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A 42 años de la Noche de los Lápices: el recuerdo de dos sobrevivientes
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A 42 años de la Noche de los Lápices: el recuerdo de dos sobrevivientes

En la noche del 16 de septiembre de 1976, una decena de estudiantes fue secuestrada por un grupo de tareas policial. Seis de ellos aún están desaparecidos. 

La noche del 16 de septiembre de 1976 es, sin duda, una de las más sangrientas de la historia argentina. Tanto que se ganó un bautismo especial cuya aparente inocencia traiciona la crueldad de sus horas: la Noche de los Lápices.


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Una de las marchas por el boleto estudiantil. 

Ese nombre apunta a la juventud de sus protagonistas, en general todos menores de 18 años, y a su estatus de estudiantes secundarios. Integrantes de la UES (Unión de Estudiantes Secundarios) de La Plata, se manifestaron en 1975 ante el Ministerio de Obras Públicas para que les otorgaran un descuento para el boleto de colectivo. 

Con la llegada de la dictadura militar, aquella protesta los puso inmediatamente en la mira de las fuerzas de seguridad: un documento de la Jefatura de Policía de la Provincia de Buenos Aires tildaba a la organización de "potencial semillero subversivo".

Fue así que se decidió librar órdenes de detención para varios de los adolescentes que militaban en la UES. Una decena de ellos fueron secuestrados por un grupo de tareas policial al mando de los genocidas Ramón Camps y Miguel Etchecolatz

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Los seis desaparecidos que dejó la razzia. 

De acuerdo al informe Nunca Más, elaborado por la CONADEP, los secuestrados habrían sido fusilados -presumiblemente en 1977- después de padecer torturas en distintos centros clandestinos de detención, entre los que se encontraban Arana, el Pozo de Banfield, el Pozo de Quilmes, la Jefatura de Policía de la Provincia de Buenos Aires y varias comisarías. 

Los que quedaron y los que no están

Los que jamás regresaron luego de haber desaparecido esa noche fatal fueron Claudio Acha, María Clara Ciocchini, Claudia Falcone, Francisco López Muntaner, Daniel Racero y Horacio Ungaro. Los cuatro sobrevivientes, mientras tanto, fueron Gustavo Calotti, Pablo Díaz, Patricia Miranda y Emilce Moler

"Me acuerdo con muchos detalles los días compartidos en la celda de Arana con Claudia y María Clara", recuerda Moler en un texto escrito para Página 12. "Guardo las palabras que nos dijimos, los ruidos, los olores, los silencios, los sollozos y las risas sofocadas. Las manos entrelazadas, los intentos de rozarnos los dedos, la frialdad del banco de cemento. Puedo contar los dolores y la dignidad de Horacio, el deambular por pasillos, los gritos, las intermitencias de la radio".

"Eran mis compañeros, mi historia compartida con ellos. Yo estuve allí", agrega. "Le di la mano a Claudia cuando lloraba y me enojé con ella por decisiones erradas. Salí con ellas al patio del pozo de Arana el 21 de septiembre cuando quisieron que festejemos el día de la primavera y nos obligaban a cantar".

Pablo Díaz, por su parte, también escribió para Página 12 recordando su testimonio en el juicio a las Juntas. "Luis Moreno Ocampo, fiscal de entonces, sabía que solo me importaba recordar y nombrar con quién había estado más de noventa días en cautiverio, la obsesión de hablar de ellos. Al salir del tribunal e ir a la sala donde esperaban otros testigos recuerdo que le dije a Norita, hermana de Horacio: “'Lo nombré. No me olvidé'. Y nos abrazamos y lloramos", ilustró. 

"Les había hecho un juramento en el Pozo. Llegó el día y di testimonio. El país y el mundo supieron que había estado en el Pozo de Banfield con otros adolescentes y mujeres embarazadas. Que adolescentes de 15 a 18 años y mujeres embarazadas que habían dado a luz no habían sobrevivido. Que ahí habían sido asesinados. En un sótano en el Pozo", agrega. 

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Miguel Etchecolatz, uno de los responsables de la tortura y muerte de los jóvenes.

"Ya no están en el Pozo. Ya no son víctimas sino compañeros de ideas justas. Sensibilidad social, amor y lucha digna: tres pilares de su identidad recuperada", subraya Díaz apuntalando la importancia de la memoria. "Andan libres en cada marcha, en cada acto. Para algunos serán revolucionarios, para otros serán pasiones, y para muchos se funden en los jóvenes luchadores de hoy, con un tiempo y consignas nuevas. Para mí, en soledad, también son lágrimas y orgullo de una historia vivida junto a ellos en el Pozo de Banfield".

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