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"Tiene gusto a m..." : la historia de la Coca Cola cubana que el Che Guevara calificó de fracaso

En 1959, la empresa estadounidense dejó la isla y Cuba intentó copiar la fórmula. Spoiler alert: fue un desastre.

Cuando la revolución llegó a Cuba de la mano de Fidel Castro en 1959, Coca Cola abandonó la isla. No había lugar para el movimiento de izquierda y, tal vez, el máximo símbolo del capitalismo. Mientras los trabajadores tomaron la planta embotelladora de La Habana, los empresarios huyeron a Miami con los bolsillos llenos de dinero. 

 

En los años en los que Fulgencio Batista era presidente de Cuba, la bebida más famosa del planeta era una de las preferidas. A pesar de que solo 900 mil cubanos de los seis millones la podían comprar, es decir el 20% de la población. Lo cierto es que la gaseosa había llegado a principios de los 50 y fue tal el éxito que se construyó una enorme fábrica. Por aquellos años se creó el famoso Cuba libre (ron y coca), que con el tiempo se transformó en el trago predilecto de los detractores de la Revolución. 

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En la planta de Coca Cola, los trabajadores comenzaron a realizar un breve análisis de la situación. Contaban con las máquinas, con un montón de botellas y con la mano de obra. Falta algo fundamental: el ingrediente para crear la famosa gaseosa. ¿Qué hacer? Mientras un grupo puso manos a la obra para abastecer al mercado, otro inició un breve investigación para descubrir la famosa fórmula.

Si un grupo de revolucionarios había podido lograr la Revolución, creían que encontrar la receta de la Coca Cola era pan comida. Nadie sabe si era desinformación, exceso de confianza o locura, lo cierto es que la fórmula completa de aquel líquido que había descubierto de casualidad John Pemberton en 1886 mientras intentaba crear un jarabe para curar la resaca se mantuvo en secreto durante más de un siglo. 

 

A eso lo siguió un crecimiento imparable de la marca que se transformó en un símbolo y que Osvaldo Soriano investigó minuciosamente y  relató de manera magistral en una nota para la Revista Crisis en 1985 y que, luego, fue publicada en su libro Rebeldes, soñadores y fugitivos. 

La esperanza de fabricar Coca Cola en Cuba duró varios años. La misión era supervisada por el mismísimo Ernesto “Che” Guevara, el ministro de Industria de Cuba. De hecho, su razonamiento le hizo ahorrar una fortuna al gobierno por esos meses. 

 

Es que los más fanáticos estaban dispuestos a destruir todo lo que estuviera relacionado al capitalismo, a Batista y a Estados Unidos, y veían en la clásica y marketinera botella de la Coca (creada en 1920 hasta para ser reconocida con los ojos cerrados) al mismísimo demonio y estaban listos para destruirlas. 

 

Pero el Che les demostró con cálculos que las fábricas de vidrio de Cuba tardarían años en reponer el millón de botellas existentes. Con las botellas originales, se inició el proceso de fabricación. Prueba. Error. Error. Error. Y más errores. Era un verdadero desastre. 

Para colmo contaban con un catador de lujo: el Che Guevara. La primera vez que probó la Coca cubana, el ministro de Industria puso cara seria, miró al horizonte, la saboreó un rato y la describió en cuatro palabras: “Tiene gusto a mierda”. Otros cubanos recuerdan que también había dicho en una entrevista televisiva que el sabor era parecido a una cucaracha. 

 

Los intentos por crear una copia exacta de la bebida creada en Atlanta, Estados Unidos no cesaron. El objetivo era repetir el de Coca: encontrar el mismo sabor en cualquier parte del planeta. Cuando la gaseosa salió a la venta, un chiste se hizo popular en las calles de La Habana: como cada botella tenía un sabor distinto de la otra y eso la hacía en el productor más original. 


Hubo más pruebas. Y el Che siempre la probaba. Los historiadores aseguran que Guevara recordaba muy bien el sabor de la gaseosa que tomaba en Argentina y daba indicaciones. Para colmo, en 1961, la volvió a probar en un viaje a México. Regresó a La Habana y dio la receta: Que más azúcar, que más jarabe, o más gas. Cuando llegaba a la fábrica, la probaba. Siempre sacudía la cabeza mientras miraba el piso. Hasta que un día se cansó y reconoció que intentar hacer la Coca Cola cubana había sido un fracaso.

 

En 1971, Fidel Castro jugó al filo durante una visita a Salvador Allende en Chile. Mientras bebía una Coca frente a todos los medios, lanzó: "Nosotros hacemos Coca-Cola en Cuba, pero como no tenemos la fórmula secreta no sabe igual". Hubo silencio. Tenía la botella de la famosa marca en su mano y agregó, con una sonrisa: "La nuestra sabe mejor". Sabía que mentía. Por eso cuando le preguntaron si lo que decía era verdad, respondió: "Martí dijo que el vino cubano es agrio, pero es nuestro vino".

 

Durante muchos años, los turistas de todo el mundo se sorprendían cuando llegaban a Cuba y veían líquidos amarillos, con sabor a limón o a ananá, en las botellas originales de Coca. Por entonces, hartos del fracaso, los trabajadores cubanos habían optado por la producción de los ya conocidos jugos tropicales. 

 

Varias décadas más tarde, con el Che asesinado en la selva de Bolivia y el bloqueo de Estados Unidos vigente como siempre, Cuba creó su propia cola. La primera fue la Tropicola, una gaseosa bastante digna que sumó adeptos y que en la actualidad ya no se consigue en la isla. La otra fue bautizada Tukola, nació en 1995 y es la más conocida de la isla. También cuenta con una variedad de sabores: naranja, tónica, lima-limón y cola diet. El sueño de copiar a la famosa gaseosa no existe. De hecho, ya no hay ningún cubano que, alguna vez, haya probado la Coca Cola. 

 

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