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"Hoy hay gente que tiene una casa, pero no para comer": la crisis que se ve en las ollas populares

El comedor social "El Gomero de Barrancas" funciona hace 20 años en Barrancas de Belgrano. Cómo ayuda a los que menos tienen.

"El Gomero de Barrancas" es un conocido comedor ubicado hace 20 años en Barrancas de Belgrano. Su historia es conmovedora por donde se la mire. Surgió justamente durante la crisis que atravesó el país en el 2001, de la mano de Carlos Durañona y otros fundadores. En su peor momento, sin trabajo y con la incertidumbre a flor de piel, Carlos decidió que quería hacer algo por el otro y así lo mantiene desde entonces hasta el día de hoy, donde sigue ayudando.

Si bien su principal idea es darle un plato de comida a quienes no lo tienen, Carlos asegura en dialogo con BigBang que, en realidad, la tarea es mucho más compleja y está compuesta por múltiples factores que generan una amplia serie de demandas. Desde incentivar a los chicos para que vayan a una escuela y ayudar a las personas a que tramiten su DNI,  hasta trabajar en profundidad para que salgan de las drogas. Esas son algunas de las tantas cosas que realizan a diario junto a su esposa en una realidad que es cada vez más dura.

Ante la falta de posibilidades que tienen muchos y la desesperación por quedar en la calle, o porque directamente ya viven en ella, es cada vez más complicada la situación, sobre todo porque el contexto económico no parecería mejorar pronto. Sobre la ayuda, la contención  social y la asistencia es que dialogamos con Durañona.

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-¿A cuantas personas están asistiendo hoy en día?

-Hace 20 años empezamos y siempre ha sido irregular, nunca tuvimos la posibilidad de saber cuántas personas exactamente vienen. Hacemos un promedio, porque generalmente hacemos comida de más. Mayoritariamente es gente que está en situación de calle, y por ahí un día va a otro lado o pasa cerca otro grupo y se queda ahí. Podemos hablar de un promedio de 80 personas cada día y que están en situación de calle, pero se están sumando ahora personas que venían antes de la pandemia. Algunos días pasan los 100, y otro día hay 60, no tiene lógica en ese aspecto el comedor.

-¿De donde viene la gente que va al comedor?

- Nuestra población está integrada por gente que viene del Gran Buenos Aires, de lugares como José C. Paz, Tigre, Escobar, Garín, Pilar, la Villa 31, todo lo que el tren llevaba a Retiro. Algunos también son del barrio y de hecho en el último tiempo uno se sumó como voluntario. Él antes venía a comer y le pregunté por qué ahora ya no comía y me dijo que no tenia hambre, y le dije que comiera primero y después ayudara. Él es uno de los que pasó al otro lado del comedor, al poco tiempo incluso consiguió trabajo.

Yo he ido a las casas de muchos por distintas razones, y cuando uno habla de José C Paz, no es frente de la estación, sino que tienen que ir caminando y recién ahí tomarse el tren, es un esfuerzo de horas pero porque hay otro interés atrás, que es el de encontrar cierta contención, nuestra gente carece de personas que los entiendan. Están en la desolación, en el abandono y no saben para donde disparar, porque luchan con problemas de salud, de vivienda, de la droga y más. Detrás de la pobreza uno imagina el hambre, pero es solo una manifestación del problema, hay un cúmulo de cosas. Ellos no se sienten con derecho a las cosas y cuando te limitas a eso, colabora a que los atropellen.

 

-¿Qué días funciona el comedor?

-Prácticamente hoy estamos todos los días, y el comedor está atendido por distintos grupos que están bajo nuestra coordinación. Hasta la pandemia había cinco grupos que atendían, todos voluntarios, pero algunos tienen alguna connotación religiosa y ellos por ejemplo van con una finalidad concreta. En cambio, en nuestro grupo tenemos un acuerdo que respetamos desde que empezamos y es que cada uno tiene derecho a tener la ideología que quiera. El jefe nuestro no es una jerarquía, es la persona que necesita algo.

Generalmente a la noche estamos siempre y la temporada esta de frío mueve más el sentimiento de angustia de saber que esas personas van a dormir en algún recoveco inseguro. Los que están en la calle sobran en todos lados. Debajo de mi casa hay una persona que vive y que se instaló hace un mes y nosotros lo ayudamos, pero sé que en el barrio molesta que esté esa persona porque es desagradable, yo les digo a todos que es más desagradable lo que él vive, ¿qué me molesta a mí si yo duermo en mi cama?

 

-¿Qué te cuenta la gente que va? ¿Cómo están viviendo este momento tan critico?

- En general viene gente en situación de calle, pero hoy está pasando que hay gente que tiene casa, pero no tiene para comer. La realidad es que hay toda una generación metida de chicos que vi nacer y gatear ahí y hoy son padres de familia, porque la paternidad y maternidad es precoz, y por eso luchamos para que estudien. Hoy hay 300 chicos escolarizados, y tenemos algunos universitarios, que no son números extraordinarios, pero actuamos sin ayuda y con la ausencia del Estado.

-¿Al comedor va mucha gente que vive en situación de calle en CABA? ¿Cuál es la situación que atraviesan hoy?

-Hay autos que aparecen a la noche a veces sin identificación, vienen a ejercer en segundos una limpieza total, les sacan todo. Nosotros les conseguimos colchones, frazadas y viene una redada y les saca todo. Hay zonas donde hay mucha gente, como por ejemplo en las calles de San Telmo o la Catedral, que se llena de gente que va a dormir ahí para protegerse de la lluvia. De golpe aparece una brigada, les arrojan todas las pertenencias porque ensucian. A nosotros nos pasó que murió una persona que comía en nuestro comedor, un policía lo detuvo, le puso una rodilla en el cuello, que es una técnica que usan para retenerlo, y se murió ahí.

-Hay una frase que lamentablemente se escucha mucho y se repite, la cual dice que la gente que está en situación de calle no va a los hogares porque no quiere bañarse ni que les den órdenes. ¿Hay algo de cierto en esto?

-Es cierto que hay muchos lugares que tienen un destrato con la gente, y no por nada ellos prefieren estar en la calle. A veces hay gente de la calle que ha estado presa y eso sucede porque es mucho mas fácil meterlo en la cárcel que a otro que tiene plata.

Hay gente que ha experimentado de ir a los hogares, pero la realidad es que tenés que hacer cola a las 7 de la tarde para entrar, tenés que estar sobrio y no estar drogado, y a las 7 de la mañana te levantan y te tenés que ir haga 4 grados bajo cero o llueva y durante el día repiten la misma historia. El trato ahí es carcelario, supongo que debe ser cansador trabajar con ellos, porque es gente que no se conoce, que no tiene confianza, está el que le roba a otro, se pelean, pero creo que eso es porque no han probado de tratarlos con amor

Hay lugares que si funcionan bien, por ejemplo uno se llama centro de inclusión social en Monteagudo, y está a cargo una persona que vivió en situación de calle, y tiene un cuidado especial. Les trata de conseguir trabajo, tienen grupo de contención, y es otro estilo porque los que pasaron por ahí se sintieron reconocidos y personas.

-¿Cómo hacen económicamente para ayudar a tantos?

-Al principio fue durísimo empezar, porque no teníamos experiencia, y era poner una mesa al lado de la estación de Belgrano los sábados a la mañana, podíamos ofrecer un gesto pero no pretendiendo resolver nada. Empezamos con la emergencia del 2001 y fue una forma de no sentirnos cómplices de lo que estaba pasando. Empezamos a pedir en los negocios, a la gente, nos poníamos los sábados con una lista y parábamos a la gente y le pedíamos cosas y les decíamos que lo pusieran adentro de una olla simbólica que teníamos.

Después me integré a una red social, y creo que les di mucha lástima en el estado que estaba yo frente al poderío que tenían y eso me ayudó, y empezamos a darle vida, a conseguir voluntarios, hasta que apareció la TV, que en parte nos hizo bien porque nos llegó mucha mas ayuda y hasta movilizó a los medios extranjeros. Las cosas hoy casi se consiguen solas, hemos trabajado mucho para despertar mucho interés y que nos ayuden, hoy estoy yendo menos al comedor porque tengo un problema respiratorio, así que cocino en casa y la vienen a buscar. 

-¿Cómo vivieron la pandemia?

-Nos pasó que la gente que venia antes de la pandemia dejó de hacerlo, entonces nosotros empezamos a juntar alimentos, cosa que seguimos haciendo, y se los llevábamos formando distintos grupos, en distintos puntos, y ellos sabían qué día había grupo de encuentro. Esa es la forma en la que hemos administrado la crisis.

Hemos marcado mucho el combate de las prevenciones respecto al Covid-19, porque las personas de la calle no pueden cumplir las premisas de la pandemia. Ya no podíamos quedarnos con ellos tres o cuatro horas charlando, el miedo lo teníamos todos, ellos estaban jugadísimos, no se podían lavar las manos ni tenían para barbijos, se decía que nos quedáramos todos en casa y ellos no tienen. Tuvimos dos voluntarios que murieron que se contagiaron, y de la gente de la calle logramos que se colocaran al menos dos vacunas. La realidad es que no iban solos, porque hoy estaban acá y mañana en otro lado, así que logramos que vinieran a vacunarlos al comedor. Ahora están empezando a volver que el virus empezó a bajar.

La mística de este comedor tiene que ver con árbol de caucho que lo rodea. De allí surge el nombre "El Gomero de Barrancas", donde desde hace 20 años se utilizan sillas y mesas para que los que nada tienen, puedan sentarse a comer. "Las ramas del árbol te abrazan, tiene como 150 años, y ahí lo usamos como comedor. Ya pedí que tiren mis cenizas allí, como lo hicieron dos compañeras que fallecieron", cerró Carlos.

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