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La verdadera historia de los Reyes Magos: ¿eran cuatro los que iban a conocer a Jesús?

Se cree que un cuarto rey viajaba hacia Jerusalén aunque nunca llegó a conocer al niño Jesús.

Aunque hoy en día la llegada de los Reyes Magos está asociada por los niños a un momento donde se reciben regalos después de dejar el pasto y el agua para los camellos, lo cierto es que detrás de estas tres personalidades hay una historia conocida, pero otra no tan pública que habla de que en realidad los reyes eran cuatro, en lugar de tres.

 

Los reyes magos dejan sus regalos el 6 de enero.

 

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Según indica esta versión, Melchor, Gaspar y Baltasar habían acordado reunirse en Borssipa, una ciudad antigua de la Mesopotamia, desde donde iniciarían el viaje para conocer al niño Jesús, que estaba pronto a nacer.

Aunque en la Biblia hay pocas referencias a los reyes, sí se explica que los magos llegaron desde Oriente a Jerusalén tras seguir una estrella que les indicaba el camino.

Los magos viajaron desde Oriente hacia Jerusalén para conocer a Jesús.

Sin embargo, no se detalla ni que eran tres los que viajaban, ni que se trataba de reyes. Por eso mismo, hay otra historia que cuenta que los magos que partieron a felicitar a María y José por el nacimiento de su hijo eran en realidad inicialmente cuatro, y no tres como se sabe.

La única referencia a los Reyes que llegaron a visitar a Jesús, está en el evangelio de Mateo, quien cuenta: “Nacido Jesús en Belén de Judea, en tiempo del rey Herodes, unos magos que venían del Oriente se presentaron en Jerusalén, diciendo: ‘¿Dónde está el Rey de los judíos que ha nacido? Pues vimos su estrella en el Oriente y hemos venido a adorarle".

Lo que se dice es que Melchor, Gaspar y Baltasar le llevaron al niño Jesús oro, incienso y mirra como ofrenda, mientras que Artabán era el encargado de obsequiarle piedras preciosas. 

Hay una teoría que indica que los magos eran cuatro en lugar de tres.

Lo que pasó es que este cuarto rey no llegó nunca a Jerusalén porque en el camino se encontró con un anciano enfermo y sin dinero que necesitaba ayuda, y se quedó con él.

Fiel a su corazón, Artabán decidió ayudar a quien lo necesitaba, y ya retrasado, continuó su viaje hasta Jerusalén, aunque llegó cuando la familia ya había abandonado el lugar. Por eso mismo, continuó su camino para colaborar durante mucho tiempo con todas las personas que requerían socorro.

Los historiadores aseguran que por 30 años el rey vivió para asistir a los demás, hasta que llegó al monte Gólgota, donde iban a crucificar a Jesús. Allí pidió perdón por no haber llegado a tiempo a adorar al hijo de María, y con un grito fuerte Jesús le dijo "todo lo que hiciste por los demás lo has hecho por mí, hoy estarás conmigo en el reino de los cielos".

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