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Mitos y secretos porteños, tomo II: viaje a la ciudad bajo tierra que se encontró de casualidad

La periodista Mariela Blanco reveló el motivo en su libro Leyendas de ladrillos y adoquines el origen de El Zanjón de Granados, un viejo conventillo que iba a ser demolido, pero que escondía detrás de siete centímetros de adobe ruinas de una casona ubicada en la última manzana de la segunda fundación de Buenos Aires. A continuación, el extracto de su libro.


Era un conventillo que iba a ser demolido a mediados de los ochentas.

El zanjón de Granados, las ruinas que se encontraron de casualidad en el centro

El lugar lleva el nombre del que alguna vez fue uno de los arroyos más importantes de la Buenos Aires de la primera y la segunda fundación. El complejo actual se encuentra en la que era la última manzana de la ciudad fundada en 1580 por Juan de Garay como una cuadrícula perfecta. Los túneles hallados fueron construidos hacia el 1780 por familias adineradas que pudieron entubar por cuenta propia el arroyo que pasaba por el lugar, conocido con el nombre “El Tercero del Sur”.

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La historia reciente del Zanjón comienza en 1985 de la mano de Don Jorge Eckstein, químico y empresario de raíces húngaras que puso al descubierto casi cuatro siglos de vida porteña cuando desestimó un redituable emprendimiento comercial en pos de una aventura a las mismas entrañas de Buenos Aires.

Cuando Don Jorge compra el lugar para ser reciclado –un conventillo totalmente derruido, tapiado y con una montaña de escombros de cuatro metros de altura- no imaginó que allí comenzaría una larga travesía para sostener con nuevos materiales la memoria del pasado. Al enterarse de las historias de antiguos residentes que se acercaron a ver la obra que se descubría tras las excavaciones, sumado a lo que podía intuir por los enseres encontrados, supo que su misión era frenar el deterioro de la casa y olvidarse para siempre del negocio que pensaba montar.

Así comenzó un trabajo cuidado para darle sostén al lugar que incluyó, por ejemplo, la remoción de siete centímetros de adobe de las paredes de ladrillo por la inyección artesanal de cemento. Toda la restauración se hizo con materiales no invasivos que permiten al visitante sumergirse realmente en las profundidades de la misteriosa Buenos Aires.

El complejo actual se encuentra en la que era la última manzana de la ciudad fundada en 1580 por Juan de Garay.

Pero los ruidos, los surcos y las huellas de la naturaleza son imborrables, como el olor a humedad, los hilos de agua de napa que quieren asomar, el punto de unión de los dos brazos del arroyo (verdaderas cicatrices que guarda el piso) o como “la voz del zanjón”, que canta bajo la estructura cilíndrica de un patio.

Parados frente a lo que fue el aljibe, se escucha el sonido del agua natural que se viene escurriendo de casas vecinas, como tratando de buscar la salida al río. Es agua que se va escurriendo por la misma geografía de la ciudad. El sonido nunca cesa y cuando llueve se vuelve más intenso.

Todavía se escucha en donde estaba el aljibe el sonido del agua natural que se viene escurriendo de casas vecinas.

El Zanjón de los Granados es un sitio que exhibe bajo tierra túneles y reliquias de la Buenos Aires colonial. Es como un templo, un calendario vivo que exhibe los orígenes de la ciudad, las cicatrices de los cursos de agua, el conventillo de 1830 y los elementos de restauración.

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