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Quién era y qué soñaba Ángeles Rawson, antes de que Mangeri le arrebatara mucho más que la vida

Se cumplen ocho años del femicidio, el día en el que pasó de ser "la Mumi" a convertirse en "el caso Ángeles Rawson".

El lunes 10 de junio de 2013, "la Mumi" dejó el departamento de la calle Ravignani en el que vivía con su familia y partió rumbo a su clase de gimnasia. Nunca más volvió. No dejó de existir, ni apareció muerta: el femicida Jorge Mangeri, encargado del edificio que la conocía desde que tenía cinco años, intentó abusar de ella y la asesinó. La adolescente peleó y se resistió. "Dio su vida por el 'no'. Su último acto es la muestra más contundente de lo que fue su personalidad y su vida", sostiene siete años después su mamá, Jimena Aduriz. Ese día, "la Mumi" pasó a ser Ángeles Rawson, para muchos: el caso Ángeles Rawson. Ríos de tinta se escribieron sobre su femicida e incluso sobre su propia familia; pero poco se sabe de la adolescente que hoy tendría 24 años y estaría estudiando psiquiatría. Quién era y con qué soñaba antes de que Mangeri le arrebatara mucho más que la vida.

Su DNI decía Ángeles, pero siempre fue "Mumi", "la Mumi". El apodo se lo ganó por la voracidad con las que comía los caramelos Mumu de dulche de leche. "Me acuerdo que de chiquita me decía 'Mumu, mumu' y se desesperaba por esos caramelos. Era una beba muy pícara. No tenía nada de pelo, recién al año y medio pude ponerle una hebilla. Era una beba pelada con dientes, una gorda hermosa; muy sociable y extrovertida", revive Jimena

Por esos años, la familia pasaba los fines de semana en el Club del círculo de suboficiales del Ejército. "Cursé todo el embarazo de la gorda ahí. Nos habíamos hecho amigos de los padres de los amiguitos de mi hijo mayor y nos juntábamos a comer asados". "La Mumi" dio sus primeros pasos en el club, pero por ese entonces su apodo era otro: Manliba. "Le decíamos así porque era imposible mantenerla limpia. Me acuerdo que la bañaba después de la pileta, la vestía, la dejaba impecable y a los diez minutos ya era una mancha viviente. Ahí le empezamos a decir Manilba, por la empresa de recolección de residuos Mantiene Limpia Buenos Aires".

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"Era tan pícara, que iba y se sentaba en la rodilla de las personas que estaban tranquilas jugando a las cartas o al buraco. Lo hacía para ligar algún caramelito, alguna golosina. Y se la daban, pese a que andaba desarreglada. Me acuerdo que un día, cansada de verla así, la llevé toda bañadita y les dije: 'Miren, así la tengo yo. En cinco minutos se va a convertir en Manilba. Se trepaba por todos lados, no había forma de frenarla'".

Tras la separación de sus padres, pasó a ser "la nena de la familia"; mimada por todos. "Le daba un poco más de bola a mi hijo mayor, Jerónimo; pero a Juan Cruz lo llevaba de las narices, pese a que él era tres años más grande. Hacía lo que quería con ellos, era muy divertida". Con el tiempo, Jimena volvió a formar pareja y se casó con Sergio Opatowski; con él llegó su hijo Axel. Todos, salvo Jerónimo, vivían en la planta baja del edificio de la calle Ravignani. El lugar al que, al día de hoy, Jimena se sigue refiriendo como "casa", pese a que jamás regresó.

 

La planta baja A de Ravignani 2360 encierra ahora los recuerdos y las anécdotas de "la Mumi". "No había forma de que amaneciera de buen humor. Siempre aparecía en la cocina con una masa de pelo y no reaccionaba hasta que no se tomaba su te con dos tostadas. Siempre igual, no se le podía hablar casi". Quienes la conocieron destacan que era callada y reservada; pero con un temperamento muy fuerte. "Era tranquila, pero tenía un carácter tremendo. Se plantaba con una firmeza con los temas que la apasionaban como la política. Eso lo heredó de la familia del padre. Tenía una integridad y valores que eran poco comunes para su edad".

Cuando tenía 14 años, el crimen de Candela Sol Rodríguez la indignó. Acostumbrada a volcar sus opiniones en Facebook, se sentó delante de su computadora, compartió una foto de la nena de 11 años asesinada y exigió: "Señores políticos, queremos salir a jugar; no queremos leds, ni notebooks; no queremos más Candelas". Jimena encontró ese posteo meses después de despedir a su hija.

A diferencia de muchos de sus compañeros, era fanática de la historia y celebraba con especial devoción las fechas patrias. Su prócer favorito era Manuel Belgrano. "Era muy patriota, muy patriota. Andaba con la escarapela y le interesaba la política. Denunciaba todo, vivía denunciando. Tenía una forma de decir las cosas en la que siempre quedaba bien, pero mantenía su postura", recuerda Jimena.

¡San Martín fue un mercenario de guante blanco!"

"Admiraba mucho a Belgrano, siempre hablaba de él. Hasta que un día le pregunté por qué sólo Belgrano, por qué no San Martín; por ejemplo". "La Mumi" la miró con intensidad, no esperaba la interpelación. "¡San Martín era un mercenario de guante blanco!", le respondió sin dudarlo. "Me acuerdo que me sorprendió y le pregunté por qué. La gorda me miró y me dijo: 'Mami, fue un militar al que le garparon para venir acá a luchar. Vino, lo hizo y se fue'". Eso sí, le reconoció los dotes tácticos: "Era un muy buen estratega".

Aplicada y responsable, "la Mumi" siempre se destacó en la escuela. Un día antes de que Mangeri la asesinara, había llegado emocionada a su casa: era el mejor promedio del curso. Trabajaba duro para poder acceder a una beca y continuar con sus estudios universitarios. "Ya tenía en claro que quería ser psiquiatra".

Pero no todo era estudio en su vida. Fanática del animé, tenía a su grupo de amigos de "cosplay" y se disfrazaba con frecuencia. "También amaba bailar. Era fanática de EvanescenceLinkin Park. De hecho, me acuerdo que estaba re enamorada de Chester Bennington -vocalista de Linkin Park-. En el año 2012 las dos bandas vinieron y ella las fue a ver. A veces pienso que ese año pudo cumplir con todo lo que soñaba. Estaba chocha de haber podido ir a los recitales".

 

Pasaron siete años, pero Jimena la sigue llevando consigo. Uno de los anillos de sus manos era la herencia que "la Mumi" no llegó a recibir; otro de los despojos. Se trata de la sortija de compromiso de sus bisabuelos maternos, quienes se casaron en 1929. Pasó de generación en generación, de madre a hija. Jimena ahora lo guarda para su primera nieta mujer.

"¿La soñás?". La pregunta la toma por sorpresa. "¿Sabés que no? La guacha no se me presenta. La soñé una sola vez, hace relativamente poco. Pero la soñé como si estuviera ahora con nosotros, más grandecita; más mujer".

Días atrás, la muerte de la abuela de Matías Bagnatto -con quien peleó codo a codo por la Ley de Víctimas- la movilizó. Recibió la noticia en su casa. "Hay dos canciones que escucho siempre, porque me hacen acordar a ella. Ángeles de Dios y Angel, de Robbie Williams. Tenía Aspen de fondo y nunca las pasan. Ese día, me senté en la computadora y empezó a sonar uno de esos temas. En ese momento sentí que era mi 'Mumi' diciéndome: 'Norma ya llegó'".

La soñé una sola vez, hace relativamente poco. Pero la soñé como si estuviera ahora con nosotros, más grandecita; más mujer"

"No la sueño, pero sí siento que a veces me acompaña, se aparece cuando estoy muy saturada o cuando siento que no puedo más. Hay veces en las que siento un movimiento en el auto, su presencia. Pero sólo cuando ella quiere, no cuando yo la llamo".

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