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Las viudas del Chapeco vivirán juntas: “Los nenes piden por sus papás”

La vida cambió de un momento a otro. La ciudad completa de Chapecó todavía celebraba con emoción el pase a la final de la copa Sudamericana de su equipo local. Todo era alegría, hasta que recibieron la peor noticia: el avión de Lamia que trasladaba a toda la comitiva a Medellín para disputar el partido de ida se había estrellado a sólo 18 kilómetros de su destino final. Del verde local, al negro de luto.


Las viudas decidieron que se irán a vivir juntas a la misma casa.

Los directivos del club hicieron todo lo posible para resguardar a las familias y fueron ellos quienes se encargaron de los trámites más dolorosos, como la identificación de los cuerpos, la repatriación de los restos y la organización del velatorio masivo en el Arenda Conda. Pero el desconsuelo de las viudas y de los hijos de las 71 víctimas fatales permanece intacto. “Duele lo mismo que cuando me enteré de la notica”, reconoció Rosangela Loureiro.

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Sólo seis de los 77 pasajeros que iban a bordo lograron sobrevivir al accidente aéreo.

Loureiro, de 32 años, es hoy la viuda de Cléber Santana, el capitán del equipo, quien minutos después de abordar el fatídico vuelo compartió una última foto en Instagram y escribió un llamativo mensaje, cuyo contenido premonitorio asombró a muchos. “En cuantas vidas yo viva, en todas te amaré. Haciendo historia”, escribió el ex jugador del Atlético Madrid.

Rosangela era la mujer del capitán, Cléber Santana. Tuvo dos hijos: Cléber Jr (14) y Aroldo (11).

Rosangela y Cléber se casaron hace quince años, cuando ella tenía 17 y él 16. Tuvieron dos hijos: Cléber Jr (14) y Aroldo (11). “Mi papá va a abrir los ojos cuando me acerque a él”, fueron las palabras del menor de sus hijos, quien esperaba hasta último momento que la información que llegaba de Colombia fuera mentira. Que alguien se hubiera confundido y que su padre estuviera en el hospital, junto al resto de los seis sobrevivientes. Pero no fue así.

Graziele, de 18 años, estaba embarazada de Tiago Alves. El jugador se había enterado días antes de morir.

Aquella madrugada del fatídico 28 de noviembre, Rosangela dormía en el departamento que compartía con su marido en Chapecó. “Sonó el teléfono y no me asusté, porque cada vez que Cléber viajaba me llamaba para avisarme que había llegado bien, porque él tenía miedo a volar”, recordó.

Aline, viuda de Filipe Machado, deberá cuidar sola a Antonella, de tres años y medio.

“Pensé que era él llamándome para decirme que estaba bien. Pero era Amanda, la mujer de Dener. Me puse histérica. Salí corriendo de mi dormitorio a los gritos, prendí la televisión esperando ver a mi marido”, sumó.

Danilo Padilha, el arquero héroe ante San Lorenzo, y su mujer, Leticia.

Esa mañana, mientras todas las mujeres del equipo intercambiaban desesperados mensajes para compartir la poca información que tenían sobre el estado de salud de sus parejas, los hijos de los futbolistas comenzaron a despertarse. Y recibieron la peor de las noticias.

Danilo junto a su pequeño hijo de cuatro años, Lorenzo.

“Desde entonces, los chicos se despieran necesitando a su papá. Desde el accidente, se la pasan llorando y diciendo que lo necesita y que lo extrañan”, lamentó. “No sé lo que voy a hacer sin él. Ninguna de nosotras, las viudas y las novias, sabemos qué es lo que el futuro nos depara”, advirtió.

 

Pero el desconsuelo las encontró unidas. De hecho, habían organizado un viaje a Punta Cana para celebrar lo que había sido el mejor año en la historia del Chapecoense.

“Tendríamos que haber viajado hace unos días. Íbamos a ir todos. Las familias de Thiago, Silvinho, Dener, Filipe, Kempes, todos. Sabíamos que todos se iban a terminar yendo a otro club (tras la eventual victoria de la Sudamericana), a otras partes del país y queríamos que el viaje nos marcara uniera. Ahora, estamos todos unidos por el duelo y el desconsuelo, no es la manera que queríamos”.

El espíritu familiar del equipo y la profunda amistad del plantel hizo que sus mujeres se encontraran muy unidas a la hora de comenzar a enfrentar el duelo. “Decidimos ayudarnos entre nosotras y enfrentar esta situación juntas. Lado a lado”, reconoció.

Y, aunque reciben calmantes y atención psicológica por parte del club desde el accidente, ellas saben que reconstruirse y reconstruir a sus familias les llevará tiempo. “Algunas de nosotras nos vamos a ir a vivir juntas a la misma casa para poder atravesar esto y sobrellevar el día a día en grupo”, anticipó.

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