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Samid, con BBN: la domiciliaria, su admiración por Mauro Viale y el plan para bajar la inflación

Desde su casa de toda la vida, en Ramos Mejía, BigBang entrevistó al Rey de la Carne. 

Estamos en la puerta de la casa donde Alberto Samid (74) cumplió su prisión domiciliaria, en Ramos Mejía. Estuvo preso por ser parte de una asociación ilícita y por evadir más de $23 millones de pesos en impuestos. Aunque su condena inicial era de cuatro años, fue liberado faltando seis meses por un fallo del Tribunal Oral en lo Penal Económico Nº1 que estableció su inmediata excarcelación.

Tocamos el timbre pero no responde. Desde la puerta de servicio se oyen ladridos. Lo llamo por teléfono y atiende. “Hola, Alberto, somos de BigBang, quedamos en vernos hoy”. “Ah, si,”, responde.

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Pasan diez minutos y se abre la puerta. Nos recibe despeinado con un doberman y un chihuahua que salen atrás de él. Nos invita a pasar al living y se lanza en el sillón. “¡Maaaaru!”, grita cuando entra en la casa. Nadie responde. Las persianas están bajas y hace frío. Me pide que prenda la estufa mientras llama a la esposa. 

El Rey es un plebeyo

“¿Dónde estás?”, le pregunta. Maru está en Coto. Es su esposa hace más de 40 años. Se pusieron de novios cuando ella tenía 16 y él 32. Aparece a los diez minutos y se encarga de los cafés. La chimenea ya está encendida. 

“Vivo hace 50 años en esta casa y no la sé encender, vos aprendiste en cinco minutos”, dice Samid. “¿Para qué medio era la nota? Dale hagámosla”. Tiene ganas de hablar. 

-La gente hablaba de la cuarentena más larga del mundo, pero usted superó todo. ¿Cuánto tiempo estuvo encerrado en prisión domiciliaria?

-Tres años y medio. No hay mal que por bien no venga, ¿vio?. A todos los colegas míos que quedaron trabajando, si los tengo que ir a visitar tengo que ir a la Chacarita. Murieron todos de Covid. Los 130 mil muertos son de los gremios que no pararon. El gremio que paró, se fundió, perdió el auto o el departamento pero está vivo. Los que no pararon, como los enfermeros, están en la lista de muertos. El sector de la carne fue un desastre.

-¿Murieron muchos colegas?

-Todos. Los dueños de los frigoríficos, los capataces, los empleados. Ahí están los muertos. Por trabajar les pasó. El que paró y se quedó en su casa, se salvó. Y a mí me pararon en cierta forma. Obligado. Por eso muchas veces no sabés si las cosas son para bien o para mal. Capaz me hicieron un favor metiéndome preso.

-¿Cree que hubiese ido preso si Daniel Scioli le ganaba las elecciones a Macri?

-Pero si a mí me metieron preso y no tengo condena. Hoy mismo estoy como Macri. Él tiene 200 causas sin condena y yo tengo una sola. Él va de un lado al otro y no lo metieron nunca en cana. Yo tuve que ir a la cárcel sin condena firme y siempre a base de mentiras. Me acusaron de escaparme. ¿Cómo me voy a escapar si salí con mi pasaporte y por inmigración?

-A propósito, ¿qué recuerda de Belice?

-Gracias a Dios que fui a Belice porque aprendí algo muy bueno. En la época mía, cuando yo era chico, los mayores siempre decían que tendríamos que haber dejado a los ingleses y no echarlos con agua caliente como hicimos. Que estaríamos mucho mejor de lo que estamos. Esa duda siempre la tuve, ¿viste? Cuando fui a Belice me di cuenta de que los hijos de put.. de los ingleses los tienen hechos mierda como tenían a los de la India. Son colonialistas. Por eso hay que agradecer que rajamos a los ingleses, sino Argentina sería como Belice.

Alberto Samid, de boy scout a rey de la carne

Está vestido con un jogging azul y una chomba extra extra large. Zapatillas deportivas y el pelo blanco parado. “Yo he sido, anotá…”, pide. Y enumera su currículum que también figura en su tarjeta personal: “Boy scout, bombero voluntario, administrador del consorcio, cooperador policial, secretario de Obras Públicas, presidente del partido justicialista de Morón, presidente de Deportivo Morón, Vicepresidente del Mercado Central, asesor presidencial de Menem, diputado provincial, empresario, tuve 400 carnicerías, 6 frigoríficos, fui ganadero y agricultor. Y ahora soy congresal provincial del Partido Justicialista”. Lo único que se olvidó: empató un partido de ajedrez con Anatoli Kárpov.

Aunque la mayoría lo conoce como el Rey de la Carne, y por pelearse en vivo con Mauro Viale en un programa de televisión. "Usted se tiene que arrepentir de lo que dijo”, fue una de las frases épicas que dejó esa disputa.

-¿Cómo le pegó la muerte de Mauro Viale?

-Mal, muy mal. Nosotros éramos hinchas de Mauro a muerte. Con mi señora (Maru) lo único que mirábamos los domingos era a Mauro. Una cosa era el de la juventud, y otra cosa era el último. Era otro Mauro este, evolucionó mucho. 

-¿Por qué había evolucionado?

-En el momento que me peleo con Mauro, él le daba 50 mangos a una mina para que le pegue un cachetazo a otra. Este era otra cosa. Cuando sos joven cometés muchos errores, y cuando vas creciendo evolucionás a favor. El tipo se había vuelto un periodista bárbaro.

-¿Nunca se amigaron?

-No, no hubo nunca arreglo. Se rompió como un jarrón chino, en mil pedazos, eso no se arregla más. El último tiempo lo noté asustado, y le preguntaba a mi señora: “¿Este se hace el que le da miedo?”. “No”, me decía ella, “tiene miedo de verdad”. Era muy miedoso Mauro. Comía arroz, tomaba agua cristalina, y a parte era muy metódico. No tomaba, no fumaba y hacía deporte. Nos cayó como una bomba la noticia, no estaba para morirse.

-¿Le escribió al hijo?
 
-Si, le escribí. Inclusive, cuando al chico después le agarró (Covid) y estuvo muy mal, le recomendé lo que yo tomaba: ivermectina, un medicamento con el que tuvimos una experiencia extraordinaria.

-¿Qué es la ivermectina?

-Tomábamos 4 pastillas chiquititas y blancas. Es la droga de ivomec, lo que se le da a las vacas para desparasitarlas. Ataca directo al bicho, no al dolor de cabeza. A mí me lo recomendó el cardiólogo. A los pocos días le había agarrado covid a la gente que tengo en el campo y le dimos las cuatro pastillitas. Al otro día, nada. Como a 80 personas le dimos. Extraordinaria la ivermectina. 

-¿Se la recomendó a Jonatan Viale?

-Claro. Lo llamé al pibe, que me atendió el teléfono y se lo recomendé. Le conté la experiencia que había tenido. Fue la única vez que hablé con él. Pero la que me llamó fue la hija. Me dijo que a su papá le había cambiado la vida desde que se peleó conmigo y quiso que armáramos una reunión. Yo lo consulté con un par de amigos y me dijeron que si me reunía de vuelta con Mauro, no me veían más la cara. Entonces la llamé y le dije que no.

Ni Albertista ni Cristinista, Samidista

Peronista de ley, lo que más le gusta a Samid es hablar de política y su visión sobre los problemas del país. “Yo no quiero dar nombres, quiero dar políticas”, explica, y se anima a dar posibles salidas para la inflación. 

-Usted fue Vicepresidente del Mercado Central, ¿se tiene poder real siendo vice?

-Tenés el poder de saber lo que pasa. Eso sí, sabés todo lo que pasa, pero el que firma es el Presidente. Es el que siempre tiene el poder. Pero yo no soy ni Albertista ni Cristinista. De hecho creo que ninguno de los dos le está pegando al camino correcto. ¿O alguno habla de lo que estoy hablando yo?

-¿En sus casi 75 años de vida, quién cree que manejó mejor la inflación en Argentina?

-Ninguno. Somos el país más rico del mundo y no paramos de contar pobres. Son un desastre todos. Y lo peor es que es muy fácil sacar esto adelante. Desgraciadamente todos los gobiernos se equivocan en la dirección: cuando hay que doblar para un lado van para el otro. Nos equivocamos siempre. Cuando era chico me decían: mirá que el tren pasa una sola vez. Bueno, en Argentina el tren pasa constantemente y no nos subimos nunca. Hoy tenemos una oportunidad extraordinaria. Es el mejor momento de la historia, comparable a 1944, cuando el mundo estaba en guerra y nosotros producíamos alimentos y le vendíamos a todos. Este es el mismo momento.

-¿Cómo es ese momento?

-Te explico. Todo lo que producimos nosotros, que son los alimentos, aumentaron casi el doble, y el año que viene van a estar el triple. Somos el granero de Europa. Pero ponemos secretarios de Agricultura que no cruzaron nunca la General Paz, que no conocen el país. El campo, que tanto se habla, no es todo igual. Las tierras tienen una fertilidad distinta. 

-¿Qué propone?

-Estamos en un momento en que hay que sembrar hasta las macetas, y en cambio, ¿qué hacemos? Queremos cobrar más impuestos. Es una locura aumentar las retenciones en este momento porque significa achicar la producción. Para colmo, todo lo que le robamos al campo se lo llevan los importadores. Los importadores compran el dólar a cien mangos. El mejor negocio del momento, porque después lo venden a 200. Hacen dibujos, inventan todo. Hacen contrabando y dicen que compran muchas cosas de más. 

Yo propongo sacar las retenciones, retenciones cero, y poner el mismo dólar para exportadores e importadores. Se termina la joda, los dibujos y el contrabando. Y el Banco Central se va a llenar de dólares.

El Ministerio de la Riqueza

Otra de las ideas de Samid se basa en la creación del Ministerio de la Riqueza. “Hay que armarlo, que tenga estadísticas y recaude de la minería, la pesca, el petróleo, el gas y lo más importante: el oro blanco, el litio, que le dan al país apenas el 1 por ciento”. Y justifica: “Hay que armar el Ministerio de la Riqueza, reunirse sector por sector y plantear un fifty-fifty (50 y 50 en inglés), como hizo Bolivia. Si hacemos esto, vamos a juntar 50 mil millones de dólares más por año y en dos minutos salimos al frente”. 

-¿Qué pasó con sus carnicerías?

-Me las canceló todas Macri. Lo dijo él mismo en su libro, en la página 67. “Pudimos subir el precio de la carne gracias a que metimos preso a Samid”. Cuando yo tenía La Lonja, la gente podía comer carne todas las semanas. No se si te acordás, pero Macri hacía una reunión cada 15 días con todo el gremio de la carne. A mí no me invitaba, obviamente. Después de meterme preso pudo subir el precio.

“Nosotros morimos del corazón”

No tiene miedos, o los “miedos normales”, como le llama él. “El miedo que podemos tener todos. Más que de morirme, a dejar las cosas ordenadas para mis hijos. Vivo para eso”. Sus hijos son seis: María Luz, María Belén, María del Sol, José Alberto (Junior), Cristina y Patricia. Alberto tiene 74 años pero siempre dice 75. Aunque confiesa: "donde estuvo bravo fue el penal de Marcos Paz".

-Una vez usted me preguntó de qué moríamos en nuestra familia, ¿hace siempre esa pregunta?

-Yo fui secretario de obras Públicas de Morón y tenía dos cementerios a cargo mío. Me levantaba a la mañana y empezaba a recorrer, y a eso de las 8 y media me iba al cementerio de la Avenida Yrigoyen, que vendría a ser como el de Recoleta pero de la B. Ahí había una señora mayor, Elena. Era una señora muy amable y tomábamos café en su despacho. Cada tanto su secretario aparecía y decía: “Murió fulano de la familia tal”. Y Elena respondía: “Ah, si, esos mueren del corazón”. Después otro, “ah, esos mueren de cáncer”. Sabía de qué morían todos. Entonces yo le pregunté: ¿Cómo es esto que usted sabe de qué muere la gente?

“Mire”, me dijo, “el 80 por ciento nos morimos la mitad de cáncer y la otra mitad del corazón. El 20 por ciento son accidentes u otras cuestiones. Por eso, es importante saber de qué mueren sus familiares, para ya de joven empezar a prevenir esa enfermedad. Pero eso sí, usted tiene que saber si tiene los genes de su mamá o de su papá, porque son distintos”.

-¿Ustedes de qué mueren?

-Nosotros morimos del corazón. Mi tío, a los 47 años del corazón. Mi hermano, a los 53. Mi papá, a los 72. Toda mi familia del corazón, pero yo tengo los genes de mi mamá, que morían de viejos.

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