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Néstor zelaya

"La Razón de Vivir es mi vida": habló el líder del centro de rehabilitación que trabajaba con el Teto Medina

El dueño de la famosa granja de Berazategui contó las novedades de la causa.

La mañana del 22 de septiembre fue una fecha bisagra en la vida de Néstor Zelaya, el director institucional de La Razón de Vivir, el centro de rehabilitación para adictos de Berazategui donde colaboraba el mediático Marcelo "el Teto" Medina. Aquel día terminó detenido, junto con otros 16 colaboradores de él, bajo la acusación de trabajos forzosos, reducción a la servidumbre, abandono de persona y usurpación de autonomía y títulos.

Con el tiempo llegó la libertad para muchos de ellos, pero por motivos judiciales, Zelaya todavía no pudo retomar el contacto con la quinta, ni con los pacientes del lugar, aunque sí recibió más de 100 cartas de familiares y adictos recuperados, donde elogiaban su trabajo y su función terapéutica. Actualmente se encuentra a disposición de la justicia y con custodia policial en su casa a la espera de que su si situación procesal se resuelva. 

Tanto él, como su defensa que encabeza el abogado Marcelo Biondi, están convencidos de que detrás de la acusación se encuentra la mano oscura de León Carlos María Nisoria, más conocido como el Padre Quique, un sacerdote que fue parte de La Razón de Vivir y que luego se alejó luego de algunos reproches de los pacientes, para hoy tener su propio centro de rehabilitación para adictos, donde los denunciantes son pacientes de lugar.

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"La relación con Quique viene de hace muchísimos años, de cuando yo iba al colegio católico y él era párroco del lugar. De ahí nos conocemos. Después de 15 años se pone en contacto conmigo por un supuesto ahijado que tenía problemas con las drogas, para poder ingresarlo y un 2 de enero ingresa a la institución", recordó Zelaya ante BigBang. "Hoy, plasmado en el resultado, fue lo peor que me pudo haber pasado en la vida", reconoció.

El acusado relató que el religioso iba al lugar "como cualquier familiar" y que luego empezó a dar una mano como voluntario, a traer mercadería, "cada día un poco más". "Cuando fue la pandemia, que se nos había complicado muchísimo a nosotros, y al no tener ayuda económica de nadie, y con el recurso muy bajo que se le cobraba a la familia, se nos complicaba mucho y él nos ayudaba bastante con respecto a eso", repasó Zelaya.

El trabajo de La Razón de Vivir muchas veces invitaba a viajar por distintas localidades del país, en respuesta de llamados de familiares y pacientes que requerían asesoramiento en su domicilio, donde los profesionales se acercaban para ofrecerle al adicto algo distinto y un mensaje de aliento. "En muchas oportunidades, en plena pandemia, Quique ha viajado con nosotros a Santa Fe, a Córdoba, a buscar chicos para que vengan a hacer el tratamiento", detalló.

Lo más sospechoso, según el análisis que hace la defensa de Zelaya, fue que todo siguió igual hasta que "se notaron cosas raras en lo personal, relacionado hacia él, y de un momento a otro dejó de estar en la comunidad, y se comenzaron a recibir amenazas y escraches, hasta este desenlace".

Por su padre

"La Razón de Vivir es mi vida, es una pasión el poder ayudar a brindarle herramientas a un chico que viene del infierno, que no quiere vivir más, que toda su vida delinquió, y demostrarle que hay una vida nueva. Y sobre todo, devolverle a una familia, un hijo, un padre, un marido", aseguró Zelaya, quien se dedicó a esta tarea por su historia personal.

Es que su padre consumió estupefacientes durante 35 años, y verlo decidido a recuperarse lo llevó a prometerle, en su primer día sin drogarse, que se iba a dedicar a a ayudar a los chicos que pasaban por lo mismo. "Y es así como lo vengo haciendo desde hace muchísimos años y es de la misma manera que se trabaja en base al amor desde el primer día", afirmó el director institucional.

"En estos ocho años se han recuperado muchísimos chicos que no han vuelto al consumo, a la delincuencia, y que hoy tienen una vida totalmente distinta. Y son ellos mismos quienes hoy están llevando el mensaje que se le dio hace varios años. La institución sigue funcionando de la misma manera, salvo que las autoridades no están en el lugar. Y, obviamente, nosotros nos ponemos a disposición de la Justicia y no nos podemos acercar ni tener contacto con ellos", explicó Zelaya. 

Cómo continúa la granja

La Razón de Vivir sigue funcionando contra viento y marea, ya que "la están llevando adelante algunos profesionales acompañados, principalmente, por recuperados del lugar", ya que todos son una familia. "Como siempre digo, cada chico que ingresa es mi hijo y si había 50, siempre digo que tengo 51 hijos: ellos más mi hija", señaló Zelaya.

"Espero que esto se pueda resolver pronto y poder volver, ya que tanto yo como director institucional, como cada director, operador y profesional que trabajaba, daba la vida por cada chico", expresó. "Yo siempre lo digo: desde que salí de mi casa cuando me allanaron, supe dos cosas, que era totalmente inocente, y que iba con Dios y él sabía de todo el trabajo que venimos haciendo", agregó.

Para Zelaya fue importantísimo "sentir el apoyo de los chicos". "Estando detenido recibí más de 100 cartas, y en cada una me decían que gracias a mi sueño sus propios hijos hoy tienen un padre y que por eso mismo iban a defender la casa. Si bien hoy no tengo contacto, sé que están en la institución recuperándose y adquiriendo el mensaje que un día les dije: que salir de las drogas y vivir distinto se puede", celebró.

"Hay chicos que tienen 18 o 20 años y fuimos las primeras personas que le dimos un abrazo, que le enseñamos a creer en ellos", graficó Zelaya sobre la función social que cumplía en su trabajo. Sobre el Teto Medina dijo que "era uno más del staff y del equipo interdisciplinario, que llevaba el mensaje motivacional a los chicos, desde el lado de él, una persona que ha levantado la mano en su vida para decir en los medios: 'yo me drogué, yo perdí, yo pasé por el infierno de las drogas y salí'".

En busca de justicia

El acusado elogió el rol de su abogado Marcelo Biondi y el equipo de trabajo que encabeza. "Han hecho un trabajo maravilloso, recopilando información porque de cada denuncia tenemos pruebas de audio y texto que acreditan el falso testimonio", informó. "Estamos pidiendo que la Justicia revea esto y se termine lo antes posible", añadió.

"Que se limpie nuestro nombre no es algo que hoy nos interese porque sabemos quienes somos, y la gente que está con nosotros sabe lo que hacemos. Nosotros no tenemos que mostrarle al otro quiénes somos porque en los hechos está bien en claro lo que venimos haciendo. Y si fuera así, todas las familias que nos salieron a defender, o mismo los denunciantes, no hubieran estado tantos meses en la comunidad", reclamó Zelaya.

"Lo único que queremos es que se termine, que se aclare todo esto, porque mientras esto pasa se siguen muriendo pibes, hay familias sin respuestas y nosotros, en estos largos años que tenemos, sin ayuda de nadie -ni municipal ni provincial-, muchas veces haciendo malabares, hemos recuperado a un montón de familias, porque cuando entra la droga a un hogar se enferma toda una familia y recuperando a un pibe se recupera una familia entera", concluyó.

La palabra de la defensa de La Razón de Vivir

"Cuando se dijo en su momento que la Fiscalía 8 de Berazategui había comprado una película, tiene que ver con estas denuncias que se realizaron, que fueron fogoneadas por el párroco Quique, quien hará aproximadamente un año se retiró", detalló el abogado Marcelo Biondi, defensor de Zelaya y de la granja de Berazategui.

"Estos chicos que han formulado las denuncias, están alojados hoy en una granja que tiene en su parroquia León Nisoria, que es el padre Quique", protestó, y agregó que el sacerdote declaró al comienzo de la causa, y que ya pidieron a la Justicia la extracción de su declaración para se investigue la posible comisión del delito de falso testimonio.

"Inclusive fue más allá, y dijo que el manejo de La Razón de Vivir era como una secta porque él conoce de sectas. Algo realmente absurdo, que con esa sencillez se pueda después estar reconstruyendo los hechos en el marco de las calificaciones legales que se asignaron, como asociación ilícita, reducción a la servidumbre, trabajo forzoso, que realmente no se encuentran configuradas en esta causa", cuestionó Biondi.

"Es todo lo contrario a lo que han declarado distintas personas que pasaron por La Razón de Vivir", contó el letrado. "Esperemos que lo sepan en la causa judicial que continuamos desde la defensa, ya que pedimos que declaren todos los pacientes adictos que fueron compañeros de los siete denunciantes", añadió.

El defensor aprovechó para justificar muchas de las acusaciones que se le hacen a la metodología con la que se trabaja en la rehabilitación de adictos. "La Razón de Vivir implica un tratamiento que tiene responsabilidades, valores, y que justamente, de esa forma, que incluso el órgano de salud mental que inspeccionó el lugar lo describe como el método de Minnesota, con el cual se recuperaron un montón de adictos", confirmó.

"Es un tratamiento donde claramente se aplican distintas responsabilidades y valores al adicto, porque no se da medicación", informó Biondi. "La idea es que adquieran un sentido de la vida, que tengan su mente ocupada, sobre todo en el periodo de abstinencia, que son los primeros tres meses.

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