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Crisis real

La otra Meghan: la traición de la Reina a su hermana, Margaret, forzada a dejar al amor de su vida

A pesar de que luego se reconciliaron, la soberana y su hermana, la princesa Margaret, se enfrentaron duramente en los años '50. 

La creciente rivalidad del príncipe Harry de Inglaterra con su hermano mayor William, una de las principales razones por las cuales el joven duque de Sussex eligió abandonar sus privilegios reales para independizarse económicamente, tiene un precedente muy cercano en la familia: la tensa relación que la reina Elizabeth II tuvo con su hermana, la princesa Margaret

Con sólo cuatro años de diferencia entre ambas, la niñez y adolescencia las encontró muy cercanas en el marco de una vida familiar amorosa. No estaba previsto que el príncipe Albert, su padre, se convirtiera en rey: el heredero directo era su hermano Edward.

Sin embargo, cuando no se le permitió casarse con una norteamericana divorciada, Wallis Simpson, Edward abdicó a la corona por amor. Y, así, Albert se convirtió en el rey George VI y Elizabeth en su heredera.  

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La grieta

Ante la temprana muerte de su padre en 1952, Elizabeth -en aquel entonces de 27 años- se convirtió en reina. Y el peso de las obligaciones reales comenzó a agrietar la relación con Margaret

Sus personalidades opuestas se hicieron cada vez más evidentes. Responsable y sobria, la nueva soberana intentaba construir una imagen pública de decoro y equilibrio. Su hermana, sin embargo, era vivaz, liberal y glamorosa, y su afinidad por las fiestas bien regadas de alcohol pronto se hizo conocida. Al mismo tiempo, Margaret comenzó a sentirse incómoda dentro de la familia, sin poder encontrar su rol. 

La discordia se profundizó cuando Margaret se enamoro de uno de los antiguos asistentes de su padre, el capitán de la Fuerza Aérea Peter Townsend, 16 años mayor y en pleno proceso de divorcio. El fantasma de la abdicación del rey Edward aún estaba fresco, y los consejeros reales instruyeron a la reina Elizabeth a evitar a toda costa una boda entre su hermana y el militar. 

Al mismo tiempo, la Iglesia Anglicana no le permitía a los divorciados volver a casarse y, si Margaret contraía sólo matrimonio civil, estaba obligada a renunciar a su título y privilegios. Fue así que la reina le pidió a su hermana esperar un año antes de organizar cualquier plan de matrimonio y, en paralelo, Townsend fue enviado en misión a Bélgica por consejo del primer ministro Winston Churchill.

"La reina, naturalmente, estaba del lado de la princesa. Pero creo que pensó -o más bien esperó- que ese tiempo serviría para que el romance se extinguiera" supo comentar Martin Charteris, ex secretario privado de Elizabeth.

Una mujer libre

Lo cierto es que el resentimiento de Margaret hacia su hermana por esta decisión fue profundo y duradero. El plan funcionó: la relación entre la princesa y Townsend se fue apagando de la mano de la distancia y ella se casó tiempo después con el fotógrafo Antony Armstrong-Jones con quien tuvo dos hijos, David y Sarah.

Ese matrimonio, eventualmente, se agrió en los años '60 trayendo nuevos dolores de cabeza para Elizabeth, ya que su hermana encaró una serie de romances de alto perfil estando aún casada: se rumorea que entre sus amantes estuvieron nada más y nada menos que los actores David Niven y Peter Sellers, además de Mick Jagger, líder de los Rolling Stones. 

Sin embargo, el mayor escándalo fue la relación de Margaret con el joven noble Roddy Llewellyn, 17 años menor que ella. Ambos fueron fotografiados por los papparazzi vacacionando juntos en 1976, desatando un escándalo. La relación de la princesa con su nuevo novio duró ocho años y, eventualmente, Elizabeth terminó aprobándola. "La hizo muy feliz", admitiría años después. 

El paso de los años, de hecho, volvió a acercar a las hermanas. Los problemas de salud de Margaret comenzaron a hacerse cada vez más profundos: su adicción al tabaco llevó a que le extirparan parte de un pulmón en 1985 y, durante los años '90, sufrió una serie de accidentes cerebrovasculares que la debilitaron progresivamente. Falleció el 9 de febrero del 2002, a los 71 años y su funeral fue tal vez el único acontecimiento público en el cual la imperturbable Elizabeth se mostró visiblemente conmocionada. 

"Era inevitable. Cuando hay dos hermanas y una es reina, fuente de honor y todo lo que es bueno, la otra debe convertirse en el foco de la malicia más creativa: la hermana maldita", supo decirle la princesa, reflexionando sobre su inexorable destino, a uno de sus amigos más cercanos, el escritor Gore Vidal

 

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