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El Papa y la interna en el Vaticano: “Todavía estoy vivo, aunque algunos me querían muerto”

El Sumo Pontífice lo dijo en un encuentro con jesuitas de Eslovaquia.


El 4 de julio, el Papa Francisco debió ser sometido a una importante cirugía en la que le extirparon casi todo su colon en el hospital Gemelli, en Roma. La operación fue un éxito y en 10 días, el Sumo Pontífice mostró una recuperación magnífica. Al poco tiempo, en una entrevista relató: “La operación fue una decisión que no quería tomar: fue un enfermero el que me convenció. A veces los enfermeros comprenden la situación mejor que los médicos, porque están en contacto directo con los pacientes”.

 

Y agregó sobre los tiempos en los que era Jorge Bergoglio: “Un enfermero me salvó la vida, un hombre de mucha experiencia. Es la segunda vez en la vida que un enfermero me salva la vida. La primera fue en el año 57, cuando me tuvieron que extirpar un pedazo de pulmón y un enfermero fue el que me ayudó a superar ese momento”.

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Ahora Francisco habló sobre los rumores de renuncia que se vivieron por aquellos días y la interna política que creció con fuerza en el Vaticano ante su ausencia. En un encuentro privado con jesuitas de Eslovaquia, contó: “Sé que hubo incluso reuniones entre prelados que pensaban que el papa estaba más grave de lo que se decía, preparaban el cónclave”.

 

Y relajado, aunque con contundencia en su denuncia frente a los jesuitas, dijo sobre los chimentos que echaron a rodar sobre su supuesta enfermedad y sus complicaciones en la recuperación por la operación de colon: “Todavía estoy vivo, aunque algunos me querían muerto”. 

 

En julio, cuando se supo que sería sometido a la operación más importante desde que fue elegido papa en 2013, la interna católica tuvo de todo. Los más alejados a los ideales del Sumo Pontífice ya se habían lanzado a buscar su sucesor. Pero, el papa de 84 años se encontraba en perfecto estado. 

“Todavía estoy vivo, aunque algunos me querían muerto. Sé que hubo incluso reuniones entre prelados, que pensaban que el papa estaba más grave de lo que se decía. Preparaban el cónclave. ¡Paciencia! Gracias a Dios, estoy bien”, dijo frente a los 53 jesuitas, según se lee en la transcripción que  realizaron en la revista de esa congregación Civiltá Cattolica.

 

No fue la única denuncia. En ese encuentro, Francisco también lanzó sobre la apertura de los líderes del catolicismo, y puntualmente el ala más ultraconservadora, hacia la comunidad LGBTQ: “A la Iglesia le asusta acompañar a gente con diversidad sexual”.

Por otra parte, afirmó en el encuentro que la interna del Vaticano llegó hasta los medios de comunicación: “Hay una gran cadena de televisión católica que habla continuamente mal del papa sin ningún problema. Puede que yo personalmente me merezca estos ataques e insultos, porque soy un pecador, pero la Iglesia no se merece esto: es obra del diablo. Incluso se lo dije a algunos de ellos”.

 

Y agregó sobre el ataque que sufre sobre diferentes cardenales por sus diferentes ideales: “También hay clérigos que hacen comentarios desagradables sobre mí. A veces pierdo la paciencia, especialmente cuando emiten juicios sin entrar en un diálogo verdadero. Ahí no puedo hacer nada. Por mi parte, sigo adelante sin entrar en su mundo de ideas y fantasías”.

 

También dijo: “Algunos me acusan de no hablar de la santidad. Dicen que hablo siempre de la cuestión social y que soy un comunista. Y sin embargo escribí una Exhortación Apostólica completa sobre la santidad”.

 

También hizo una dura crítica al catolicismo: “Estamos sufriendo esto hoy en la Iglesia: la ideología del volver atrás. Es una ideología que coloniza las mentes. Es una forma de colonización ideológica. En realidad, no es un problema universal, sino más bien específico de las Iglesias de algunos países. La vida nos da miedo”.

En uno de los puntos con mayor autocrítica, el papa lanzó: “La libertad nos asusta. En un mundo tan condicionado por las adicciones y la virtualidad, nos asusta ser libres. A la Iglesia le asusta celebrar delante del pueblo de Dios que nos mira a la cara y nos dice la verdad. Por ejemplo, a parte de la Iglesia le cuesta mucho entender que las parejas en segunda unión ya no están condenadas al infierno. También nos asusta acompañar a gente con diversidad sexual. Tenemos miedo de las encrucijadas de las que nos hablaba Pablo VI. Este es el mal de este momento. Buscar el camino en la rigidez y el clericalismo, que son dos perversiones”.

 


Y finalizó: “No se trata de una alabanza de la imprudencia, pero quiero señalarles que volver atrás no es el camino correcto. El camino es ir adelante con discernimiento y obediencia. En cuanto a lo que llamó la ideología de género, tal como yo la entiendo, es peligrosa porque es abstracta respecto a la vida concreta de una persona, como si una persona pudiera decidir abstractamente a discreción si y cuándo ser hombre o mujer. Sin embargo, esto no tiene nada que ver con la cuestión homosexual. Si hay una pareja homosexual podemos hacer pastoral con ellos, acudir al encuentro con Cristo. Cuando hablo de ideología, hablo de la idea, de la abstracción que permite que todo sea posible, no de la vida concreta de las personas y de su situación real”.

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