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Mejor dejar la careta a un costado, Gloria: la columna de Clarín y lo grave de romantizar una violación

Sobre la columna de opinión que sostiene que la naturaleza del hombre es “acosar” y la responsabilidad de no ser abusada recae en la mujer.

A veces, responder es dar entidad. Es cierto. Pero resulta cuanto menos preocupante que una columna de opinión publicada en uno de los medios más leídos del país, como es el diario Clarín, sostenga con liviandad y cierto dejo de “Mansplaining” –en este caso “womansplaining”, dado que fue escrita por la periodista y socióloga Gloria López Lecube- que la naturaleza del hombre es “acosar a la mujer para su entrega final” y que la responsabilidad de no ser abusada recae en la víctima.

El problema se agrava aún más si se tiene en cuenta el disparador que volvió a traer al centro de la opinión la columna publicada el miércoles 26 de diciembre de 2018, con el título Sobre abusos y acosos sexuales: el no debe ser categórico. La fecha coincide con la semana posterior a la conferencia en la que Actrices Argentinas hizo pública la denuncia penal de Thelma Fardin contra Juan Darthés por violación. En las últimas horas, la autora de la publicación recurrió a su cuenta de Twitter para referirse a la denuncia por abuso sexual presentada por la sobrina del ex gobernador y actual senador nacional, José Alperovich.

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“Ayer veía por televisión a Luis Novaresio y a Luis Majul. Majul defendiendo a la sobrina de Alperovich. Una mujer de 29 años puede negarse a vivir ‘violaciones’, denunciar o resistir. Y abriendo las piernas y mirando las paredes, supongo que esperaba algún ‘crédito’ que no llegó”, twitteó, sumando llamativamente el hashtag #NiUnaMenos.

Las interpelaciones no tardaron en llegar. ¿Estaba diciendo que la víctima se ‘dejó violar’ a cambio de un ‘crédito’ que no llegó y por eso decide denunciarlo? La respuesta fue: “Seguramente siempre fui demasiado impulsiva para expresar mis ideas y directa quise decir que el periodismo no debe juzgar, sino sólo informar. Nadie está en la cama de otro, ni sabe tanto como para opinar y juzgar”.

Coincido: nadie sabe tanto como para opinar y juzgar la intimidad de nadie. Pero, ¿acaso no fue eso lo que hizo al normativizar el discurso machista y asegurar que ‘se lo buscó’? El cuestionamiento a la víctima y la reproducción de la justificación patriarcal para naturalizar –y por sobre todas las cosas sostener- el sometimiento son los ejes de la nota de opinión que, en este caso, volvió a utilizarse para explicar en profundidad el tweet inicial.

“Es mucho más complejo el tema y tengo mucho más para decir. No creo que hay (Sic) que aceptar todo lo que se dice porque está de moda el fundamentalismo feminista”, sostuvo, al tiempo que compartió el link de su columna, y ratificó: “Hay muchos aspectos para consultar. Sólo me rebela que acepten como ciertas las declaraciones sin poner en duda. Es cosa juzgada”.

En principio, las “declaraciones” a las que se hace alusión no son otra cosa que una denuncia penal por abuso sexual presentada tanto en la Unidad Fiscal Especializada de Violencia contra las Mujeres de la Ciudad de Buenos Aires, como en los Tribunales penales de Tucumán; dado que los ataques habrían sucedido tanto en Buenos Aires, como en la provincia que supo gobernar Alperovich.

Cabe destacar que, luego de la repercusión del tweet, López Lecube eliminó el mensaje y explicó: "Me equivoqué. Recién Nancy Pazos me releyó mi tweet y estoy en total desacuerdo en cómo me expresé. Pido disculpas a todos y todas. Mi intención es remarcar que los periodistas debemos informar e investigar. Y no creer en lo que suponemos que pasó".

Soy periodista y soy feminista. Ambas pueden coexisitir, de hecho lo hacen. Es por eso que celebro que podamos interpelarnos y cuestionarnos todas las veces que sea necesario. Viajemos a la mente del lugar común y deconstruyamos –una vez más- cada uno de los micromachismos que fueron reforzados en la columna citada. Dejemos de reproducir y fomentar construcciones patriarcales.

  • “Mejor dejar la careta a un costado. Las mujeres vivimos una época de liberación que en algunas ocasiones nos produjo más infelicidad. Este terremoto de enemistad y acusaciones contra los hombres nos puede llevar a un destino incierto y solitario. En la cuestión sexual debemos confesar que el ‘no’, no siempre es no”.

Es cierto, hay que dejar la careta a un costado. Es por eso que cabe aclarar una vez más que no se trata de un “terremoto de enemistad y acusaciones contra los hombres”. Nada tenemos en contra de ellos. Se trata de visibilizar y denunciar las prácticas patriarcales que, tal como evidencia la columna, nos atraviesan a todos. No es el odio al macho, es la denuncia contra las prácticas de sometimiento machistas. Dos conceptos absolutamente distintos.

  • “Para rechazar una seducción, el ‘no’ debe ser categórico ya que el no, muchas veces, se transforma en sí. Muchas decimos primero que no, para terminar en sí; como parte de un cortejo cultural”.

Donde dice “seducción”, léase “acoso o abuso sexual”. Nadie cuestiona el cortejo, lo que se denuncia es otra cosa. El “no” es “no” siempre. La práctica del desgaste que termina forzando una “falsa aceptación” es un acoso. Si no hay deseo, hay violación. Es así de sencillo.

  • “Al igual que los palomos que rodean a las palomas para picotearlas hasta su rendición, el hombre ‘acosa’ a la mujer para su entrega final. De lo contrario, es muy difícil en frío llegar al último capítulo. Descubrir su piel, saliva, beso, toqueteos. Bruto, delicado o respetuoso. Cuando se lanzó al ataque, si la fase previa no nos gusta, el rechazo y el ‘no’ viene pegado. Y este no, nunca marcha atrás, no tiene vuelta”.

Bien, la comparación con los palomos merecería una columna aparte. Por fuera de la reducción al “instinto animal”, me opongo y denuncio cualquier tipo de “cortejo” que implique que me picoteen hasta la rendición. ¿Por qué debería rendirme? ¿Acaso el sexo no se trata de una entrega y disfrute entre iguales? El hombre no “acosa a la mujer para su entrega final”. Si eso sucede, estamos hablando de una violación. Y, lamento que tal vez no lo haya experimentado, pero se puede llegar al “último capítulo” –léase disfrutar de un encuentro sexual- en “frío”, es decir sin haber tenido que padecer un acoso previo.

  • “Poseer a una mujer deseada significa empoderarse, dominio y control de la palomita que cae seducida en los brazos masculinos. Pero ninguna mujer se entrega sin obtener tributo o ‘paga’. Nos rendimos por amor o aburrimiento o algún rédito”.

Qué triste que tener sexo signifique “caer seducida en los brazos masculinos”. Seducción, caída, sumisión. ¿Acaso no se puede una calentar y tener sexo? ¿Tan difícil resulta aceptar el goce por fuera del mandato patriarcal? Discúlpeme, pero yo no “me entrego”, yo tengo sexo. Y en esa “entrega” a la que hace alusión, el único “tributo”, “rédito” o “paga” que pretendo obtener es un liso y llano orgasmo. No me rindo por amor, ni por aburrimiento.

  • “El sexo femenino nació porque Adán se comió la manzana-mujer, objeto de placer. Esa es la intención casi animal de las damas que circulan entre caballeros; por eso a los príncipes se les dice ‘valientes’ y a las princesas ‘encantadoras’. Pero a los buscadores poderosos no hay cómo frenarlos, menos si son políticos o estrellas mediáticas, es casi imposible no caer a sus pies”.

Debe existir alguna versión abreviada para aprender en pocos minutos la teoría de la evolución de Charles Darwin. Pero, por fuera de Adán, el paraíso y cualquiera de las metáforas bíblicas que se quieran invocar; es imperioso entender que no hay príncipes, ni princesas. Soy valiente, soy mujer y también soy encantadora, cuando quiero.

Con respecto a los “buscadores poderosos”, entiendo que debe referirse a los acosadores que se amparan no sólo en su situación de privilegio patriarcal, sino que además cuentan con una red de contención adicional. A ellos también se los denuncia, eso explica el “terremoto” al que hizo alusión al comienzo de la columna. Están nerviosos, se está cayendo. Se está terminando la impunidad. Y si por “caer a sus pies” se refiere nuevamente a un abuso sexual, seguimos en sintonías antagónicas.

  • “¿Quién no sufrió un abuso alguna vez? Un primo que se pega, un padre que no controla sus manos, un cuñado que nos toca. Hasta llegar a lo peor, el abuso y la violencia física. Pequeñas violaciones que dejan perpleja y muda a la mujer. ¿Cómo delatar y provocar un escándalo familiar o laboral? Mejor hacerse la tonta y listo, como si nada hubiera pasado. La mujer se calla por temor o vergüenza. Si confiesa en explosión catártica, el hecho recobra vida y el otro escucha, sostiene y acompaña”.

Honestamente, este párrafo me dejó pensando. No lo entiendo. En principio, cualquier violación es una violación. No existen “pequeñas violaciones”, ni “abusos menores”. La mujer ya no se calla y la “explosión catártica” nos encuentra ahora, asumiendo diferencias personales en algunos casos pero entendiendo que la sororidad va más allá, unidas y empoderadas. No estamos solas y le hacemos frente al escándalo familiar o laboral que se genere. No somos responsables, somos víctimas.

  • “Las mujeres fuimos educadas para seducir y coquetear. La razón puede ser un empleo o un escalón en la escalera social, unas monedas o simplemente seguridad. Después de la entrega se espera un reconocimiento o premio, en víveres o dosis de afecto. De lo contrario, queda despechada, dolorida y hasta vengativa”.

Bueno, vamos de a poco. En principio, lo que se busca erradicar es el modelo de crianza de sometimiento y sumisión. Jamás intenté seducir a nadie por un empleo y tengo bien ganada mi escala social, sin haber tenido que entregarme a cambio. No busco monedas, ni seguridad. Si hablamos de sexo, reitero que sólo quiero un –o varios- orgasmos. Las dosis de afecto no son requeridas cada vez que disfruto con libertad de mi sexualidad. Y no quedo despechada, ni dolorida, ni mucho menos vengativa.

  • “La herida no se cierra y sangra. Estos casos suceden en mujeres mayores de quince años, ya que las menores resultan dominadas y sometidas de antemano y además silenciadas y amenazadas”.

La ley estipula que es estupro. Las mayores de edad también fuimos dominadas, sometidas, silenciadas y amenazadas. Eso es por lo que estamos peleando.

  • “En cambio, cuando se olfatea al hombre y no se entra en celo, la mujer rechaza el acecho varonil, si tiene que trompear, trompea; araña o tira el pelo, dejando señales porque es una lucha a mano armada”.

Si por “entrar en celo” se entiende una relación no consensuada, volvemos al concepto de violación. No hay más vueltas que darle.

  • “Estas líneas pretenden poner el acento en que las reacciones femeninas y masculinas llevan siglos de conflictos. Las mujeres fuimos manoseadas por más de una razón y no sólo por abuso sexual. Es una historia larga de sometimientos y silencios que guardamos en nuestro interior. Cuando los sacamos a la luz, nos alivia y fortalece”.

De acuerdo.

  • “¿Cómo serán los encuentros después de este #MeToo argentino? En el futuro, no es exagerado pensar en testigos, escribanos o certificados, para dejar testimonio (de) que la relación se produce por deseo mutuo. Y también, ¿por qué no? Qué cosas se pueden o no hacer en el encuentro. Más que nadie, hombres públicos abstenerse: son carne de cañón. Muchos varones se guardarán las ganas de seducir a las mujeres. Las mujeres se quedarán con ganas de tenerlos. Más soledad, menos intimidad y por lo tanto más tecnología. Por favor, se necesita una red segura y confiable para lanzarse de cabeza al placer y contener tanto deseo que habrá sin satisfacer”.

Acá cuento con la ventaja de tener el diario del lunes. Un año después, le puedo asegurar que no tuve que recurrir a ningún escribano para poder tener sexo consentido. La exposición de este tipo de prácticas patriarcales al momento de la intimidad no hicieron más que abrir un canal de diálogo en el que el “no” se acepta como “no”. Desconozco cómo habrá sido el año sexual de los hombres públicos. Pero soy mujer y no me quedé con ganas de “tener” a ningún hombre. Hubo menos soledad, más placer, menos sometimiento y un goce sexual recomendable. La red llegó y fue precisamente denunciar los micromachismos lo que nos permitió dejar de naturalizar las violaciones.

Temas

  • Abuso sexual
  • acoso sexual

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