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Hipnoparto, el método inglés que buscar eliminar el miedo y el dolor a la hora de parir

Andrea Halvorsen es argentina y vive en Londres. Después de tener a su tercera hija con el método de hypnobirthing, su concepción del parto cambió tanto que hoy se dedica a enseñar esta revolucionaria técnica.

El día que se enteró que estaba embarazada de Miranda, su tercera hija, Andrea Halvorsen comenzó a llorar. No de emoción: estaba traumada por tener que volver a atravesar la situación de un parto. Ese miedo la hizo investigar las distintas técnicas para dar a luz con un solo objetivo: buscar la manera de no sufrir. “Pasé por todos los estadíos: de querer tener una cesárea programada completamente anestesiada a un parto orgásmico”, le cuenta a BigBang.

Entonces, ocurrió el milagro. Una amiga le prestó un libro de Catherine Graves y la lectura le cambió la vida. Dejó sus hábitos (era técnica de laboratorio de análisis clínicos, recibida en la UBA), y se transformó en hipnoterapista. “Lo que leí me pareció muy coherente con mi formación científica y cobró tanto sentido que me anoté en un curso que daba esta señora”. Esa señora resultó ser una “viejita hermosa”, su futura maestra y creadora hace 20 años del método conocido en Inglaterra como hypnobirthing.

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El hipnoparto

Se fundó en el Reino Unido de la mano de su pionera, Catherine Graves, con quien Andrea hizo el curso para poder enseñar el método. “Hoy la empezaron a usar mucho las famosas y hasta la realeza. Todas las mujeres de la nobleza, la nueva generación, tienen sus hijos con hipnoparto”, cuenta la argentina. “También Angelina Jolie, Jessica Alba y un montón de famosas que ya dieron su visto bueno”, agrega.

-¿Hace cuánto te fuiste y cómo llegaste a Inglaterra?

-Vivo en Londres hace 13 años. Llegué a Inglaterra porque conocí a un inglés en Buenos Aires que hoy es mi marido. Nos enamoramos en la pandemia anterior al Covid, la de la gripe aviar. Yo había ido a buscar unos papeles a la Facultad de Medicina con unas amigas, y el lugar estaba cerrado. Sam estaba en Argentina hace muy poquito, y trabajaba en la extensión de idiomas de la UBA, que quedaba ahí cerca de Medicina. Y le pasó lo mismo: llegó a trabajar y por la pandemia el instituto estaba cerrado. Entonces los dos coincidimos en Atelier, un bar en la esquina de Marcelo T. 

Cuando entró vimos aparecer a un chico alto medio gringo que nos dice: "Chicas, me cuidan la mochila que voy al baño". Ahí nos dimos cuenta que no era de acá. Y fue. Dejó
todas sus cosas a nuestro cuidado y cuando volvió empezamos a hablar. Conclusión, intercambiamos "Messenger". Él hablaba medio raro, una mezcla de inglés, español y portugués, porque había vivido un tiempo en Brasil. Pero me cayó muy simpático. Entonces me dijo que quería conocer la ciudad, y yo que quería aprender inglés y bueno, así empezaron los encuentros.

-Y tuvieron hijos...

-Dos hijas que nacieron en Londres. Yo ya tenía a Antonella que había nacido en Buenos Aires. Así que soy mamá de tres nenas. La última de mis hijas, Miranda, es la razón por la que yo enseño el hipnoparto. Fue el parto que utilicé este método, después de dos experiencias bastante traumáticas. Tuve una experiencia tan increíble que me hizo pensar en cambiar de carrera para ayudar a más mujeres para que tengan un parto que las empodere y las haga sentir bien.

-¿Por qué creés que fue tan revolucionario tu tercer parto?

-Porque tomé totalmente el control de mi parto. Cuando en mis dos partos anteriores sentí todo lo contrario. Con Antonella sentí que me la entregaron como a una pizza. Me hicieron absolutamente todo menos una cesárea, fue como un delivery express. Me indujeron sin hacerme ninguna pregunta y me hicieron todas las maniobras posibles, incluso la de Kristeller, que es una enfermera saltando con el codo empujándote el estómago. Es peligrosísima para la mamá y para el bebé, y no se debería usar más pero se sigue usando. Así que sentí que me robaron el parto.

Con la segunda, ya en Londres, el parto fue un poquito más respetado pero como en mi caso, siempre te podés cruzar con una partera que no sea tan buena. Me acuerdo que me acostó en una cama y me dijo que no me moviera de ahí. "Yo me quiero mover", le dije. Me contestó que no porque sino los monitores no podían leer los latidos del bebé. Como yo no estaba informada, le hice caso. 

-¿Eso pasa muy seguido?

-El problema es que la mayoría de las mujeres no sabe, cómo yo no sabía esa vez. Si hubiera tenido la información que tengo ahora le contesto que no: "Disculpame pero yo me voy a mover". Yo quería caminar, bañarme. En el hospital no estás presa. La partera puede tener una idea pero el cuerpo es tuyo, y vos podés elegir. 

-¿Qué hiciste después de leer el libro que te prestó tu amiga?

-Me anoté en un curso y fuimos juntos con Sam. Como siempre, las mujeres tenemos que arrastrar a los hombres a los cursos de preparto. Ahora él es un ferviente seguidor del hipnoparto, se lo recomienda a todo el mundo. Siempre dice: "Tuvimos un parto genial". Él no fue el que parió, pero bueno, colaboró mucho la verdad. 

-¿Qué rol cumple el hombre en el hipnoparto?

-El hipnoparto, precisamente, le da mucho protagonismo a la persona que acompañe a la mujer gestante. No es alguien inútil que no sabe qué hacer, sino que se le dan un montón de herramientas al acompañante para que sea útil, para que se sienta parte del proceso y no un estorbo.

-¿Qué hace el hipnoparto?

-Básicamente es un método que cuenta con muchas herramientas para erradica el miedo al parto. Esa es la base del Hipnoparto. Todos tenemos ese miedo, no importa el género, porque cuando trabajo con parejas, a veces el hombre tiene más miedo que la mujer. Es algo que lo hemos mamado desde chiquitos. Todo lo que escuchamos, todo lo que vemos, las películas, las historias que nos contaron, todo tiene una connotación negativa respecto al parto. Que duele, que es riesgoso, que es algo necesario para convertirte en padre o madre pero que nunca lo vas a disfrutar.

Eso es lo que enseñamos en hipnoparto: a eliminar lo que hemos creado sobre la idea del parto que no es cierto. 

-¿Ese miedo es propio de nuestra cultura?

Es así. Somos el único mamífero que le tiene miedo al parto. Una de las cosas que a mí me cambió la cabeza fue cuando empecé a mirar partos de animales. Si ves a un mono pariendo lo vas a ver súper natural. No sufre, no grita, no se desespera. Nosotros lo complicamos todo por nuestro cerebro pensante, que es el que nos juega en contra en los procesos naturales. El parto es un proceso natural, como ir al baño, que lata el corazón, la digestión. Son procesos del cuerpo, no podemos hacer nada para ayudar a que sucedan, son procesos que suceden. 

-¿Qué recursos aporta el método para eliminar ese miedo?

-Utilizamos los guiones de hipnoparto, que son unas pistas, algunas pregrabadas y otras para practicar en pareja, que siempre se recomienda escucharlas antes de ir a dormir. Porque durante las siete u ocho horas que dormimos, nuestro cerebro procesa toda la información del día. Entonces, si con lo último que nos vamos a la cama son con los guiones, que están hechos de pensamientos positivos respecto al parto, eso se va a ir procesando durante toda la noche y se va a ir metiendo en el inconsciente donde tenemos toda la negatividad. 

-¿O sea que la negatividad está en nuestro inconsciente?

-Correcto. Se habla del modelo del iceberg, donde toda la negatividad se encuentra incrustada en el inconsciente, y eso es lo que en la superficie se refleja como el miedo al parto. Hasta en el lenguaje, cuando decimos que tal o cual situación fue un parto. Tenemos notas desde chiquitos que dan por hecho que es un momento de dolor. Todas esas pequeñas notas de información que absorbemos en la vida se van quedando quietas en el inconsciente sin que nos demos cuenta. Todo ese miedo reflota cuando te embarazás o cuando pensás en tener un hijo. Y ahí es cuando decís: “¿y ahora qué hago?”.

-¿Cómo son esos guiones?

-Son guiones de auto hipnosis, ahí es donde ingresa la parte hipnótica del método. Después tiene que ver con información de cómo funciona tu cuerpo, las hormonas, y cómo utilizarlo a tu favor. 

Con respecto a los guiones en cuestión, lo que hacen es que con el uso de palabras simplemente logremos cambiar un hábito negativo por uno positivo. Se usa mucho también para dejar de fumar o para perder peso, no es algo nuevo. Transformamos el concepto de dolor en algo placentero. 

-¿Vendrían a ser como mantras?

-Eso son las afirmaciones positivas, que también las usamos. Pero tienen que ser pensadas por cada uno, porque como no somos todos iguales, tenemos miedos distintos, y hay que encontrar los nuestros. Una vez que encuentres tu miedo, armás tu mantra. ¿Qué mejor momento para encontrarte con vos mismo que cuando estás embarazada? Porque vale la aclaración, después tu vida va a cambiar para siempre. Por eso, saber lo que querés es importante, y también sirve para el post parto también, para la vida.

-¿Cómo es la sensación de que tus pacientes tengan un parto soñado?

-A mí me hace sentir plena. Cada vez que una mamá vuelve a mí y me dice “Andrea, tuve un parto increíble o sin dolor”, me llena de alegría. Esto lo hago con muchísimo amor porque sé que le puedo cambiar la historia a una mujer. 

-¿Cómo se vincula esta técnica al parto respetado?

-Siempre digo que mi lucha con respecto al parto respetado es que no debería existir. Todos los partos deberían ser respetados por naturaleza. Pero lo tenemos que llamar parto respetado porque no es la norma, aunque debería serlo. Por eso, mi lucha es para que el parto respetado no exista, para que el parto sea parto, y que lo anormal sea cuando no es respetado. Lamentablemente, hoy día lo normal es tener un parto no respetado. 

-¿Qué entendés por parto respetado?

-El parto respetado es un parto donde se respeta a la familia, con el bebé, la mamá, el papá o la pareja que esté acompañando, y que todas sus decisiones, cualquiera que sea, porque  el parto respetado es el que mejor sea para vos. Si vos decidiste que querés tener una cesárea programada, genial, si elegiste tener una inducción, bárbaro, pero lo importante es que la mujer elija lo que quiere que pase en su parto. Y para eso, necesita estar informada. Muchas veces elegimos desde el miedo, desde la desinformación, y nos encontramos abrumadas con un montón de cosas que nos van pasando durante el trabajo de parto, que mucho de lo que pasa en esa secuencia no lo elegimos, sino que se nos impone. 

-¿Sirven los planes de parto?

-Si, sirven, pero no podemos poner nuestra cabeza fija en un solo plan de parto, porque el parto es impredecible. No se puede anticipar cómo va a ser el parto, es imposible. Pero lo que sí podemos es controlar algunas cosas. Por ejemplo, el medio externo. Esto es dónde queremos parir, con quién queremos estar, cómo queremos que sea el ambiente, elegir luces diferentes, sonidos, colores. Podemos elegir armar un ambiente más propicio y más agradable donde sea que estemos. O en casa o en el hospital rodeados de maquinarias. 

Bajás las luces, tirás un perfume que te gusta, ponés música que te haga sentir bien y eso ya cambia un montón. También podés llevar esas pelotas de yoga, yo también siempre recomiendo llevar tu almohada. La misma con la que dormiste la noche anterior. Tiene tu olor, te da confort, seguridad. Somos mamíferos y actuamos mucho por el olfato aunque no nos demos cuenta. Esa almohada tiene tu olor, te hace sentir en casa.

-¿Cómo se pueden anotar las mujeres en tus cursos? ¿Puede ser virtual, dado que vivís en Inglaterra?

-Claro. Para todo el mundo lo hago virtual, y en Londres lo enseño en persona. Lo mejor que pueden hacer es encontrarme en mi página web o en mi Instagram. Es positivemama.org o @positive.mama_hipno.parto.

-¿Estás dando un curso ad honorem durante tus vacaciones? ¿Cómo surgió la idea?

-Lo voy a hacer en la maternidad Estela de Carlotto de Moreno, que es una de las pocas maternidades públicas que se dedica cien por ciento al parto respetado. Yo antes de venir para Buenos Aires estuve haciendo un montón de investigación y di con este lugar. Después, de casualidad, me encontré con Estela de Carlotto en Londres y ella me contó un poco más de la maternidad, que era increíble la labor que están haciendo y que con tan poco están ayudando a un montón de mujeres. Así que antes de llegar les pedí una entrevista, fui a hablar con ellos y quedaron encantados con el tema. Quedamos en que la semana que viene voy a dar un curso de preparación para las profesionales y también voy a participar en una de las clases de pre parto para las mamás.

-Lo último pero más importante. Contamos cómo fue el parto de Miranda

-Ese parto fue el hecho revelador que me llevó a involucrarme con el hipnoparto, primero como paciente y después como docente. Tenía tanto miedo que empecé a prepararme desde temprano, y sentí que ya estaba lista para parir desde la semana 28. Pero a Miranda se le ocurrió venir recién a la semana 41 y con cinco días. Imaginate el tiempo que tuve para practicar. 

El parto duró una hora y cuarto. Allá lo llaman “parto estrepitoso”, y aunque muchos quieren tener algo parecido no es lo recomendable. Pasan tantas cosas en tu cuerpo en ese periodo tan corto de tiempo que es muy difícil de manejar. 

Llegué al hospital con 20 minutos de tiempo. Rompí bolsa a las 19.15 y a las 19.30 empecé con contracciones súper fuertes. Entonces le dije a Sam que teníamos que volar al hospital. En el medio del trayecto me puse a llorar, porque sentía que Miranda estaba saliendo.  Como él también estaba preparado, me empezó a hacer una de las técnicas que había aprendido. Me fue acariciando la mano y me decía “vamos a llegar al hospital, vamos a estar bien, y sino freno acá y llamo a la ambulancia. No hay ningún problema”. Cuestión que me calmé, volví a hacer mis respiraciones y llegué a la clínica tan tranquila que nadie me creyó que estuviera en trabajo de parto. 

Sam se encargó de todo. Me quisieron recostar sobre una camilla pero yo avisé que ya estaba por venir. Ni bien llegó la partera, lo único que tuvo que hacer fue sacarme los pantalones. Me arrodillé en la cama, y lo que hacemos en hipnoparto no es pujar, porque tu cuerpo lo hace por vos, sino respirar. Hice mi respiración para sacar al bebé y listo. Tuve un parto rapidísimo, no me desgarré. Me sentí tan conectada con mi interior, que para mí memoria Miranda cayó en la cama y nadie la agarró. Sam siempre me dice que la partera la agarró, pero yo me sentía tan conectada con ese momento que para mí estaba sola con Miranda.

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