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Bolsonaro amenazó con eliminar el poder de la Corte: "No podemos aceptar más prisiones políticas"

Desde principios de año, el presidente brasilero concentra sus ataques y amenazas contra el Supremo Tribunal Federal y contra dos de sus miembros, Alexandre de Moraes y Luis Roberto Barroso.

El presidente de Brasil, Jair Bolsonaro, apuntó contra la Corte Suprema, luego de que el máximo tribunal del país vecino iniciara una investigación en su contra sobre difusión de noticias falsas y amenazas a la democracia. "Nuestro país no puede seguir rehén de una o dos personas. O vuelven al eje o serán ignoradas de la vida de la política. Yo seguiré dentro de las cuatro líneas de la Constitución pero no admito que otras personas violen la Constitución", dijo.

Primero a través de su cuenta de Facebook y luego al encabezar una multitudinaria manifestación convocada en defensa de la “libertad” durante la celebración por el Día de la Independencia, el mandatario disparó contra el juez Alexandre de Moraes, del Supremo Tribunal Federal, que lo investiga por actos antidemocráticos. Bolsonaro afirmó en las redes sociales que este es "el día del pueblo y el pueblo dirá adonde el Gobierno deba ir".

 

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En ese sentido, publicó un video desde el interior del Palacio de la Alvorada, sede presidencial, al lado de un coro de niños y de activistas con remeras con la inscripción Bolsonaro 2022, con los cuales cantó el himno nacional, y señaló: "Ahora quiero ser apenas el vocero del pueblo". Ante miles de personas en Brasilia, Bolsonaro volvió a amenazar al Tribunal Supremo durante su discurso y afirmó que no aceptará más "prisiones políticas" en Brasil.

Siempre apuntando contra De Moraes y en un claro mensaje al presidente del Supremo, el ministro Luiz Fux,  agregó: “No podemos aceptar más prisiones políticas en nuestro Brasil. O el jefe de ese poder encuadra a los suyos o ese poder puede sufrir aquello que nosotros no queremos. No queremos pelear con ningún poder, pero no podemos admitir que una persona turbe nuestra democracia y ponga en riesgo nuestra libertad”.

Bolsonaro amenazó con lanzar acciones contra el Supremo Tribunal Federal en caso de que el jefe de la Corte Suprema no haga nada contra del mencionado magistrado. "El que actúe fuera de la ley que se encuadre o se prepare para irse", dijo mientras sobrevolaba en helicóptero, acompañado de algunos ministros, la región donde se concentraban miles de manifestantes en Brasilia.

El jefe de la Corte, Luiz Fux, fue citado por Bolsonaro como el que tiene que detener a Moraes, caso contrario -amenazó- "habrá acciones". "O el jefe de ese poder (la Corte) pone en caja a uno de los jueces de la corte o ese poder puede sufrir aquello que no queremos que ocurra", reiteró el jefe de Estado de Brasil y acusó a los jueces de violar la Constitución.

En medio de esta jornada de alta tensión política en la cual las autoridades temían una invasión al Congreso o a la sede de la corte, en la Plazza de los Tres Poderes, protegida por la tropa de choque de la policía de Brasilia, el presidente brasileño aseguró que no aceptará "medidas o acciones fuera de la Constitución". "Tampoco podemos seguir aceptando que una persona específica siga barbarizando a nuestra población", resaltó.

En este contexto, dijo que a partir del miércoles convocará a los ministros y presidentes del Senado, Diputados y la Corte para mostrarles una fotografía de esta manifestación. "Les mostraré hacia donde tendremos que ir. No podemos aceptar más prisiones políticas en nuestro Brasil", manifestó poco después de iniciar su jornada cantando el himno con un coro de niños en el Palacio de la Alvorada.

Bolsonaro pidió juicio político para De Moraes, pero el mes pasado fue bloqueado por el Senado, que no encontró argumentos legales. "Nuestro país no puede seguir rehén de una o dos personas. O vuelven al eje o serán ignoradas de la vida de la política. Yo seguiré dentro de las cuatro líneas de la Constitución pero no admito que otras personas violen la Constitución", dijo en referencia al juez.

El presidente de Brasil logró el apoyo de empresarios ruralistas que llevaron a miles de personas de más de diez estados a Brasilia para protestar contra la corte y partió hacia San Pablo, donde en la Avenida Paulista lo esperaba otra multitud. Opositores, en menor medida, protestaron contra Bolsonaro como parte de las marchas de la izquierda llamada el "Grito de los Excluidos", como todos los 7 de setiembre.

 

Los ataques constantes del presidente contra la cúpula judicial comenzaron en marzo pasado, cuando el el Supremo Tribunal Federal (STF) reconoció la parcialidad y la persecución política ejercida por el ex juez y ex ministro de Justicia de Bolsonaro, Sérgio Moro contra el ex presidente Luiz Lula da Silva, quien de esta manera vio anulada su condena a ocho años de cárcel por la cual estuvo 580 días preso y fue inhabilitado para ser candidato en 2018.

Aquella sentencia no solo marcó un hito para las denuncias de "lawfare" en Brasil, sino que además rehabilitó la posibilidad de que Lula, de nuevo favorito en todas las encuestas, vuelva a competir por la Presidencia, esta vez el año próximo, cuando Bolsonaro buscará su reelección. "Nos sorprende esta decisión porque el accionar delictivo de esa administración (de Lula) le quedó clara a la sociedad", había dicho Bolsonaro días después.

Y advirtió: "El PT hizo una administración catastrófica, desvíos de Petrobras. Creo que el pueblo no quiere tener un candidato como este en 2022 o pensar en elegirlo, vean cómo subió el dólar o la Bolsa". Unas semanas después, la misma corte suprema habilitó la publicación de un video en el que el mandatario estalla contra rivales políticos y gobernadores que desafiaban su gestión de la pandemia e imponían cuarentenas para intentar frenar los brotes masivos que sufrían sus distritos.

Aquel video se difundió en el marco de una investigación por presuntos intentos de Bolsonaro de interferir con pesquisas de la Policía Federal: en el clip Bolsonaro no solo calificó de "bosta" al gobernador de Sao Paulo, Joao Doria, y de "estiércol" al de Río de Janeiro, Wilson Wietzel, por impulsar medidas de confinamiento social, sino que amenazó con cambiar a todos los ministros de su gabinete que fuera necesario para proteger a su familia.

Además, el juez del STF Celso de Mello pidió la captura del teléfono celular de Bolsonaro, lo que desató un nuevo repudio del Gobierno. Fue entonces que la furia del mandatario alcanzó un nuevo nivel cuando una serie de encuestas pronosticaron una victoria segura para Lula en 2022, tras el pésimo manejo de la gestión nacional de la pandemia que ubicó al país como el segundo del mundo con mayor cantidad de muertes, solo superado por Estados Unidos.

A partir de ahí,  Bolsonaro decidió empezar a instalar sin pruebas la idea de un posible fraude electoral el año próximo y exige un cambio en la forma de votación. Incluso deja entrever que si el sistema de urnas electrónicas que funciona desde 1996 no se cambia, él podría desconocer los resultados. Esto fue respondido con dos procesos judiciales por las máximas cortes del país.

 

Por un lado, la corte electoral con Barroso como su titular abrió una investigación en contra de Bolsonaro por sus repetidos ataques al sistema de urnas electrónicas y, por otro lado, el juez del STF De Moraes incluyó como investigado al presidente en un proceso penal que se inició en 2019 por la difusión en redes sociales de noticias falsas contra las instituciones democráticas.

La respuesta de Bolsonaro fue explosiva y muchos la interpretaron como una amenaza de autogolpe: "El ministro Alexandre de Moraes abrió una investigación de mentira, me acusa de mentiroso. Es una acusación gravísima, todavía más en una causa sin base jurídica ¿Él abre (el caso), investiga y castiga? ¿Eso está dentro de las cuatro líneas de la Constitución? No lo está. Entonces el antídoto no está dentro de las cuatro líneas de la Constitución. Nadie es más macho que nadie".

Sus palabras fueron repudiadas por los dos titulares de los otros dos poderes del Estado y por un arco amplio del establishment económico y político del país. Sin embargo, Bolsonaro continuó con sus ataques. Intentó abrirle un juicio político en el Senado al juez De Moraes y, cuando esto no funcionó, continuó escalando su retórica frente a sus seguidores en actos masivos, que seguían desconociendo los recaudos mínimos que demanda la pandemia.

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