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Es candidato a concejal y fue denunciado por la muerte de pacientes en la clínica que dirigía

Se llama Mario Kanashiro y era la máxima autoridad de la Clínica Santa Clara de Florencio Varela. Fue acusado por falta de atención médica y maltratos. La historia de las víctimas.

Para los familiares de, al menos, decenas de personas que fueron atendidas en la Clínica Santa Clara de Florencio Varela, la pesadilla de la pandemia de COVID-19 continúa. No solo sufrieron las muertes de madres, padres y hermanos, sino que comprobaron que cada uno de sus parientes sufrieron falta de atención, desnutrición, deshidratación, pésimos cuidados, malos tratamientos médicos, falta de higiene y, también, ausencia absoluta de los protocolos para prevenir el coronavirus. En medio de la peor situación sanitaria del mundo, esas personas creían que los profesionales de la salud iban a cuidar de sus vidas. En realidad, iban derecho a sus muertes.

La Clínica Santa Clara está situada en General Pueyrredón 349, en Florencio Varela. Esta institución forma parte del grupo Basa Salud, de la que también son parte la Clínica Santa Clara Quilmes y la Clínica Santa Clara Zárate, entre otras. Todas ellas son prestadoras de PAMI y por eso reciben mucho dinero. En 2020, durante una de las fases más duras de la pandemia, los afiliados y las afiliadas de PAMI eran derivados adonde hubiera camas disponibles. Por eso, muchos de ellos llegaron a la Clínica tanto de Varela como de otras localidades del Gran Buenos Aires. Ahí, decenas de personas perdieron sus vidas.

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El dolor y la bronca de los familiares de las víctimas se hicieron más profundos varios meses después. Ese días, se enteraron que Mario Kanashiro, el entonces director de Santa Clara, lanzaba su candidatura política. El mismo hombre que estuvo a cargo de la institución donde fueron maltratados y desantendidos muchos adultos mayores. Parecía que nada importaba. Ni que fuera uno de los denunciados en la causa que fue presentada la Unidad Funcional de Instrucción y Juicio N°7 de Florencio Varela. Ni el destrato que había hecho el año anterior ante la desesperación de las personas que le exigían que cuidaran a sus familiares internados. 

Luego de renunciar a su cargo en la clínica y dejar a su mano derecha a cargo, Kanashiro ocupa el primer lugar como precandidato a concejal de Florencio Varela por Juntos. En los últimos días posó sonriente para los fotos rodeado por el precandidato a diputado nacional por Juntos, Diego Santilli; el jefe de gobierno de la Ciudad de Buenos Aires, Horacio Rodríguez Larreta; el senador Esteban Bullrich; el precandidato a diputado provincial Martiniano Molina. Es decir, protegido y rodeado del poder político. En campaña, Kanashiro dice preocuparse por la seguridad, la infraestructura y, por su rol de médico, por la salud de los ciudadanos de Florencio Varela. En la realidad, denunciaron que hizo todo lo contrario.

En la causa, asesorados por el Centro de Estudios Legales y Sociales, los familiares de las víctimas Guido Roldán, Mario Medina Cossio, Manuel Souto, José Aromi, Aníbal Molina y Alba Velázquez denunciaron al Director Médico de la Clínica Santa Clara de Florencio Varela, Dr. Mario Hiro Shi Kanashiro; al Médico Clínico Dr. David Sánchez (MP 227938); al Médico Clínico Dr. Crescencio Montagna; al Médico Traumatólogo Dr. Rodolfo Petenello (MN 122868 MP 228971); al Médico Clínico Dr. Luciano Perez Saavedra (MN 166814); al Médico Clínico Dr. Luís Flores Mendieta (MN 119332); al Médico Cirujano Vascular Dr. Cristian Parra (MN 122701 MP 229531); al Médico Clínico Dr. German Claros Maldonado (MN 162414 MP 234029); al Médico Clínico Dr. Jhovany Quispe (MN 164022); a la Médica Clínica Dra. Adriana José Mendoza (MN 2000067), y al Médico Cardiólogo Dr. Fausto Jorge Deleón (MN 70320) por “la falta de atención médica adecuada y el padecimiento de maltratos”. 

Por otra parte, en el oficio se puede leer: “Asimismo, corresponde incorporar como personas denunciadas en la presente, las autoridades de PAMI que oportunamente se determinen en el curso de la investigación, como responsables por acción y/o omisión respecto de la obligación de evaluación y control- a través de inspecciones y auditorías- en relación a la Clínica Santa Clara de Florencio Varela (Ley 1903)”. Además existen otras denuncias en la Justicia realizadas por las familias de Dora Zárate y Estela Balbuena, también fallecidas en la clínica.

Los casos


Mario  

El 14 de octubre de 2020, Mario Medina Cossio le dijo a su hija Fariella: “Perdoname. No aguanto más”. Eran las 12 del mediodía del 14 de octubre de 2020. El hombre había ingresado a la Clínica Santa Clara, que dirigía Kanashiro, hacía menos de un mes, el 18 de septiembre, tras haber dado positivo de COVID-19. Hacer un repaso de lo que vivió Medina Cossio durante esas semanas es, simplemente, terrorífico. Tal como figura en el expediente contra las autoridades de la clínica, Medina fue internado en la habitación 216. Tal como sucedió durante la pandemia, los partes médicos eran indicados por teléfono a los familiares.

El primero que le dieron a Fariella Medina fue que su padre estaba estable. Jamás le dijeron qué medicamentos le suministraban. Durante días, el parte se repetía. Aunque Mario, a través de mensajes de texto, le contaba a su familia que se sentía muy mal. Cuando la familia le pidió a Kanashiro si podían hacer un tratamiento con plasma, el director respondió que dicho tratamiento no era una obligación de la clínica.

A esa altura, Mario estaba grave. Pero los médicos no cambiaban los tratamientos. Tampoco se ocupaban de alimentarlo. Mario no tenía fuerzas ni para moverse, ni para incorporarse en la cama y mucho menos para alcanzar la bandeja. Tampoco le daban agua. El cuadro de deshidratación era tan grande que se le partió la lengua. Cuando les describió ese cuadro a su familia, ellos se desesperaron. Llegaron con botellas de agua para que le dieran de beber. Nadie se ocupó. Las botellas quedaron cerradas al lado de la mesa de luz. Lo mismo ocurrió con las bandejas de comida. Que quedaban fuera del alcance de Mario. 

El sufrimiento por el que atravesaba era terrible. Al dolor en su boca por la herida en su lengua se le sumaba la falta de higiene y el maltrato. Medina Cossio podía pasar más de 15 horas con el mismo pañal. Desesperado, apretaba el botón que le daba aviso al área de enfermería para que lo asistan. ¿Qué hicieron los empleados de la clínica? Le sacaron el botón así ya no tenía forma de pedir ayuda. Por las noches, no había enfermeros para atendera a ningún paciente. 

En los primeros días de octubre, y ante la ausencia de atención y la desesperación por la falta de aire, Medina intentó meterse el tubo de la mascarilla de oxígeno. Le había dicho a la familia que el oxígeno no le alcanzaba. Que sentía que se iba a morir. Otro día contó que el tubo había explotado y que nadie había ido a arreglarlo. El 13 de octubre, y ante las promesas incumplidas por los médicos a cargo de Kanashiro, las hijas de Mario entraron a la clínica. Se encontraron con su padre desnutrido, en un estado de abandono total, sucio, deshidratado, con escaras en la parte baja de la espalda y sin poder respirar. Notaron que llevaba semanas sin comer. Y, seguramente, días sin tomar un vaso de agua. Además había sufrido varias caídas por intentar levantarse por la falta de atención. El tubo de oxígeno se había roto y sólo salía aire caliente. En la causa se lee cada detalle de lo que Medina sufrió hasta que murió el 14 de octubre, a pesar de los cuidados de sus hijas. “Perdoname. No aguanto más”, fue lo último que le dijo a su hija.

Mario tenía 67 años. Tenían un taller mecánico. Era un hombre fuerte. Ayudaba a los chicos salir de la calle y como él era una especia de padre lo llamaban “el Viejo”. Era tan querido que lo despidió un caravana de autos que ocupaba más de cuatro cuadras. Lo despidieron con aplausos y lágrimas esos mismos chicos, hoy convertidos en hombres, a los que les enseñó un oficio para que salieran de la calle. A meses de la pérdida de su papá, Fariella le dijo a BigBang: “Nosotros queremos que paguen los responsables de lo que pasó con mi papá. No queremos que ningún viejo más termine en alguna de esas clínicas y que personajes como Kanashiro, que presta su firma como médico y es gente inhumana, paguen lo que tienen que pagar”.

Y relata cómo se enteró de la existencia de otras víctimas en la Clínica: “Al tiempo que yo me contacté con el CELS para buscar asesoramiento, les conté lo que le había pasado a mi papá y ellos me explicaron que se trataba de una violación a los Derechos Humanos y que se trataba de una denuncia penal, más que un tema de mala praxis. Y, por esos mismos días, mi mamá y mi hermana encontraron un página de denunciantes en Facebook con los damnificados de la Clínica Santa Clara. Les preguntamos qué les había pasado, y se repetía lo misma metodología que sufrió mi papá: maltratos, falta de atención médica y de cuidados”.

 

“Por otro lado, de noche no había enfermeros ni médicos de guardia. Y eran los propios pacientes los que se cuidaban entre ellos. No había nadie para cuidar a gente postrada. Cuando lo vi a mi papá, me di cuenta que no había sido alimentado en ningún momento, ni le habían dado agua”, cuenta Fariella. Sobre la denuncia penal, Medina explica: “Luego de contactarme con los familiares de otras víctimas, les conté los del CELS y así pudimos avanzar con la búsqueda de Justicia”. 

Y recuerda que algunos médicos de la clínica querían sacar de ahí a los pacientes por la pésima atención que recibían: “El día anterior a la muerte de mi papá, una de las médicas le quería dar el alta y me mandó a alquilar una mochila de oxígeno. Y se le caían las lágrimas. Lo veía atrás del barbijo y me decía: ‘No sé si me entendés lo que te digo. Te doy el alta y llevatelo de acá. Se lo llevás a un neumonólogo. Pero se te puede morir en el camino´”. Y completa: “Después de ahí me fui a PAMI, llamaron a Kanashiro adelante mío y él contestaba que no iba a dar ningún traslado porque su clínica tenía todas las condiciones y todos los profesionales. Le negaba al PAMI un traslado. Mi papá fue siempre un tipo muy fuerte. Y más allá del COVID, a él lo tiró abajo la falata de comida, la falta de atención. Vivió un castigo absoluto”. 

José

Otra víctima de la Clínica Santa Clara fue José Aromi. Sufría diabetes y el 1° de septiembre de 2020 fue a una consulta con el cirujano vascular Cristian Parra (MN 122701 - MP 229531), quien ya lo atendía por una infección en el segundo dedo del pie izquierdo. En esa cita, luego de encontrar un proceso de necrosis, el doctor resolvió la internación de inmediato para los prequirúrgicos antes de someterlo a la amputación del dedo. El 10 de diciembre fue operado. Al otro día recibió el alta médica con un tratamiento a seguir.

A pesar de cumplir a rajatabla, Aromi sufrió grandes dolores en el área donde le habían amputado el dedo. En la causa se lee:  “El día 25 de septiembre José se presentó con su familia en la guardia de la Clínica Santa Clara de Florencio Varela, ya que persistían los fuertes dolores en su pie izquierdo. Allí fue atendido por el Dr. Jhovany Quispe MN 164022, quien al tomar vista de la epicrisis, afirmó que la medicación indicada para el tratamiento ambulatorio no resultaba la adecuada para el post-operatorio, y que por dicha razón el paciente estaba regresando a un proceso infeccioso”.

 


Tres días después, volvieron a la clínica. José tenía fuertes dolores en el pie y malestar digestivo. Los médicos se negaban a internarlo. Su familia insistió. Al otro día, fue aceptado. Estuvo en observación por 24 horas. Como en cada consulta médica, le cambiaron la medicación y fue dado de alta. Al otro día fue atendido por Parra en consultorios externos quien le volvió a cambiar la medicación. A esa altura, los dolores en el pie de Aromi eran insoportables y su salud estaba completamente deteriorada. 

El 1° de octubre, después de otra consulta donde le volvieron a cambiar la medicación, la familia de José se encontró con Kanashiro, al que le contaron todo lo que había sufrido el paciente. El director de la clínica y actual precandidato a concejal les dijo que dejaran asentado todo el “libro de quejas” del nosocomio. Varios días después, ante otro consulta médica, Kanshiro respondió lo mismo.

Para entonces, una infección había alcanzado a todo el pie de José. Fue internado. Tras varios estudios, Parra, el mismo médico que le había dicho que estaba bien pocos días antes, le informó a la familia que todas las arterias de la pierna estaban obstruidas y que iban a amputarle la pierna. En la misma charla, según se lee en la denuncia, Parra “reconoció que la Cefalexina no era un antibiótico efectivo y adecuado para un post-operatorio de esa magnitud”.

Lo operaron el 8 de octubre. El 9, el cuadro de José empeoró. El 12 fue trasladado a Terapia Intensiva. Al otro día, la familia del hombre pidió un traslado a Sanatorio del Oeste, en Merlo. Ahí realizaron una correcta atención del paciente. El cuadro era gravísimo. Tras un hisopado, Aromi dio positivo de coronavirus. Se había infectado en la Clínica Santa Clara de Florencio Varela. El 20 de octubre, a las 5 de la mañana, José murió por un paro, una falla multiorgánica y COVID-19 según la ficha de defunción. Su familia comenzó a buscar justicia.

A poco de cumplirse un año de su fallecimiento, BigBang charló con Adriana y José, dos de los tres hijos de José. “Kanashiro no tiene cara para postularse y decir las cosas que dice. Y mucho más con la cantidad de causas que tiene porque esto viene desde hace mucho tiempo. Lo que pasa es que ahora nos organizamos por medio del CELS y como fuimos tantos casos, tomó entidad jurídica y nos prestan más atención”, comienza Adriana.

“Los denunciantes no somos seis familias nada más. Hay una clínica en Zárate donde hay más de 400 familias damnificadas. Ellos están organizados en Facebook y publican todas sus denuncias. A eso se suman los casos de Florencio Varela y los de Quilmes”, continúa Aromi. En tanto, sobre la candidatura de Kanashiro, dice: “Cuando nos enteramos que iba a ser precandidato, sentimos mucha impotencia. Nosotros queremos buscar Justicia y que no le pase a ninguna a otra persona. A mí papá no lo voy a recuperar. Pero si estamos haciendo todo esto, es para que otras familias se enteren, se animen y que no están solos”.

Por otro lado, asegura: “Nosotros también tenemos miedo porque no sabemos que hay detrás de Kanashiro o del Grupo BASA, o de quien los avala. Todos saben lo que pasaba y sin embargo es candidato a concejal. Nosotros hicimos denuncias a PAMI y lo único que hizo PAMI fue decirle a Kanashiro lo que nosotros habíamos hecho”. Y recuerda: “Un día que hicimos un marcha donde eramos todas mujeres, llamaron a la Policía y donde trataban a las mujeres de ‘guerrilleras´. Una de esas mujeres era mi sobrina que lloraba y gritaba por mi papá. Sentimos impotencia y bronca. Ahí adentro nos boludearon desde los enfermeros, el jefe de enfermeros y la gente de terapia hasta los médicos y los médicos de guardia”. 

En tanto, José relata: “Nosotros a Kanashiro lo fuimos a ver varias veces por la falta de atención. A mi papá no le daban de comer, ni le dan agua. Por eso, varias noches me quedé a cuidarlo y vi a varios pacientes morir al lado de mi viejo, he visto a otro que estuvo un día entero sin atención porque había un solo enfermero para todo el piso. Era inhumano. Un abandono total. Y las familias no podían entrar a las clínicas a cuidarlos por los protocolos de la pandemia”. 

 

Y completa sobre el traslado de su padre a otro clínica de Merlo: “Además mi papá estuvo internado con personas que tenía COVID y no lo sabíamos. En tres oportunidades estuvo expuesto al virus y en la clínica nos mentían. De hecho, cuando lo trasladamos a otra clínica, ya estaba grave por el COVID. Y desde la clínica de Florencio Varela se negaban a entregar la historia clínica”. 

Y finalizan: “Nosotros que esto salga a la luz. Queremos que Kanashiro termine preso. Es lo que corresponde porque era el director de la clínica en ese momento y era el responsable. Y aquellos responsables de PAMI también sean castigados por la Justicia porque no cumplieron con sus tareas. En esa clínica se hace todo mal. Hacían pasar a pacientes que ingresaban sin COVID como que tenían coronavirus. Los ex empleados contaron que a la gente que estaba moribunda en terapia, la sacaban de ahí, la llevaban a un cuarto para que termine de morir. Es todo una locura total”.  


Manuel

El 19 de diciembre de 2019, Manuel Souto murió en la clínica Santa Clara. Tenía 81 años. Y su caso demuestra que antes de la pandemia, la falta de atención y los errores médicos era una constante de la institución. Por eso, la familia Souto es la única cuyo familiar murió en la previa de la llegada de coronavirus a Argentina. En el expediente figura que el hombre “fue derivado por PAMI a la Clínica por su prestadora de salud el día 30 de  octubre del año 2019 por una infección en la pierna izquierda, producto de una inyección de dipirona recibida en su domicilio. Desde el momento que ingresó a la Clínica Santa Clara, a las  19:56 horas de ese día, no recibió la asistencia médica necesaria, ni su tratamiento habitual para la diabetes, la próstata y el colesterol”.

Y continúa: “Manuel quedó internado en la institución durante el plazo de 10 días, período durante el cual no se le suministró la alimentación correspondiente, ni se le efectuó la atención en  higiene y aseo pertinente, quedando en situación de abandono pesar a de los reclamos insistentes que los familiares realizaron ante el personal médico y administrativo de la Clínica”. También queda en claro que en lugar de un tratamiento, el médico a cargo (l Dr. David Sánchez MP 227938) ordenó la aplicación de “paños fríos” en un área infectada y que días después, el 9 de noviembre, ordenó la externación. 

 

El 17 de diciembre, Souto debió ser internado nuevamente luego de la presión de sus familiares. Tenía una infección grave en la pierna, y le habían sido diagnosticadas anemia y una infección urinarias varios días antes. Tras una transfusión de sangre, Verónica, la hija de Manuel, se presentó en la oficina de Kanashiro con el objetivo de que él mismo revisara las condiciones en las que se encontraba en ese momento. Según reza la denuncia: “De ese modo, el Dr. Kanashiro se dirigió a la habitación del paciente y al ver el estado de la herida en su pierna, solicitó con preocupación la intervención de urgencia del infectólogo, y el traumatólogo y cirujano -Rodolfo Petenello MN 122868, MP 228971- al tiempo que ordenó se le realicen los estudios de laboratorio y placas. Luego ingresó al quirófano,  y le realizaron la cirugía en la pierna”.

 

Ya era demasiado tarde. Manuel había sufrido los errores en el tratamiento. El 18 de diciembre, al ser sometido a una nueva cirugía, sufrió un paro cardiorrespiratorio en el quirófano luego de recibir la anestesia general. Al otro día, cerca de las seis de la mañana, tuvo otro paro cardiorrespiratorio y no sobrevivió. Desde entonces, su familia busca Justicia. Al igual que el resto de los familiares de las personas que murieron en la Clínica Santa Clara de Florencio Varela. 

La hija de Souto, Verónica también habló con BigBang: “Yo pedí ayuda un montón de veces y nadie me ayudó. Cuando mi papá estaba internado en la clínica, Kanashiro estaba arreglando su camino en la política para ser intendente pero no le alcanzaron los votos. Nosotros estamos enfrentando a una mafia y nadie fuera de lo que era Florencio Varela nos escucha”. Y continúa: “Este tipo tiene impunidad total. Y estos sinvergüenzas del PRO le aprobaron que Kanashiro se presente en una lista teniendo causas. Y además de eso, PAMI también es culpable de todo porque ellos son los que derivaron a los pacientes y los que tienen que ver qué hacen tanto el director de una clínica como sus médicos”. 

 

“En el resumen de la clínica, mi papá estuvo medicado dos días después de muerto. Es una impunidad absoluta. El día de su muerte, Kanashiro no sabía que mi papá estaba internado en la clínica. Lo llevé a la habitación y se volvió loco. Derivó a algunos médicos a la habitación porque se habían equivocado de medicación. Le habían dado algo para una infección urinaria y tenía una infección en la pierna. Si yo no hacía lío, no hacían nada”, relató Verónica. Y sigue: “A mi papá me lo mataron hace dos años. Y es indignante. El tipo hizo un acto de campaña en Varela como si fuera un gran héroe”.

Por otra parte, Souto asegura: “Hay muchísimas más víctimas. Pero la gente tiene miedo. Son una mafia y muchos tienen miedo. Le escribí al intendente y a los medios, pero nadie me da bolilla. Y se sabía de varios casos de muertes por mala atención. No voy a decir que todos los médicos son malos. De hecho, muchos de ellos estaba en contra de la dirección de la clínica y de los médicos que Kanashiro llevaba. La mayoría no tenían sus títulos legalizados en Argentina. Eran extranjeros que firmaban a través de otros”.

“A mi papá lo atendieron en medio de la mugre. Los empleados de seguridad contaban que habían tomado vino de noche en la clínica. Y nadie intervino la clínica. Más allá de que hice denuncias en PAMI y todo. Nadie hizo nada. Es la única clínica que los abuelos de Varela tienen en el partido”. En tanto, los familiares también sufrieron amenazas: “Una personas de seguridad de la clínica me dijo que borre las fotos que tenía la información de mi teléfono y que me resguardara porque me podía pasar algo”. 

Y finaliza: “El último beso me lo dio mi papá antes de entrar al quirófano. Me dijo: ‘Hola hermosa, viniste a verme”. Y me llenó de besos. Y por negligencia del cirujano, le dieron anestesia general cuando le tenían que dar anestesia local. Y el corazón de mi papá no lo resistió. ¿Cómo pueden pasar esas cosas? Y encima después el cirujano me maltrató a mí como que no había hecho nada. Pero nadie me ayudó cuando lo llevé por su problema en la pierna. Fue pelear contra una mafia que para ellos las personas son números. Y no puede seguir pasando esto. Mi papá laburó toda la vida. Y lo perdimos por culpa de ellos”. 
 

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