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“¿Mis papás están en una película?”: la reacción del hijo de Monzón horas después del femicidio de Alicia

Maximiliano tenía siete años y dormía en la casa de Mar del Plata la noche en la que su padre estranguló a su madre.

Gritos, golpes, amenazas y, de pronto, un silencio mortal. Aquella madrugada del 14 de febrero de 1988, Maximiliano Roque Monzón, “Maxi”, dormía junto al hijo de Fabián “el Facha” Martel en uno de los dormitorios de la planta superior de la mansión de la calle Pedro Zanni. Vacacionaba desde los primeros días de enero en Mar del Plata junto a su padre, Carlos Monzón. Acababa de cumplir siete años.

“Viene tu mamá”, le había anticipado el viernes por la noche el boxeador quien, a diferencia de lo que se relata en la serie biográfica de Space, le puso como condición a Alicia Muniz que viajara a la ciudad balnearia para buscar a su hijo. “Alicia no fue por voluntad propia, no quería reconciliarse con Monzón. Estaban separados y, de hecho, ella tenía planes de casamiento con otro hombre”, confirmaron a BigBang desde el entorno de Muniz.

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Alicia dejó Montevideo -ciudad en la que se encontraba trabajando como modelo- y llegó en la tarde del sábado a "La Feliz". Se dirigió directo a la casa de la calle Pedro Zanni. Pasaron la tarde “en familia” en la pileta, no en la playa como se retrata en la serie. Esa noche se los vio juntos. El boxeador arrancó la "gira" en el cumpleaños número 48 de Sergio Velasco Ferrero en el restó Los Amigos y después se dirigieron al Hotel Provincial. Ese fue el momento en el que se sumó Alicia, que cautivó a todos con su vestidito tipo hindú.

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El grupo tenía una mesa privilegiada en el Provincial. Pidieron siete botellas de champagne Baron B y jugaban a la ruleta. Alicia, lejos de Monzón, pasó la noche con María Eugenia Zorzenón, pareja de Velasco Ferrero. Esa noche, Monzón no paró de perder. Una y otra vez, la ruleta le daba la espalda. A pocos metros, su ex mujer, que lo miraba con absoluta indiferencia. "Este año me caso sí o sí, pero con otro", le dijo a Zorzenón. El boxeador la escuchó. La noche siguió en el Club Peñarol. Desde ese momento, lo único que se sabe es la versión de Monzón y la del taxista que los dejó en la puerta de la casa de Pedro Zanni. Ya estaban discutiendo.

Maxi dormía cuando sus padres regresaron a la casa. Nunca habló sobre lo que sucedió aquella violenta madrugada en la que, de acuerdo a las pericias, Alicia recibió al menos dos golpes de puño. El rastro de sangre fue una de las principales pruebas en contra de Monzón: se constató que la pelea comenzó en la planta baja y que Alicia logró correr por las escaleras para refugiarse en la suite principal. “Si vio o escuchó algo, se lo guardó para él”, reconocen desde el entorno de Muniz.

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Si Maxi vio o escuchó algo, se lo guardó para él"

Alicia murió en cuestión de minutos. De acuerdo a los peritos forenses que trabajaron en las dos autopsias que se le practicaron al cuerpo coincidieron en que, antes de ser arrojada por el balcón, la ex vedette ya estaba en estado de inconsciencia y con lesiones letales. La falta de instinto de defensa y sus muñecas sin fracturas fueron claves para derrumbar la coartada del “campeón”, que sostenía una y otra vez que la madre de su hijo se había arrojado sola al vacío. Muniz murió por la presión de 30 kilos que ejerció Monzón sobre su cuello. Utilizó sólo dos dedos: una suerte de pinza letal.

La familia de Alicia estaba en Buenos Aires cuando recibió la noticia: sólo le dijeron que había muerto; todavía nadie hablaba de asesinato, mucho menos de femicidio –para eso faltarían décadas-. La primera preocupación de Héctor y Alba era su nieto, Maxi, quien para ese entonces ya se encontraba al cuidado de un juez de menores. Seguía en la casa de Pedro Zanni, a pocos metros del lugar en el que yacía el cuerpo semidesnudo de su madre.

Horas después, Martel logró sacarlo del lugar. Se llevó a los chicos a la quinta de Rogelio Roldan, ubicada a pocas cuadras. De acuerdo a una crónica de la época publicada en La Semana, la primera pregunta que le hizo Maxi antes de dejar la casa fue: “¿Por qué hay tantos policías?”. El “Facha”, desorientado, alcanzó a responderle: “Porque están filmando una película”.

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Por ese entonces, los peritos ya trabajaban en el lugar. Al menos cinco móviles policiales se habían apostado en la cuadra de la casa para intentar resguardar el predio de los curiosos que comenzaban a enterarse de la noticia a través de las radios locales. Maxi seguía ahí, contemplaba atónito todo lo que giraba a su alrededor. “¿Mi mamá y mi papá trabajan en esa película?”, insistió el nene de siete años. “Sí”, le retrucó Martel.

Esa tarde, Maxi jugó en la vereda como si nada hubiera sucedido. Pero, con el correr de las horas, empezó a preguntar por su mamá. Martel esquivó el tema. Sabía que Héctor ya estaba en camino y sería él, su abuelo paterno, quien le comunicaría la noticia de la muerte de su madre. Llegó por la noche, pero no le dijo nada. Antes, tenía que encargarse de todos los trámites burocráticos, entre ellos: reconocer el cuerpo de su hija de sólo 33 años.

Los hermanos de Alicia se encargaron de retirar a Maxi de la quinta de Roldan. Lo hicieron por la parte de atrás, para evitar a los fotógrafos que se habían apostado en la puerta. A dónde fueron, nadie lo sabe. Por la madrugada, Héctor entró a la morgue del Hospital de Mar del Plata y reconoció a Alicia: “Es ella, es mi hija”. La postal era desgarradora: tenía marcas en su cuello, hematomas en las piernas y el ojo derecho negro.

Todavía en Mar del Plata, Maxi y su abuelo se encontraron en una pizzería ubicada en la esquina de Colón y Santiago del Estero, a sólo cinco cuadras del lugar en el que Monzón y Alicia habían estado bebiendo y apostando la noche anterior. Era de madrugada y el nene seguía sin saber qué había sucedido con sus padres. Por ese entonces, Monzón era atendido en el hospital, a pocos metros de la capilla en la que se encontraba el cuerpo de Alicia.

Maxi, yo te voy a explicar lo que pasó"

Maxi, yo te voy a explicar lo que pasó”. Con esas palabras y con su nieto sentado sobre su falda, Héctor comenzó la ardua tarea de hacerle entender a la criatura que su padre había asesinado a su madre. Se crió junto a sus abuelos y en los meses posteriores al femicidio recibió la atención de un psicólogo y de un pisquiatra. “Si vio o escuchó algo, sólo él lo sabe”, repiten desde el entorno de los Muniz. Pero lo cierto es que, desde aquella madrugada, Maxi decidió nunca más ver a su padre.

*Si vos o alguien que conocés vive alguna situación de violencia, llamá gratis al 144 o buscá algún centro de atención cercano

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