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La historia de la abogada que demandó a Donald Trump por la pandemia: de la ley a escribir novelas

La abogada Camila Iacono había accionado contra el gobierno estadounidense por el negacionismo de la pandemia. Cómo sigue la causa y su trilogía literaria.

Camila Chiara Iacono es abogada penalista y en agosto del 2020 su nombre recorrió todos los medios de comunicación, locales e internacionales, tras demandar al por entonces presidente de los Estados Unidos, Donald Trump. "A raíz de que en Estados Unidos no se habían tomado las medidas adecuadas y como negaban la situación de pandemia al principio, la mamá y la tía de Rafael fallecieron, y él sufrió graves consecuencias con su cuerpo", le cuenta la letrada a BigBang.

 

En agosto de 2020, el magnate estadounidense fue denunciado ante la Justicia argentina por el delito de lesa humanidad de genocidio de comisión por omisión. La denuncia recayó en el Juzgado Criminal y Correccional Federal N°9 a cargo de Luis Rodríguez y la presentación fue encabezada por Rafael Vásquez Rivera, un ciudadano guatemalteco nacionalizado argentino luego de que su madre y su tía fallecieran de coronavirus en el estado de California, condado de Los Ángeles.

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Como si esto fuera poco, Rivera había ido a visitarlas y cuando regresó al país también manifestó síntomas de la enfermedad, dio positivo y tuvo que ser internado. "Recién cuando llegó acá (a la Argentina) lo pudieron salvar porque estuvo al borde de la muerte también. Rafael lo que quería era que se hiciera justicia, no solo por su mamá y su tía, sino por todas las personas que padecieron lo mismo que él", detalló Iacono. 

En la presentación se cuestionó que el gobierno de los Estados Unidos no tomó las medidas sanitarias a tiempo para cuidar a la población una vez que la Organización Mundial de la Salud (OMS) decretó la pandemia. "El delito por el que había que denunciarlo era por genocidio de comisión por omisión, es decir que se comete el delito por omitir hacer lo debido. Hicimos el encuadre, la denuncia y la presentamos ante la Justicia Federal", destacó.

 

Según había narrado el propio Rivera, cuando su madre se enfermó no había disponibilidad de respiradores y resaltó que Los Ángeles estaba en estado de emergencia. “Se puede demostrar como quedó en situación de despojo todo el pueblo norteamericano y en consecuencia la comunidad internacional, provocando que contraiga la enfermedad cualquiera de los connacionales, como ocurrió conmigo, mi madre y mi tía, quienes resultaron víctimas fatales”, manifestó.

Además, sostiene que el Genocidio encuadra en el tipo de comisión por omisión: “Si vamos a la legislación internacional, más específicamente en el Estatuto de Roma, se deprende del artículo 28 que exista la posibilidad de que incurran en delito los jefes y otros superiores por omisión”. Para Iacono, "lo que tendría que hacer Argentina en este momento es nombrar jurisdicción y juzgar o pedirle a Estados Unidos que lo haga". 

Sin embargo, aclaró: "El juzgado que tocó (Juzgado Criminal y Correccional Federal N°9) no quiso hacerse cargo, entonces lo mandó a la Cámara diciendo que no tenía recursos y en la Cámara todavía estamos en recurso. Si ellos deniegan la jurisdicción, va directamente a Estados Unidos. Esto lleva para largo. La denuncia es contra Donal Trump, contra el gobernador de California y contra todo el plantel a cargo de la Salud y las medidas públicas".

 

Si bien hasta el momento no obtuvieron respuesta, aclaró que “la demora suele ser lógica porque es compleja la petición”. Mientras espera, Iacono aprovechó la pandemia para dedicarle más tiempo a su otra gran pasión, además del derecho: la literatura. Así fue que pudo terminar su primer obra que no trata temas geopolíticos o de derecho penal, sino que narra la historia de Faustine, una joven del siglo XVIII. Sí, Camila se zambulló en la novela romántica, su género literario favorito.

En esta faceta, Camila crea un universo preciso en descripciones y detalles ambientado en el siglo XVIII. "La escritura y lo que es la literatura siempre estuvo dentro mío como una pasión. Desde que era muy chiquitita, era de esas nenas que cuando le preguntaban que quería para Navidad respondía: El conde de Montecristo de Alejandro Dumas y no una Barbie", le contó a este portal.

Y agregó: "Nunca me pude dedicar a eso por una cuestión de que uno tiene que elegir una profesión y trabajar. A veces el arte no es generoso para poder dedicarse y tomé como arista mi otra vocación que es la abogacía, que aparte viene de familia: mi mamá, mi tía y mi prima son abogadas en distintas ramas. Está como en la sangre el derecho". 

Actualmente, la abogada ya cerró la tercera parte que le dará punto final a la época de arraigadas connotaciones morales y sociales siguiendo el derrotero de Faustine Vanderguier. "Si tengo que guiarme por mi pasión, lo que más me gustó más la literatura. Después me guie por la abogacía, que es mi vocación. Escribo desde siempre, mi diario íntimo, cuentos, sueños.... y cuando vino la pandemia, que se frenó la abogacía y todo, tuve un sueño de una situación de época y me dije: 'Lo voy a escribir'. Empecé a hacerlo en la computadora y me dije: 'puedo hacer más' y la verdad es que tenía tiempo para dedicarme. Ahí fuer cuando cree a Faustine", cuenta.

Según explicó, ella misma se considera de "otra época" y resaltó que está "enamorada" de la edad contemporánea, la moderna y la edad media. "A mí me fascina la historia. Y cuando tuve ese sueño, soñé con un incendio en un pueblo medieval. Entonces me puse a buscar información al respecto en los países que a mi me gustan y encontré que en Francia hubo un incendio en 1720. Ahí me dije: 'Ya está, es mi año´. Entonces empecé a escribir ahí. El romántico es un género que me identifica, como lectora y persona. ¿Me van a decir, una abogada penalista romántica? Y sí, soy una romántica empedernida. Es mi lugar escribir ahí, me hacen a mi misma y me siento cómoda escribiéndolas", explicó. 

Y continuó: "Mi faceta como escritora y la abogada se llevan re bien. Parecería re complicado porque es como si fuesen dos caras juntas de una misma moneda, pero pude encontrar la armonía porque cuando leo, escribo y corrijo Faustine es como una pausa. Puedo también tener momentos en familia, con amigos, pareja, deportes o entrenar, pero escribir es como mi cable a tierra. Ahí es cuando encuentro la pausa y el momento. a veces se hace difícil porque uno está cansado, llega de trabajar, la calle, al gente, pero se encuentra porque cuando algo te gusta y te corre por las venas, ese momento lo encontrás".

Finalmente explicó que suele ser muy detallista a la hora de escribir, sobre todo teniendo en cuenta que la historia de Faustine pertenece a otra línea temporal, muy alejada de los límites modernos. "A mi no me gusta, cuando hablo de la historia, irme de algo que no es real porque siento que no le hago justicia a la historia. Soy permisiva en lo que se puede, pero sí me gusta seguir los patrones que había. Libertades no habían muchas para las mujeres, pero sí existían padres que, tal vez, porque estaban viudos y habían tenido a sus hijas unas institutrices, y las veían capaces, buscaban la manera de, sin irse de lo ´correcto´, pudieran tener su profesión o potencial. había maridos permisivos que les gustaba tener una mujer activa a su lado y otros no, eran súper rígidos y la mujer en casa, limpiando y cocinando. Habían esas cosas en la época, en algunas pude jugar y en otras las marqué. Si bien la historia la escribió una chica del siglo XXI, está basada en una jovencita del siglo XVIII. Investigué un montón, me tuve que poner a estudiar historia a full. Recurrí a documentales y mi socio, Pedro, me ayudó un montón", concluyó. 

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