelven rígidas y constantes es una señal de alerta".

La licenciada sostuvo que pensamientos negativos, ideas de persecución, de desesperanza y falta de sentido son señales de que una persona no está atravesando un buen momento. "Eso se vuelve un patrón. La persistencia en ideas negativas como el ´no sirvo para nada´ es otro indicador. También el cambio abrupto en la apariencia física, las personas que de un día para otro gastan dinero o se deshacen de sus cosas, aquellos que tenían un pelo o penado que los hacía sentir orgulloso y de repente hacen un cambio rotundo en su look. Si bien la que más se asocia como señal de alarma es el aislamiento, a veces los cambios abruptos son mensajes", destacó la psicóloga.

Y sentenció: "El factor del sueño y la dificultades para comer también son alarmas. Apetito y sueño son terrenos que muestran que la ansiedad va en aumento, como también lo son los llantos incontrolables, la apatía y el desgano permanente. Hablar de salud mental es hablar de vínculos saludables, de autonomía. Validar que se puede sentir estrés y poder hablarlo, que es natural tener dificultades permitir que uno pida ayuda y saber que el otro está ahí para ayudarlo. Estar atentos a la forma de acompañar. Hay que aprender a saber escuchar sin juzgar y validar lo que el otro siente sin minimizarlo. Tratar de quitarle esa carga y no convertir ese diálogo en un interrogatorio por la ansiedad".

El año pasado, el ministerio de Salud de la Nación presentó sus líneas de intervención prioritaria a referentes de todo el país durante una actividad de la que participó la representación local de la Organización Panamericana de la Salud/ Organización Mundial de la Salud (OPS/OMS). “Es necesario el trabajo en conjunto en un abordaje coordinado, interdisciplinario e interinstitucional para el fortalecimiento de los servicios asistenciales y los registros, y la capacitación profesional para la asistencia de suicidios”, sostuvo la ministra de Salud de la Nación, Carla Vizzotti, durante aquel evento que se realizó durante la jornada “Día Mundial y Nacional para la Prevención del Suicidio".

 

No minimice las señales de alerta, recurra siempre a un profesional. 

-Línea 135 (línea gratuita desde Capital y Gran Buenos Aires) o (011) 5275-1135 (desde todo el país) Centro de Asistencia al Suicida CAS. Atención telefónica todos los días de 08:00 AM a 02:00 PM. Consultar en la web los horarios pertinentes a cada provincia.

-Línea 136 Atención a personas en crisis.

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