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Llegó la primavera y con ella las ganas de estar en forma: por qué no hay que hacer dietas mágicas

Dejar de comer genera muchas veces un efecto rebote con una subida de peso.

Los primeros días de calor ya llegaron, y con ellos, aparecen las recurrentes frases de “me tengo que poner en forma para el verano”, y "encontré una dieta que te hace adelgazar 10 kilos en un mes”, entre tantas otras.

Sin embargo, lo que muchos no saben es que esas dietas mágicas que prometen lo imposible, promueven en verdad la restricción de ciertos alimentos en las comidas diarias, lo que no resulta nada bueno para el organismo, ya que pueden llegar a generar trastornos de la conducta alimentaria (TCA).

Restringir comidas no es nada bueno para la salud.

Sobre esto, la médica especialista en nutrición, Virginia Busnelli (MN 110351), explicó lo ocurrido en el Experimento de inanición Minnesota, que fue realizado entre noviembre de 1944 y diciembre de 1945 y demostró que la restricción de ciertas comidas lo que genera en realidad es una mayor necesidad de consumirlas y un hambre constante.

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Del estudio participaron 400 voluntarios, y durante esos meses se evaluó el impacto de la restricción alimentaria en personas sanas y su objetivo fue someterlos a inanición severa, observarlos y realimentarlos de nuevo, todo ello bajo un estricto monitoreo. 

El experimento contó con 4 fases, en la primera los voluntarios llegaron a perder el 25% de su peso y experimentaron mareos, pérdida de cabello, disminución de masa muscular, agotamiento, sensibilidad al frío, trastornos gastrointestinales, y muchos otros síntomas además de preocupación obsesiva por la comida, y con cualquier cosa relacionada con la alimentación.

En la fase 2 se comenzaron a notar ciertos rituales a la hora de comer, ya que las personas se aislaban, tardaban horas en comer su exigua ración, reorganizaban una y otra vez los alimentos en el plato, diluían la comida en agua para que pareciera más abundante y llegaron a consumir tantos chicles, café o té que tuvieron que limitarlo.

Dejar de comer genera muchas veces un efecto rebote.

En la fase 3, pese a que las raciones iban aumentando progresivamente, el hambre constante no parecía disminuir. En la fase 4, cuando se les permitió comer con normalidad, la mayoría no podían parar de hacerlo, e incluso siguieron así meses después del final del experimento, como consecuencia de la necesidad de recuperarse del déficit. "Esta hiperfagia era como si hubieran perdido el control sobre el apetito, referían hambre constante, incluso cuando terminaban de comer", explicó.

Por eso mismo, la directora del Centro de Endocrinología y Nutrición CRENYF comentó que la historia y los numerosos estudios que se llevaron a cabo demostraron que estas “dietas mágicas” que prometen una figura soñada, generalmente son regímenes bajos en calorías, excluyentes de hidratos de carbono, que endiablan las harinas, restringen lácteos y carnes, y que hasta incluso a veces llegan sugerir que se pase hambre.

"Los hábitos alimentarios no son mágicos, son consecuencia de un trabajo consciente y un compromiso constante con nuestro bienestar. Por eso es importante transmitir, sobre todo en esta época, en la que nos comenzamos a ver más holgados de ropa, que la magia no existe y que la adquisición de una alimentación, completa, adecuada, oportuna, justa y la realización de ejercicio físico son la clave", aclaró la especialista.

Las dietas mágicas no sirven y no son buenas para el organismo.

Del mismo modo, dijo que la Argentina es uno de los países que con más “dietas y recursos para bajar muchos kilos en 10 días”, ya que existen dietas de 700 kcal diarias, batidos de diversos sabores, dieta paleo, la cetogénica, panqueques en polvo, viandas, jugos adelgazantes, celebrities recomendando píldoras, fanáticos por el ayuno intermitente y los instagramers dando consejos sin aval profesional.

"Por desgracia, muchas personas las aceptan, acceden a ellas, arrancan convencidos con la dieta que eligieron y ahí coincide el comienzo de la privación. Es por eso que los especialistas en nutrición repetimos hasta el hartazgo que hacer dietas es una batalla perdida", aseguró.

Del mismo modo, indicó que los efectos de la inanición inducida son muy parecidos a los síntomas experimentados por personas con anorexia restrictiva o bulimia que utilizan el ayuno como conducta compensatoria, o en personas que se someten a dietas prolongadas, lo que ocasiones genera un efecto rebote que hace que las personas finalmente terminen aumentando de peso.

A modo de conclusión, la nutricionista sumó que hoy en día los especialistas prefieren dejar de lado las dietas, y buscan poner un especial foco en que la sociedad se eduque y reaprenda a comer.

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