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Sincericidio: Trump defendió la tortura a los prisioneros de guerra

Tal y como fue durante su campaña, Donald Trump se mostró exultante, fanfarrón y sobre todo polémico durante su primera entrevista televisiva en la Casa Blanca, haciendo temer al resto del mundo algo que nadie antes había temido jamás: que el megalómano flamante presidente de los Estados Unidos cumpla efectivamente todas sus promesas de campaña.


Uno de los pasajes más polémicos de la entrevista fue cuando Trump defendió lisa y llanamente la tortura, más específicamente “El Submarino”, una práctica habitual durante la última dictadura cívico militar argentina, que consiste, según el método de aplicación, en llenar las vías respiratorias de una persona con agua para impedirle respirar. La variante "Submarino Seco" consiste en asfixiarlo con una bolsa en la cabeza.

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El método de tortura conocido como "Submarino", que Donald Trump quiere aplicar libremente.

“He hablado con personas del servicio de inteligencia y son grandes creyentes en, por ejemplo, "El Submarino" (también conocida como "asfixia simulada"). Dicen que funciona. ¡Y funciona!”, afirmó el presidente norteamericano sobre el método de tortura que consiste en impedirle a una persona respirar y dejarlo al borde de la asfixia.

Según afirmó, su apoyo a tan nefasto método se basa en que quiere “mantener a su país a salvo” y porque esa es la única manera de “combatir el fuego con fuego” en lo que respecta a su guerra contra el Estado Islámico (ISIS según sus siglas en inglés para Estado Islámico de Irak y Siria).

“Cuando están cortando las cabezas de la gente porque son cristianos en Oriente Medio, cuando ISIS está haciendo cosas que nadie ha oído hablar desde la época medieval, ¿importa lo que pienso sobre “El Submarino”? No quiero que anden cortando la cabeza de nadie en el Oriente Medio, ni porque sean cristianos, musulmanes o lo que sea”, argumentó con su retórica gestual y su vocabulario escueto.

Trump explicó que sus principales asesores en estos temas son Mike Pompeo, el director de la CIA que él mismo designó esta semana, y el general James “Perro Rabioso” Mattis, su secretario de Defensa, además de otros popes de la agencia de inteligencia: “A todos les hice la misma pregunta: ‘¿Funciona esto? ¿Funciona la tortura?’. Y la respuesta fue: ‘Si, absolutamente’”.

¿Qué habría pasado si algún otro mandatario, de cualquier país del mundo –llámese Mauricio Macri, Akihito, Nicolás Maduro, Kim Jong-un, Angela Merkel, Raúl Castro– hubiera hecho un elogio tan explícito a la tortura o dicho una barbaridad de semejante calibre? Esperemos que nunca hagan lo mismo.

Trump y su muro del odio

El Presidente yanqui insistió en que construirá una gran pared entre la frontera de México y Estados Unidos, pero además sostuvo que será pagado por los mexicanos: “Seremos reembolsados más tarde por alguna transacción que hagamos con México. Podría esperar un año para construir el muro, pero quiero construirlo”.

La entrevista fue realizada por el periodista David Muir

Al instante en que Trump dijo esto sobre el muro, el presidente azteca, Enrique Peña Nieto publicó un video en su perfil de la red social Twitter donde le informó a todo el mundo –Donald incluido– que los mexicanos no pondrían un peso en su plan xenófobo.

Bastante poco parecen haberle importado a Trump las palabras de su par mexicano: “Tiene que decir eso. Pero te estoy diciendo que habrá un pago. Será de una forma quizás complicada”, argumentó sin explicar nada en concreto y agregó una frase inexplicable desde la naturaleza misma de su proyecto: “Creo que será bueno para los dos países y que la relación será mejor de lo que ha sido nunca”.

Yo, yo, yo y yo… el mejor de todos

Durante la entrevista Trump se jactó de su discurso inaugural y se agrandó argumentando lo que sólo a él le importa: “Mirá lo que dijo Fox, que fue un discurso de los grandes. Me aplaudieron en pie. Dicen que fue la mayor ovación en pie desde que Peyton Manning ganó el Super Bowl y dicen que fue igual”.

Donald Trump y Barack Obama, el día del traspaso de mando

Además, también mostró con orgullo la carta que le dejó el presidente Obama en el despacho, una tradición de presidente a presidente: sin leerla, aseguró que es “bonita”, que “hay muchas frases muy bien escritas, muy meditadas”: “Le llamé y le di las gracias por los pensamientos que puso en esa carta”, reconoció.

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