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Médicos desde la trinchera

No hay camas en el Clínicas: “Si no superamos la pandemia, van a morir muchos y no sólo de Covid"

Luis Sarotto es jefe de Cirugía del centro de Salud que depende de la Universidad de Buenos Aires y cuenta cuál es la realidad que los médicos y enfermeros viven actualmente.

 

En las últimas semanas, las autoridades sanitarias y los directivos de los hospitales de distintas localidades de la Provincia y la Ciudad advirtieron que los centros de salud afrontan "una situación de máximo stress".

El aumento de los contagios de coronavirus en el Área Metropolitana de Buenos Aires (AMBA) multiplicaron las internaciones de pacientes, y por eso, el Gobierno Nacional puso en marcha nuevas restricciones y le pidió a la ciudadanía extremar los cuidados sanitarios.

Frente a ese escenario, BigBang entrevistó al doctor Luis Sarotto, quien es jefe de Cirugía del Hospital de Clínicas José de San Martín y profesor titular de la Universidad de Buenos Aires. Al comienzo de la charla, el médico sintetizó lo que viven en las últimas semanas: “Estamos con un problema muy grave. Hay gente con cáncer que no se puede operar. La gente piensa que todo lo que pasa es solamente COVID-19, pero si no superamos la pandemia, la gente se va a morir más de todas las enfermedades, no solamente de COVID-19”.

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Luis Sarotto es jefe de cirugia del Clínicas.

-¿Cómo se vive la pandemia desde hace un año y medio en el hospital?

-En el Hospital de Clínicas hemos desarrollado una operatoria para tratar de que el médico la lleve lo mejor posible. Hemos tratado de conseguir todos los elementos de seguridad desde la hora cero porque al principio había mucha angustia por la falta de elementos. Hoy no es un drama la falta de barbijos o máscaras, hoy los tenemos. Al principio no sabíamos si los íbamos a tener o no. Hoy la angustia es otra. Los profesionales no le podemos dar a los pacientes lo que le queremos dar y se pone en marcha este comité de ética, formado por psiquiatras, médicos, cirujanos, legistas y abogados, para ver a quién se desconecta de un respirador y a quien se lo coloca. Eso en el equipo médico genera mucha angustia.

-¿Cómo es la situación que se vive hoy en el sistema de salud en comparación con el año pasado?

-Es una situación absolutamente distinta. Hoy estamos peor que el año pasado. Nosotros no podemos operar ni a los pacientes con cáncer en el hospital, ni el sanatorio. Terminé el consultorio hace un ratito y la gente está desesperada. Sabe que tiene un tumor maligno, los marcadores tumorales altísimos y me preguntan: “Doctor, ¿cuándo me operan?”. Y les tengo que decir que no sé, porque no la puedo operar ahora. No hay camas de terapia intensiva para el pos-operatorio y así es imposible. Es una situación muy, muy grave.

-¿Cómo hace para trabajar en este contexto sabiendo que sus pacientes pueden empeorar en cuestión de meses?

-Uno trata de transmitir calma, aunque no la tenga. Hay muchos pacientes que se han decidido por protocolos alternativos, es decir, cuando hay un paciente con tumor que podría ser operado, pero no se puede por falta de camas, se deriva a la quimioterapia para que sienta que no está perdiendo el tiempo. Ahora me decís si eso es lo correcto, que es lo que hay que hacer, y no. Al paciente que es quirúrgico, hay que operarlo y después hacer quimioterapia. Si no se puede operar, ¿qué hago? ¿lo mando a la casa a que espere tomando mate? Por eso hacemos esos protocolos nuevos innovadores, que están en estudio, para que el paciente y uno mismo veamos que no perdemos el tiempo.

-Frente a esa realidad, ¿qué le pasa a usted cuando ve los bares y restaurantes llenos y sin barbijos, manifestaciones de todo tipo, padres que hacen marchas para mandar a sus hijos al colegio y escuelas abiertas en la Ciudad de Buenos Aires?

-Me agarra una bronca terrible. En mi casa somos todos médicos y mi mujer siempre me dice 'la gente tendría que firmar que va a una fiesta o a una marcha, pero si se enferma, no va a ocupar la cama de un hospital o una clínica'. El drama es que la gente lo niega, quieren que sus hijos vayan al colegio, no se quieren perder las fiestas, pero si el padre o el abuelo se enferman, después vienen al hospital y le ocupan la cama al que necesita operarse y no puede. Si hay gente que no respeta la vida en sociedad o el respeto al prójimo, está bien, pero después no puede pedir que la sociedad los asista. Entonces ahí estamos los médicos, los enfermeros, los mucamos, los nutricionistas, y todos los que están en el hospital. Esto no es un invento. Esto es un virus real que mata personas todos los días. Uno está dispuesto a ayudar, pero el problema es cuando no lo valoran y tiran de la piola más y más, hasta que se rompe. Hace 33 años que soy médico y sabés cuántos machos he visto que dicen que son guerreros, que piensan que no les va a pasar nada, y después vienen llorando, pidiendo por favor salud y cariño. Uno lidia todos los días con la miseria humana, pero es muy difícil. Entiendo que también hay un bombardeo desde los medios y les llenan las cabezas. Pero a mí no me importa si votaron a Alberto Fernández o a Mauricio Macri; acá la gente se está muriendo. ¡No hay camas en terapia! Yo tuve que atender a una mujer que me pedía por favor que la opere y yo no puedo. ¿A quién le importa esas personas? No saben la angustia que generan cuando no respetan las medidas sanitarias. Pero si mañana les toca, se ponen a llorar. A mí me da mucha bronca.

En el Hospital de Clínicas ya no hay camas UTI.

-¿Cómo se puede cambiar esa realidad?

-Es difícil. Si vos le decís a la gente que está demostrado científicamente que el coronavirus no afecta a los chicos, pero los chicos son los que transmiten la enfermedad, y que no tienen síntomas e igual quieren clases presenciales. ¡No sé que más necesitan para creernos! Está demostrado que los chicos contagian y está demostrado que, por ejemplo, Israel cada vez que abrió los colegios, aumentaron los casos. Los cerraron y ahora andan sin barbijos. Es una sociedad mucho más chica, con un control epidemiológico muy fuerte, una sociedad más equitativa, un nivel educativo parejo y se dieron cuenta que cuando abrieron los colegios, la gente se enfermaba más. Punto. No hay nada más que discutir. Ese es un ejemplo. Pero en todo el mundo se demostró. La discusión tampoco debería pasar por el colegio. La gente no respeta, hace fiestas clandestinas, anda sin barbijo, no respeta el distanciamiento social y es terrible. Y eso pasa porque politizaron una enfermedad. Te juro que no puedo creerlo. Uno eligió medicina porque cree en el ser humano, sino uno no se va a dedicar a curarlo. Si pensáramos que el ser humano es una porquería, no trataríamos de que viva más tiempo. Pero, a veces, hay actitudes que me desaniman.

-¿Cómo están los pacientes y el personal de salud a nivel psicológico, por todo lo que viven?

-¿Sabés la cantidad de gente que no puede dormir de noche? No soy psiquiatra. Pero estamos muy mal. Tanto los médicos como los pacientes. La gente está mal. Y a eso hay que sumarle las secuelas que deja el COVID-19. Emocionalmente deja secuelas muy duros. Esa soledad…es muy duro.

-Como jefe de área, ¿cómo están sus colegas?

-Hay de todo. He visto compañeros mayores de edad, con problemas cardíacos que siguieron yendo a trabajar. Se enfermaron de COVID-19 y les faltaba el aire, pero seguían atendiendo pacientes. También hay mucho miedo. Yo creí haber tenido coronavirus unas 30 veces. Llegaba a casa y le decía a mi mujer que tenía COVID-19. ¿Estaba loco? No, nos pasó a todos. Lo hablaba con mis amigos médicos y les pasaba lo mismo. Estaban con una paciente, me llamaban al rato y me decían que habían dado positivo. Así todos los días. Por suerte, tengo a mi familia que me contiene. Tengo mucha suerte en ese sentido.

Las cirugías fueron suspendidas.

-¿Qué le diría a las personas que no se cuidan?

-Primero, que cualquiera de nosotros puede ocupar una cama de terapia intensiva. En segundo lugar, que el esfuerzo de todos puede lograr que la pandemia se termine antes. Y por último, que no nos obliguen a los médicos a elegir quién vive y quién no. Que no nos obliguen a hacer que alguien vive y decidir que otro no porque está perdido, porque no sabemos quién puede ser esa persona. Tratemos de ver en el conjunto en lugar de fijarse en uno mismo. No hay otra opción.

-¿Cuál es la situación en el Hospital de Clínicas?

-En unidades de terapia es agobiante. Es muy complicada la situación. Después en habitaciones no hay problema porque como nosotros no operamos, no pasa nada. Lo mismo pasa en traumotología. Todas las cirugías programadas fueron suspendidas. Incluso las oncológicas. Cuando alguien se descompensa, ocurre el gran problema. Porque hoy ya no hay respiradores. Están todas las camas ocupadas. Y a eso se le suma la falta de médicos, enfermeras y kinesiólogos, hay un déficit de recursos humanos enormes. Y a esos profesionales no se los puede formar de un día para el otro. El panorama es muy complicado. Podemos comprar 1000 respiradores pero no hay nadie para manejarlos. Por eso digo, si un nene no puede ir al colegio, no va a sufrir. Va a sufrir si se le muere el padre, la madre o los abuelos.

 

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