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“Mi cicatriz es una batalla”: el relato en primera persona de la pelea contra el cáncer de mama

El mes de octubre es un pretexto para hablar de la lucha contra el cáncer de mama, y por eso, Nadia Olivera visitó la redacción de BigBang para contar todo lo que tuvo y tiene que atravesar.

Nadia Olivera tiene 33 años. En su vida cotidiana sólo hay espacio para hacer deporte, alimentarse saludable y una premisa clara: siempre lejos de los vicios. Sus antecedentes familiares no registran a ninguna mujer con cáncer y sus controles ginecológicos no cesaron incluso en plena pandemia. Una tarde, convenció a Sol, su pareja, para que practiquen boxeo juntas. Luego de un par de guantes, la inexperta Sol le dio un golpe bajo que dio en uno de sus pechos. Ese golpe se transformó en un bulto algo poco frecuente. Pese a la insistencia de su pareja, Nadia se negaba a un control, pues hacía pocos meses se había hecho su mamografía de rigor y estaba todo en orden. "Es sólo un golpe, ya pasa”, repetía Nadia. Sin embargo, la molestia perduraba y Sol logró que consultara con su médico.

“No estaba preparada para recibir esa trompada. La noticia me noqueó”, murmura Nadia haciendo un paralelismo con su deporte preferido. De un día para otro, su vida sana mutó a vivir de médico en médico. De sentirse bien pasó a sentirse mal, rara. En dos meses su vida cambió.

“Todo empezó de casualidad. Era un día normal en mi vida, me iba a entrenar y mi mujer en una de esas prácticas me pegó sin querer en una de las mamas. Se me hizo un bulto enorme. Como en mi familia no había antecedentes de nadie con cáncer de mamas estaba convencida que ese bulto era producto del golpe. Cuando consulté sobre ese golpe la ginecóloga me dijo que no era producto del golpe, que era algo más viejo. Yo estaba convencida que no pasaba nada porque sin antecedentes y cuidándome como me cuidaba no podía ser otra cosa. Cuando la ginecóloga me convenció de hacerme una nueva mamografía, detectaron un tumor”, dijo a BigBang con angustia Nadia.

¿Cuánto vale la verdad?
Tu apoyo es fundamental

-En dos meses tu vida cambió…

-Sí, totalmente. En dos meses me operé; me sacaron la mama. Previo a esto yo me había hecho mi control anual como siempre. La eco sí la postergué por falta de tiempo. A los seis meses pasó esto que cuento y todo cambió.

-¿Cuánto tuvo que ver la pandemia en demorar para hacerte el control? Porque al inicio de esto, muchas mujeres postergaron sus controles por miedo al Covid19 o porque en su centro de atención no atendía.

-Yo siempre fui, nunca dejé de ir más allá de la postergación que conté de mi eco. Eso era por falta de tiempo y mi tranquilidad sin antecedentes familiares, pero la pandemia nunca fue un freno para mí. Iba con miedo: alcohol, barbijo y todo el protocolo. Tenía que ir a todos lados, por mí.

-Más allá del golpe por la noticia en sí. ¿Cómo fueron los modos, cómo fue recibir esa noticia? ¿Te brindaron apoyo externo?

-Yo sentí que vino una persona y me cagó a patadas la cabeza. Esa es la descripción gráfica. Alguien vino, me cagó a patadas y me dejó así, dura, perpleja. Pasé a no entender nada. Yo no sabía lo que era una metástasis, cómo se medica: para mí es todo siempre lo mismo. Yo sabía que existían tratamientos pero hasta que me tocó, no sabía nada. Tenía mucho miedo. Todo me generaba temor. La pandemia también sumó a mis miedos, por supuesto. Pensaba: ¡Si estoy con las defensas bajas, me enfermo y me muero! Pero hacía todo igual, con miedo pero lo hacía.

-Cuando recibiste tu diagnóstico. ¿Tuviste en quien apoyarte o te encerraste en vos misma?

-De entrada me retraje. No salía, lloraba. Trataba mal a todo el mundo. No quería hacer nada de nada. Es un golpe muy fuerte para una chica. Soy demasiado joven para algo así. A mí esto me cagó a sopapos, me humanizó mucho. Esto me hizo más fuerte por eso creo que puedo ayudar a muchas chicas que estén transitando por esto. Yo sé que esto es difícil: que todo duele… no quería llorar pero es inevitable. Claramente cuando hablo de esto en algún momento lloro, es muy difícil.

-Nadia, sos muy valiente. Tu testimonio ayuda a los demás pero hablar también te ayuda a vos…

-Es que me fui haciendo más fuerte. Y después recurrí a terapia porque sola no podía. Toqué fondo y resurgí. Cuando me operé, me veía horrible. Me faltaba una mama, me veía agujeros, estaba pelada, se me caían las pestañas, las cejas. Era un montón para mí. Fue muy duro pero me hizo más fuerte. Hoy soy una mujer distinta, más empática. Ayudo más a la gente. Si me encuentro con una chica que esté pasando por lo mismo me gusta aconsejarla, en algo mínimo quizás pero acompañarla al menos. El acompañamiento de la familia en este proceso vale un montón. Hay que apoyarse en los afectos.

-¿La parte médica, te ayudó en la contención o te la buscaste sola?

-Mitad y mitad. Es mastólogo es más directo, te dice las cosas de una manera más fría. Cuando salía de charlar con él quedaba medio atontada. Pero después me encontré con mi oncólogo y él me decía las cosas como correspondían: fue más empático. Me encontré con alguien a quien podía preguntarle cualquier cosa. Él me contuvo y es un montón encontrar esa contención de parte de el profesional que te atiende. Poder llamarlo a cualquier hora y que te responda.

-Post operación, ¿cómo fue el procedimiento?

-Siempre negué todo. Soy de las personas que están mal y lo niegan. Ante los demás estaba normal y llegaba a casa y me largaba a llorar. Siempre estuve bien para los demás, nunca para mí. Fue traumático porque cuando me dijeron que me tenían que sacar la mama dije que no. En mi mente tenía decidido que no me iban a sacar absolutamente nada. A mí no me van a dejar lisa. Con el tiempo entendí que tenía que ser así. Por un capricho estético no podía decir que no. Después, cuando me vi la cicatriz fue otro momento traumático que pude tratarlo en terapia.

-¿Hay momento para amigarse con esa cicatriz que en definitiva es una señal de vida?

-Sí. Me costó meses amigarme pero sí. Al principio me bañaba y me largaba a llorar porque me decía a mí misma: “Esta Nadia no soy yo. No soy esta persona”. Ahora sí me amigué, ando sin corpiño… se nota que me falta una mama. Si tengo que ponerme una malla y se me nota la cicatriz no voy a tener ningún problema de usarla. Me amigué el verano pasado. Me amigué conmigo. Soy esto. Soy una luchadora. Mi cicatriz es una batalla.

-¿Cómo sigue la vida post tratamiento?

Después de toda la vorágine se vienen controles cada tres meses durante un año. Mamografía, estudios de sangre, centellogramas. Durante un año es así y después los controles son cada seis meses.

-¿Es difícil ir a cada control?

-Sí, voy con miedo. Cada control es miedo. Sucede que posterior a la extirpación de mama, hace cinco, seis meses me hice un centellograma y me diagnosticaron metástasis en la cadera y en la cabeza entonces otra vez recaí en una cosa súper dolorosa. Tuve que usar bastón…

-En una época, en los medios de comunicación no se llamaban las cosas por su nombre. Nadie decía cáncer. Hoy se informa, se cuenta cómo prevenir o agarrar a tiempo y además es una batalla que se puede ganar. ¿De qué manera la abordaste a tu batalla?

-Todos los días son distintos para mí. Cuando estaba en tratamiento sobre todo. Quizás me levantaba bien, mal o más o menos. Siempre está en uno. La quimio a veces me hacía mal. He tenido días malos, días que no tanto. Se sale. Yo hago mi tratamiento para que un día me digan: “Nadia, vas a estar bien. Vas a tomar una medicación por tanto tiempo”.  Eso es lo que quiero: levantarme todos los días y tener energías para hacer algo, tener ganas de eso porque muchas veces no tenes ganas de nada. Llega un punto que es demasiada la depresión entonces te tirás muchísimo, pero el apoyo de mi pareja Sol, lo voy a remarcar siempre, fue fundamental. Ella es mi pilar. Gracias a ella yo salí un montón de veces.

-Muchas veces, cuando a uno le pasan cosas inmanejables el universo se centra y no hay miradas perimetrales. Es uno, el problema de uno, el dolor de uno y quienes acompañan también necesitan sostén o le pasan cosas. ¿Fue posible empatizar?

-Al principio fue duro. Con Sol fue durísimo porque traje cosas que ahora no van al caso, pero que dolían. Para mí fue duro pero para ella el doble porque no me permitía que la viera mal. Ella quería que solo la viera fuerte. Intentaba hacerme todo más ameno, tenía más diferencias: me traía chocolates. Me compraba lo que quisiera como una embarazada cuando tiene antojos. Sol hizo que yo llevara la enfermedad mucho mejor.

-¿Y hay capacidad de entender que a quien acompaña también le pasan cosas?

-Al principio me costó porque me planté en: “La enferma soy yo”. Después entendí que ella me acompaña en una transición horrible, que me ve llorar, putear, enojarme. Ella me vio pelada y a mí me daba cosa. Una pareja si no acompaña no es una buena pareja.

-¿Te encontraste con gente descartable en tu proceso?

-Sí. En estos años a mis amigos los cuento con los dedos de una mano. Desaparecieron un montón y otro montón habla de la boca para afuera. O sea: está todo bien pero se van borrando de a poquito. Ahora está la gente que tiene que estar en mi vida.

-¿Cómo es tu día a día?

-(Risas) Aburrido. Porque no trabajo. Fuera de broma. Mi día a día es normal, trato de cuidarme. Mi vida deportiva la dejé. Bah, la postergué pero calculo que en algún momento volveré a boxear. La vida de una chica normal que se levanta, desayuna, ordena… limpia. La vida de una ama de casa.

-¿Hay algo que haya cambiado o que hayas descubierto que tenías en vos y no sabías?

-Soy muy vergonzosa y desde que me enfermé es como que salí. Deje que la Nadia oculta, salga. Antes era Nadia, la chica que tenía cara de ojete. Y ahora me siento más empática. Ayudo más. Antes alguien tocaba una guitarra por la calle y lo pasaba por arriba y ahora no sólo me quedo sino que charlo. Voy a algún lado y charlo con la gente. Antes no lo hacía.

-¿Y qué tal esa nueva vida de esta nueva Nadia?

-Es linda, muy linda. Me estaba perdiendo de un montón pero ahora ya está. No me lo pierdo más, ya entendí. La vida me enseñó otra cosa.

-¿Y cómo continua tu proceso?

-Largué el bastón. Aún estoy en tratamiento. No sé qué seguirá, pero por ahora sigo con mi tratamiento.

-¿Qué mensaje podes darle a quienes están empezando por este camino y que les está cotando?

-Que se saquen los miedos. Que al miedo lo dejen y luchen. Son momentos feos pero eso va a pasar y van a resurgir. Que sean fuertes pero que no tengan miedo. La medicina puede doler en cierta forma, pero cura.

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