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No opines, escucha.

Por Abby

No opines, escucha.

No opines, escucha.

   Desde siempre he defendido la libertad de expresión como más que un derecho, una obligación. Poder expresar lo que sentimos es necesario para el bienestar, discutir y debatir para ampliar nuestros conocimientos. Sin embargo, así como soy partidaria de la libertad de expresión, también sé cuando debo mantener mi boca cerrada. Claramente no cuando hay una persona de mayor poder, no cuando hay una persona que cree ejercer un poder sobre mí, mantengo mi boca cerrada cuando no sé acerca de un tema y cuando no tengo razón.  Esto me lleva a diferentes puntos, he escuchado (O más bien leído, para ser sincera.) ha gente hablando sobre temas como la homosexualidad, la bulimia y la anorexia. Casos sobre los que sé bastante, para ser sincera. 

  ¿A dónde quiero llegar? Bien, ésta gente plantea "soluciones" a los problemas antes nombrados, como si uno mismo quisiera sufrir las consecuencias de ellos. Sobre todo hablando de los desordenes alimenticios. 

  Este tipo de desordenes surgió hace mucho tiempo, no es una problemática del mundo actual, no es algo que los adolescentes han inventado para captar la atención del mundo. (Sumemos a esto las auto-lesiones y las depresión, que siempre son englobadas en esta categoría.) 

  Hay personas en la red que intentan ofrecer soluciones a este problema, y cito: 

   "Empiecen a comer sano y a hacer deporte, van a adelgazar igual"

  El caso es que las personas no sufren solamente por su peso, comienza de ese modo, pero luego se sufre una especie de distorción, algo que le dice al paciente que sigue igual o más gorda al principio, ante esto la dieta estricta que se siguió parece insuficiente, y el solo hecho de pensar en comida repugna, entonces ¿Cómo puedes pedirle a una persona que coma, siendo que todo lo que pasa por sus labios es repudiado por algo más fuerte que ella? Las personas no eligen ser anorexicas, no eligen ser bulimicas, las personas simplemente caen en eso, y no a causa suya.

  Comienza con una palabra, un comentario, algo que pudiste decir sin querer o con otras intenciones, un número en una balanza o un rechazo amoroso. Algo se rompe, y entonces hay un nuevo involucrado: Una voz en la cabeza que recuerda todo el tiempo a la persona lo gorda que está, lo mal que hace todo. 

   Luego la persona comienza una dieta y ejercicio, quizás dos permitidos a la semana y una hora de gimnasia. Pero luego deja de bastar, y se quita una de las comidas, y se aumenta una hora de gimnasia. Y luego ya no se puede comer, y no se puede pasar tiempo sin hacer ejercicio. 

  Finalmente la persona tiene dos opciones, pedir ayuda y ser obligada a salir de ese mundo tan duro y cruel, o morir. Porque seamos sinceros: No hay otra alternativa. El caso es que una vez que ya se está dentro de ese mundo, pero dentro en serio, no hablo solamente de 20 kilos menos. Cuando ya los huesos salen al aire, y cuando nada se puede comer sin un excesivo ejercicio para quemar las calorías, entonces es cuando ya no hay salida posible. 

  Eso es lo que habrás escuchado muchas veces, pero ¿Nunca te pusiste a pensar que sucede dentro de ese mundo? ¿Nunca te paraste a pensar en todo lo que llevo a la persona a la anorexia, y que le impidió salir de allí? Estoy seguro de que jamás te lo planteaste. 

   Te dejo una tarea: Ve a tu casa y mira a todas las mujeres que viven allí, recuerdales lo hermosas que son, y piensa que sería de ellas llorando en una báscula por un número, mirando el plato de comida y calculando sus calorías, sufriendo porque no han hecho lo suficiente para ser perfectas. Llorando toda la noche porque nadie va a quererlas y porque son un fracaso. ¿Te ha dolido imaginarlo? Imagina como será vivirlo.

  No es una cuestión estetica solamente, es una cuestión psícologica que la sociedad de cada día arma, destruyendo a la persona poco a poco. 

  No critiques, ni busques soluciones, lo único que puedes hacer es intentar comprender este mundo (Que intente escribir, pero son muy dolorosas para ponerlas en palabras por lo que lo obvie.) y no llames con esos nombres a las personas que no han hecho nada para lastimarte. Recuerda a las mujeres lo hermosas que son, porque algunas son más fuertes que otras. Y sobre todo piensa en lo mucho que harías por el mundo si escucharás más y hablarás menos, al menos sobre lo que no sabes. A veces toca hablar, aveces no.