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"Los mala leche pesan": el día que Messi renunció y el vuelto "vulgar" a los "put..." periodistas

Desde La Nación hoy ya se preguntaron: "Ahora somos todos un poco más felices, ¿hasta fin de año?". 

"Esto es una locura, se hizo desear; pero es lo más lindo que hay. Mirá lo que es, es hermoso. Dios me la iba a regalar, presentía que era ésta. Sufrimos un montón, pero lo conseguimos". Emocionado hasta las lágrimas y después de levantar la Copa del Mundo, Lionel Messi se sacó de encima años de frustración y de furiosos ataques por parte de los bien bautizados "put... periodistas".

La emoción del plantel fue un mimo al alma y la hinchada (la verdadera) acompañó desde cada rincón de la Argentina. Pero todavía falta lo mejor: el reencuentro con la Scaloneta, que tendrá lugar mañana con una caravana que llevará al equipo desde el predio de la AFA a La Rosada. "No veo la hora de estar en Argentina para ver la locura que va a ser eso", reconoció el capitán, que se encontrará con el amor más puro de todos al pisar suelo nacional.

Pero no todos festejan. Cuesta entenderlo, pero hay quienes intentaron destruir a la Selección no sólo durante esta copa. Fueron veinte años de furiosas y despiadadas críticas por parte de un sector de la prensa, abocada a relativizar cada una de las victorias y a firmar certificados de defunción para Messi, Scaloni, Di María y cualquiera del equipo que pudiera despertar en la hinchada aunque sea una esperanza. Del día en el que los grupos detractores lograron la renuncia del capitán, al vueltito de los jugadores dedicado a los "putos periodistas" que llegaron incluso a realizar "un minuto de silencio" por la Selección.

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"¡Al fin se dio!", escribió Antonela Roccuzzo horas después de que la Argentina levantara la tercera y tras participar de los emotivos festejos dentro del campo de juego junto a sus hijos (Thiago, Mateo y Ciro). Lo cierto es que la mujer de Lionel Messi fue una pieza clave para que la "Pulga" pueda levantar finalmente la copa del mundo y lo acompañó puertas adentro cada vez que el arsenal mediático se disponía a destruirlo.

"Campeones mundiales. No sé ni cómo empezar. ¡Qué orgullo más grande que sentimos por vos, Leo. Gracias por enseñarnos a nunca bajar los brazos, que hay que pelearla hasta el final. Al fin se dio y sos campeón del mundo. Nosotros sabemos lo que sufriste tantos años, lo que deseabas conseguir esto. Vamos Argentina", sumó Antonela, en clara alusión al día en el que, forzado por las desmedidas e ilógicas críticas enarboladas por un sector rancio del periodismo deportivo argentino, Leo se cansó y anunció su renuncia a la Selección.

El domingo 26 de junio de 2016, después de perder la final de la Copa América Centenario ante Chile por penales, Messi anunció en la zona mixta del MetLife Stadium de Nueva Jersey el fin de su carrera con la albiceleste. "Ya está. Se terminó para mí la Selección. Son cuatro finales, no es para mí. Lamentablemente lo busqué, era lo que más deseaba. No se me dio. Creo que ya está", disparó y partió rumbo al vestuario.

El derrotero era de no creer: la Selección había caído ante Brasil en la Copa América del 2007. Luego se quedó con el segundo lugar del Mundial de Brasil en 2014 (tras caer por uno a cero ante Alemania) y sumó una más en 2015, cuando también cayó ante Chile en la Copa América. Las críticas, siempre focalizadas en el capitán, no hicieron otra cosa que quebrarlo psicológicamente, lo que culminó con su renuncia desde Estados Unidos.

Mientras que la Selección regresaba al país desde Estados Unidos en un vuelo privado, Antonela lo hizo en un vuelo comercial. Todas las miradas se centraron en ella. Y es que, tan sólo minutos antes, Messi había dado un batacazo mundial al anunciar su retiro de la celeste y blanca. Una pareja se acercó y le pidió que minimizaran las críticas, que le insistiera para que dé marcha atrás. "Son dos o tres los mala leche", le dijeron. "Sí, son pocos; pero pesan", se limitó ella a responder.

El fin de la era de Gerardo "Tata" Martino como director dio lugar al ingreso de Edgardo Bauza, cuya primera medida fue viajar a España para encontrarse con Leo y Javier Mascherano en la ciudad Deportiva del Barcelona. ¿El objetivo? Activar el operativo "regreso" de Messi". "Si bien nos conocíamos, no habíamos estado cara a cara charlando. Después, empezamos a soltarnos, a hablar de fútbol, de la Selección; de lo que viene y de mis ideas. Hablamos con convicción, muy sueltos y cada uno dijo lo que sentía. Eso fue lo mejor: yo no escondí nada y ellos tampoco", reveló Bauza tras el encuentro.

Fueron 66 días de ansiedad hasta que "La Pulga" volvió a lucir la celeste y blanca. Fue con el diez en su espalda y la cinta de capitán en su brazo. Ese día, Argentina se impuso con un gol suyo ante Uruguay en el Estadio Malvinas Argentinas. Fue el primero de septiembre de 2016. Messi había regresado y comenzaba a gestarse el liderazgo que alcanzó su máxima expresión cuando, ante las constantes chicanas antideportivas del plantel de Países Bajos, le mostró al mundo una de sus mejores facetas; tal vez la más maradoniana.

Pero el camino hacia "ese Messi", el mismo al que los "periodistas deportivos detractores de siempre" llegaron incluso a acusar de vulgar en pleno mundial, tuvo sus hitos. Uno de ellos fue el que se dio en noviembre de 2016, sólo tres meses después de su regreso a la Selección, cuando en la previa de un partido decisivo contra Colombia por las Eliminatorias de Rusia 2018 el equipo volvió a ser atacado con munición pesada. El objetivo, en ese momento, fue Ezequiel "Pocho" Lavezzi.

Horas antes del partido, el periodista de Radio Mitre Gabriel Anello disparó desde sus redes sociales: "¿Lavezzi queda afuera del banco de suplentes mañana por el porro que se fumó anoche en la concentración? Pregunto, sólo pregunto". Por fuera del poco profesionalismo del periodista, fueron muchos los hinchas argentinos que salieron al cruce. Lavezzi, incluso, le inició acciones legales por la Fake News. No contento con las críticas, Anello volvió a subirse al escenario mediático cual vedette vintage e intentó resistir: "Lavezzi se fuma su segundo porro en la concentración y el 'impresentable' es quien lo dice. Tenemos la Selección y los jugadores que nos merecemos".

Después del partido, Messi se puso la cinta de capitán fuera de la cancha y convocó a una inesperada conferencia de prensa. Escoltado por Lavezzi y por todos sus compañeros; así como también por Bauza y Armando Pérez (por entonces titular del Comité de Regularización), "La Pulga" tomó el micrófono y les habló a ellos. ¿A quiénes? Al grupito de periodistas deportivos "anti Selección" al que ya habían bautizado puertas adentro como "los put... periodistas".

"Les comunicamos que no hablaremos más con la prensa, porque en los últimos días recibimos muchas acusaciones y mucha falta de respeto hacia nuestras personas. Sabemos que muchos de ustedes (por los periodistas presentes) no tienen la culpa, pero todo se puede soportar menos que se metan con la vida personal. Por eso, preferimos hablar antes que emitir un comunicado; pero no vamos a hablar más con la prensa", disparó Messi por cadena nacional.

Pero eso no fue todo. En un intento por "no meter a todos en la misma bolsa" y evitar así que los detractores pudieran "fingir demencia" y esquivar las directas críticas del capitán, Messi precisó: "Hay cosas que no se pueden soportar. La acusación al Pocho es muy grave y si no salimos a decir nada, la gente va a pensar que es verdad".

El rendimiento en el mundial de Rusia no ayudó, pero Messi jamás volvió siquiera a coquetear con la idea de bajarse del barco. El inicio de la era Scaloni le dio la motivación que necesitaba y llegó a Qatar en su mejor momento, pese a que la caída ante Arabia Saudita fue capitalizada por los "detractores" de siempre para reactivar sus ataques. Ataques que alcanzaron su pico máximo después del encuentro con Países Bajos y que siguieron incluso con la Scaloneta ya en la final.

La Selección se quedó con la tercera. Messi cumplió su sueño y nos bañó de alegría a los argentinos. Los medios del mundo se hicieron eco del impecable rendimiento no sólo de nuestro capitán, sino también del equipo en su conjunto. Pero la vena seguía hinchada y los jugadores se descargaron en la zona mixta cuando, en trencito, les dedicaron a los "put... periodistas" el campeonato mundial.

Durante los festejos en el vestuario, quien también se descargó fue Rodrigo De Paul; uno de los más cuestionados por su rendimiento al inicio de la copa. "A todos los que dudaron, que me chupen bien la p... Me tiraron de todos lados y no me voltearon. Chúpenme todos la pij..., put...".

Mientras esto sucedía en Qatar, millones salieron a festejar a lo largo y a lo ancho del país. Se rompió otro récord histórico: 1.400.000 coparon la 9 de Julio, casi medio millón más de personas que las que convocó el propio Raúl Alfonsín en una de las jornadas históricas más tensas e importantes de nuestra historia. Casi en simultáneo, desde la usina del Grupo Clarín se titulaba: "Temor a los desmadres por los festejos". Nada de eso sucedió.

El pueblo salió a la calle y no hubo desmadres. No hubo conflictos. Todo fue alegría y comunión; pero desde el diario La Nación hoy ya se preguntaron: "Ahora somos todos un poco más felices, ¿hasta fin de año?". No muchachos, esta felicidad es nuestra y no tiene fecha de caducidad, aunque les genere urticaria.

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