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Eva Perón, a 64 años de su muerte

Cumple la Secretaría de Informaciones de la Presidencia de la Nación el penosísimo deber de informar al pueblo de la República que a las 20.25 horas ha fallecido la Señora Eva Perón, Jefa Espiritual de la Nación.

Estas palabras se escuchaban por radio, hace 64 años, el velorio duraría 15 días y se convertiría en una de las escenas más tristes de la historia argentina.


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Eva fue muchas en una. Pero ante todo, una mujer. El multifacetismo marcó su vida, sumado a esa feminidad natural. Arrolladora, y con elegancia innata, que creó una tendencia en el sistema de la moda (en el que Eva se sentía muy a gusto).

Abanderada de los humildes.

Durante su tiempo de vida al lado de Perón fue el centro de un creciente poder y se convirtió en el alma del movimiento peronista, en su esencia y en su voz. Adorada y a la vez odiada por millones de argentinos, lo que jamás provocó fue indiferencia.

Eva niña

Nació en Los Toldos, provincia de Buenos Aires, en 1919. Fue la quinta hija de la unión extramatrimonial de Juana Ibarguren y Juan Duarte. En aquel entonces no estaba mal visto que el hombre tuviera una “familia paralela”, pero para una mujer y sus hijos, era imperdonable. Su familia se desestabilizó cuando su padre falleció. Eva tenía siete años y junto a su madre y sus hermanos, se mudó al pueblo de Junín. Su estigma de hija extramatrimonial la perseguiría toda su vida.

Su vida fue llevada al cine por varias actrices, Madonna entre ellas.

Con quince años cumplidos, se sentía asfixiada por la vida de pueblo chico y decidió mudarse a Capital Federal. Sabía que quería ser actriz. Sola, sin recurso ni educación, llegó a la gran ciudad a enfrentarse con la hostilidad de un mundo duro y desconocido. Asomó entonces una fortaleza que jamás la abandonaría.

Eva y su mirada soñadora.

Lejos del pueblo chico

No era muy talentosa, pero insistió. Primero fue modelo. Trabajó en cine y en radio. Fue cuando comenzó a vestirse en reconocidas casas de diseño nacional, siempre respetando los cánones de la época y atendiendo a todos los detalles.

Pero el destino le tenía marcado otro horizonte: en 1944 conoció, en un festival artístico, al coronel Juan Domingo Perón. Fue un flechazo instantáneo, que se hizo público, y pese a estar muy mal visto y cuestionado, se casaron en 1945. Ella se convirtió en una joven Primera Dama, a los 26 años.

La Primera Dama y la moda


Eva tomó un protagonismo inusual para las mujeres. No sólo acompañaba a Perón sino que atendía a los gremialistas en la Secretaría de Trabajo, antiguo bastión del General.

En una recepción oficial.

Lookearse era muy importante para ella: Paquito Jamandreu fue su favorito, y la amaba. Adoptó el rubio para el pelo y un estilo muy Hollywood. Paula Naletoff, Henriette y Bernarda eran las tres casas de alta costura de Buenos Aires, y Eva las eligió. Siempre acompañaba sus outfits con sombreros de Casa Giulia o Rosé Descat, y agregaba accesorios.

El famoso vestido amarillo.

Sus zapatos eran un capítulo aparte: llegó a tener casi 200 pares. Clásicos, sandalias de yute con plataformas y mocasines. Peruggia y los nacionales de Casa Miguel, Mc Taylor y Maggio&Rossetto fueron sus favoritos.

Bella, hábil y con carácter, proponía -desde su vestuario- a una mujer que, lejos de enfrentar al hombre, lo acompañaba y complementaba.

En 1947, como presidente de la Comisión Parlamentaria Pro-Sufragio Femenino, logró habilitar el voto para las mujeres el 23 de septiembre de ese año. Fue un gran logro personal.

En 1951, en un histórico acto en 9 de julio y Moreno, dos millones de voces le pidieron que aceptara la candidatura a la vice-presidencia en una de las concentraciones más importantes de la historia argentina. Ella declinó el cargo. Ya no estaba bien de salud.

Con su amado General Perón.

Fue la Abanderada de los Humildes, nombre que le dieron sus “descamisados”, como ella llamaba al pueblo indigente, “sin camisa”. Creó hospitales, hogares para ancianos y madres solteras, escuelas y hasta una ciudad infantil. Repartía regalos y sidra en las fiestas. Socorría necesitados y organizaba torneos juveniles. Odiada por las señoras de sociedad, algunas llegaron a “bendecir al cáncer”, enfermedad que la consumió.

Enferma, votando.

Eva Perón falleció el 26 de julio de 1952, a los 33 años, por un cáncer de útero. El pueblo sigue llorando su muerte, erigiéndola en un mito de significación histórica para la realidad argentina.

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