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Negligencia criminal: la investigación para determinar los responsables de la muerte de Julen

La investigación sobre la muerte de Julen se centra por ahora en determinar si hay responsabilidades penales relacionadas con ese agujero por el que se precipitó y las condiciones en las que se encontraba. Los investigadores quieren determinar el motivo por el que estaba cubierto de tierra el cuerpo del niño de 2 años que cayó a un pozo el pasado 13 de enero en Totalán.


Julen tenía 2 años.

Los primeros datos de la autopsia practicada al cuerpo permitieron saber que Julen sufrió politraumatismos al precipitarse de pie en el pozo, que sus brazos estaban hacia arriba y que el pequeño presentaba erosiones compatibles con roces en la caída.

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Tras el levantamiento del cadáver en el lugar del hallazgo, el cuerpo fue trasladado primero al hospital Clínico Universitario de Málaga para someterlo a un estudio radiológico y, a continuación, al Instituto de Medicina Legal de la capital malagueña para practicarle la autopsia.

De acuerdo a la posición en que fue encontrado el cuerpo, se cree que sufrió una caída "rápida y libre" hasta los 71 metros, la cota en la que fue encontrado, y hasta donde se había rellenado de tierra el pozo, que originalmente tenía una profundidad de unos 110 metros y un diámetro de 25 centímetros.

El dolor de los padres de Julen.

Lo que no queda claro es por qué el niño tenía encima la tierra con la que se formó el tapón que impidió succionar ese material para rescatarlo. Esa maniobra fue la primera opción que intentaron los técnicos antes de acometer un túnel vertical paralelo al pozo, para después acceder a él través de una galería horizontal.

Hasta el momento se analizan diferentes teorías sobre ese tapón, aunque todavía sin ninguna certeza, y una de las hipótesis más probables es que, durante la propia caída del niño, se fuera desprendiendo tierra procedente de las paredes muy arenosas del pozo. También habrá que esclarecer las circunstancias en que se produjo la caída del niño debido a que el empresario que perforó el pozo, Antonio Sánchez, aseguró en su declaración a la Guardia Civil después de terminar su trabajo selló el orificio, pero su actuación había sido modificada posteriormente.

Durante el operativo de rescate se supo, además, que la Junta de Andalucía no había tramitado ningún permiso para excavar este pozo en busca de agua, y que en ningún departamento del gobierno autonómico constaba que se hubiese solicitado dicho permiso. Según explicaron las autoridades, en caso de haber tenido permiso, los responsables de la obra tendrían que haber tramitado un segundo expediente, sólo si hubiesen encontrado agua, para poder extraerla legalmente. En ese caso, el trámite habría correspondido a la Dirección General de Dominio Público Hidráulico y Calidad de las Aguas, donde tampoco consta ninguna petición.

Tras el hallazgo del cuerpo de Julen, el pozo ha sido tapado con una lámina de acero de 600 kilogramos. La intención de las autoridades es rellenarlo y sellarlo, al igual que el túnel vertical paralelo, cuando la autoridad judicial lo permita.

QUÉ DECLARÓ EL RESCATISTA QUE ENCONTRÓ A JULEN

Nicolás Rando, el guardia civil que sacó a Julen del pozo en el que permaneció trece días, afirmó que sintió cierto alivio por el trabajo terminado, aunque estaba enfurecido por el resultado: “No estaba vivo, eso es lo peor. Pero lo hemos dado todo”, sostuvo ante la prensa española. 

El rescatista del niño recordó cómo fue el minuto a minuto del rescate fallido.

“Hemos movido tierra como para parar siete aviones, hemos conseguido llegar a él y lo hemos sacado”, señaló el agente del Grupo de Rescate e Intervención en Montaña (GREIM) de la Guardia Civil en una entrevista al diario Sur. Rando reconoce que consuela un poco saber que la autopsia determinó que Julen murió el mismo día de la caída -el domingo 13 de enero- y no esperando el rescate.

Rando es padre de un niño de 4 años, que durante el tiempo que se prolongó el rescate cada mañana le despedía con la misma pregunta: “Papá, ¿hoy vas a rescatar ya a Julen?”.

El guardia civil recibió el pasado 13 de enero la llamada de un amigo que es bombero del Consorcio Provincial, quien le contó que un niño había caído por un pozo de 25 centímetros de diámetro en Totalán y que no sabían que hacer, de modo que llamó a sus jefes, que ya iban de camino, y se ofreció.

A su vez, el rescatista recuerda los primeros días del operativo como los de los inventos. Todas las ideas fueron evaluadas con el objeto de retirar el  tapón de arena húmeda detectado por las cámaras de 71 metros de profundidad del pozo. La idea era succionarlo, pero entonces se rompió la manguera y se quedó atascada con la cámara dentro. El atasco tardó en resolverse más de 36 horas.

El rescatista contó que sintió el profundo dolor que sintió al ver a Julen tapado por tierra.

Luego de superar distintos contratiempos, se inició el descenso por el pozo paralelo con la cápsula. “Abajo no había turnos. Allí se estaba hasta que ya no se podía más”, describió Rando, y luego confesó que al bajar sintió una sensación extraña: “Yo me he metido en agujeros más estrechos y claustrofóbicos, pero aquello...Miras hacia arriba y piensas: ‘Si pasa algo aquí...”.

Tras unos 3,70 metros excavados, un compañero de Rando metió una cámara por el agujero que habían abierto y vio al niño. El mando del dispositivo reunió a guardias civiles, mineros y bomberos y les pidió que siguieran trabajando igual, con la misma discreción porque la familia tenía que ser la primera en saberlo.

En el siguiente descenso bajaron tres agentes del Grupo de Rescate e Intervención en Montaña de Álora -Nicolás Rando entre ellos- y un minero por si había que seguir picando. “Me tocó a mí y logré sacarlo. Con dolor de saber que no tenía vida y esa imagen será imborrable", concluyó.

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