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Meghan y Harry cumplen 4 años de casados: las exigencias que le hicieron al fotógrafo de la boda

No se puede quejar porque le pagaron bien, pero se la hicieron bien difícil. 

Cuando lo convocaron para hacer las fotos oficiales de la boda del príncipe Harry y Meghan Markle, el fotógrafo Alexi Lubomirski no tuvo noción del tremendo lío en que se metía. Para decirlo en pocas palabras, los duques de Sussex lo volvieron verdaderamente loco. 

A cuatro años de aquel importante momento, vale recordar algunos secretos y el especial encargo que le hizo la pareja a Lubomirski para ese día.

En diálogo con el Evening Standard, Lubomirski contó algunos detalles verdaderamente sorprendentes, aún dentro del estricto protocolo que caracteriza a la familia real. El fotógrafo había conseguido su trabajo en la boda real gracias a su excelentemente provisto sitio de Instagram.

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"Fue una manera rarísima de terminar el año. Creo que fue uno de los amigos de Meghan que vio en Instagram que yo estaba en Inglaterra durante el anuncio del compromiso y le dijo: 'Deberías conocer a Alexi. Es grandioso, te va a encantar .Y así fue", dice sin ninguna clase de falsa modestia.

"Harry y Meghan fueron a Instagram y miraron mi material. Justo ese día había subido unas fotos muy cool de Julia Roberts, así que podemos decir que Instagram me consiguió el trabajo", agregó. Y así fue como Lubomirski, un fotógrafo de vastísima trayectoria, que comenzó como asistente de la superestrella Mario Testino y luego trabajó en publicaciones íconos de la moda como The Face, Pop y Harper's Bazaar, puso manos a la obra. Ignoraba que el protocolo real a veces se parece mucho al capricho, y que puede complicarle la vida a los mejores profesionales.

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“Les capté la onda enseguida, les dije que eran dos chicos jóvenes, adorables y enamorados y que eso era hermoso y era lo que quería capturar con mis fotos. Dos semanas después estaba con ellos en los jardines de Frogmore House, en Windsor. Pronto me explicaron que algunas fotos con las cuales había soñado, no podrían hacerse por cuestiones de estricto protocolo. Por ejemplo, lo que parece increíble para el trabajo de un fotógrafo de bodas, no podía haber ninguna imagen de la pareja besándose", comentó. Tampoco podía haber ninguna imagen de la pareja corriendo, gritando o divirtiéndose a lo largo de los hermosos jardines. Y como si esto fuera poco, debía procurar que en todo momento se viera el anillo de Meghan.

Además de todo, hubo algo desesperante que complicó seriamente las probabilidades de hacer un trabajo serio y profesional: el tiempo.  Para hacer su trabajo, Lubomirski contaba con exactamente 25 minutos. Ni uno más, ni uno menos. ¿Y cómo vigilaba el protocolo que se ajustara a lo establecido? Sencillo: una persona del ducado le recordaba constantemente el tiempo que le quedaba para terminar la sesión. 

"Creo que es entre estas directivas cuando la creatividad aflora", dijo el fotógrafo, a la vez resignado y seguramente feliz porque aquellos deben de haber sido los 25 minutos mejor pagos de su vida. 

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