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A 46 años de la muerte de Perón: la vigencia de la idea de "universalismo" en tiempos de coronavirus

La idea de una unidad que trascienda las fronteras para resolver los problemas más acuciantes.

Hace 46 años, en ejercicio de la presidencia de la Nación, fallecía el General Juan Domingo Perón. En estos días de Covid-19, cuando tanto se habla de cómo será el mundo que se viene, cuando los países se ven obligados a utilizar estrategias globales para resolver el grave problema de la pandemia, es interesante revisar la idea de "Universalismo", concepto que tomó del historiador Arnold Toynbeé, y el desarrollo que le dio en los últimos años de su vida. Aquí vemos cómo la expresó en 1972, 1973 y 1974. La primera, en un artículo periodístico. La segunda, en una entrevista con la televisión alemana. La tercera, en su mensaje a la Asamblea Legislativa del 1° de mayo de 1974.

Hacia el universalismo  (1972)

Es indudable que la evolución de la humanidad en sus diversos aspectos vitales, nacionales e internacionales, se dirige, como ha sucedido a lo largo de la historia de nuestro planeta, hacia integraciones mayores. Del hombre aislado a la familia, de ésta a la tribu, al estado primitivo, la ciudad, el estado medieval, la nacionalidad y hora el continentalismo. Como esta evolución no ha de detenerse allí, frente a una Tierra empequeñecida no en el tiempo, sino en el espacio, por el progreso de la velocidad de los medios técnicos modernos, debemos pensar que la próxima etapa de la evolución ha de ser el Universalismo.
Quizás el más grave inconveniente que haya existido para una integración de la Tierra, ha sido precisamente la enorme distancia entre los grandes núcleos poblados en los diversos Continentes. Pero el progreso de los medios de transporte y comunicaciones han obviado tales dificultades. Hoy, lo que pasa en el Polo Norte se sabe a los diez minutos en el Polo Sud; se almuerza en un Continente y se cena en el otro, sin que a nadie le cause ya la menor extrañeza. Si tenemos en cuenta que estamos aún en el comienzo de las grandes velocidades, será fácil imaginar que, pasados unos años, podremos dar la vuelta al Ecuador en reducido número de horas. La Tierra está preparada para integrarse en su conjunto.
Pensamos también, en lo que hoy es "ciencia ficción", que puede llegar a ser realidad en el tiempo: la integración de las diversas galaxias, como paso siguiente a la integración de la Tierra. Dios dirá, pero así como la evolución ha demostrado a lo largo de todos los tiempos, no detenerse ni tener límite apreciable, sólo la imaginación puede orientamos porque tampoco ella tiene límites.

Integración defensiva
Acaban de producirse dos acontecimientos mundiales que bien podrían ser precursores de la próxima integración Universalista; la Conferencia de Estocolmo para la defensa de la Naturaleza. Allí se ha comenzado por primera vez en la historia de la Tierra, a tomar las cosas en grande y se ha hablado un lenguaje universal que mucho tiene ya de integración defensiva de la propia Tierra. Sus puntos son evidentes señales de que los hombres comienzan a pensar con verdadero juicio. Hasta ahora se han peleado entre ellos por causas fútiles de defensa parcial, ahora comienzan a ponerse de acuerdo para luchar por la defensa de lo que nos es común a todos los hombres que en la Tierra vivimos. Otro hecho no menos elocuente, ha sido la "primera huelga con carácter mundial', la de los aviadores de las empresas comerciales. Quizás sea el punto de partida de una integración social como la anterior ha sido de integración geopolítica.
 Partiendo del Tercer Mundo
Cuánto hemos de ver de estas cosas en el futuro inmediato de una Tierra que comienza a ver más claro su destino y se dispone a luchar por él en la defensa de todos. Y qué curioso, los imperialismos que en las cuestiones del Mundo todo lo quieren decidir, en esta ocasión no han tenido participación. Sólo el Tercer Mundo ha demostrado estar interesado. Frente a estos hechos se nos ha ocurrido pensar en el atraso que vivimos en Latinoamérica. Cuando todos los Continentes se están integrando a pasos agigantados como único modo de impedir el dominio imperialista, nosotros estamos todavía en veremos o cabresteando a la tutela imperial que hace todo por desunimos a fin de podemos manejar a su antojo. Y si entrevemos ya la posibilidad de una integración mundial, partiendo de un Tercer Mundo consciente, el contraste llega a ser tan grosero, que cuesta imaginar a un latinoamericano que aún se preste a servir los intereses que no sólo nos desunen, sino que intentan enfrentamos. O nosotros reaccionamos contra tales intentos o será cierto lo que hace 25 años dije en Buenos Aires: "El año 2000 nos encontrará unidos o dominados". Los latinoamericanos pueden elegir.

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"Los problemas del mundo actual obligan a tomar decisiones universalistas" (1973)

 

En estos momentos nosotros estamos viviendo el continentalismo y es muy probable que la etapa que siga sea el universalismo. En realidad creemos que la etapa continentalista va a durar muy poco.
Repito, señores: el medioevo duró quinientos años y tuvo su carro;el demoliberalismo habría de durar dos siglos, y tiene su coche. Hoy, en la época del jet, la etapa no puede durar más de medio siglo.

Por otra parte, los problemas que enfrenta el mundo actual obligan a tomar rápidamente decisiones universalistas. El problema del siglo XXI constituye un problema pavoroso para la humanidad. El mundo actual, con 3.500 mülones de habitantes, tiene la mitad de esta población hambrienta. ¿Qué será de este mundo cuando tengo 7.000 u 8.000 millones de habitantes?
Nosotros pensamos que este es un problema que no puede escapar a ningún hombre que viva en la tierra. Entendemos, además, que el problema de la superpoblación y superindustrialización, habrá degravitar sobre la comida y la materia prima, hecho que se verá agravado por el despilfarro que el mundo tecnológico moderno está haciendo, con respecto a los medios naturales de subsistenc·ia. Asimismo, estimamos que el mundo ha de ponerse de acuerdo rápidamente para encontrar una solución geopolítica, en lo que se refiere a ese gravísimo problema de la superpoblación y superindustrialización
del año 2000. El que he señalado será el único camino que permitirá vivir en paz.
La otra solución es la supresión biológica, que se puede alcanzar mediante el empleo en masa de la bomba de cien megatones, que será también una solución si la sensatez de los hombres no resuelve el problema por el otro camino. Nosotros pensamos que todos los países del mundo habrán de prepararse para llegar a un acuerdo humanístico, a fin de resolver el presente problema.
Señores: deseo manifestarles también que tuve oportunidad de conversar con algunos delegados que asistieron a la Primera Reunión de Defensa Ecológica del Mundo; que se celebró en Estocolmo. Precisamente, uno de estos delegados me manifestaba que en esa reunión, había tenido oportunidad de aprender dos cosas: en primer término,que ahí ya no se hablaba de los países, sino de la Tierra; en segundo lugar, me comentó este señor lo siguiente: "en esa reunión me di cuenta de los tontos que han sido los hombres, que durante siglos se han muerto por millones, a efectos de defender unas fronteras que sólo estaban en su imaginación".

La sociedad mundial se orienta hacia un universalismo

Estamos terminando con la improvisación, porque no sólo el País lo exige, sino que el mundo no admite otra alternativa.
Se percibe ya con firmeza que la sociedad mundial se orienta hacia un universalismo que, a pocas décadas del presente, nos puede conducir a formas integradas, tanto en el orden económico como en el político.
La integración social del hombre en la tierra será un proceso paralelo, para lo cual es necesaria una firme y efectiva unión de todos los trabajadores del mundo, dada por el hecho de serlo y por lo que ellos representan en la vida de los pueblos.
La integración económica podrá realizarse cuando los imperialismos tomen debida conciencia de que han entrado en una nueva etapa de su accionar histórico, y que servirán mejor al mundo en su conjunto y a ellos mismos, en la medida en que contribuyan a concebir y accionar a la sociedad mundial como un sistema, cuyo único objetivo resida en lograr la realización del hombre en plenitud, dentro de esa sociedad mundial.
La integración política brindará el margen de seguridad necesario para el cumplimiento de las metas sociales, económicas, científico-tecnológicas y de medio ambiente, al servicio de la sociedad mundial.
El itinerario es inexorable, y tenemos que prepararnos para recorrerlo. Y, aunque ello parezca contradictorio, tal evento nos exige desarrollar desde ya un profundo nacionalismo cultural como única manera de fortificar el ser nacional, para preservarlo con individualidad propia, en las etapas que se avecinan.
El mundo en su conjunto no podrá constituir un sistema, sin que a su vez estén integrados los países en procesos paralelos.
Mientras se realice el proceso universalista, existen dos únicas alternativas para nuestros países: neocolonialismo o liberación. Construir al mundo en su conjunto exige liberarse de dominadores particulares. Es ésta, pues, la esencia conceptual de nuestra Tercera Posición, que tendrá que ser plasmada en un
Tercer Mundo, más allá de fronteras ideológicas. La pertinacia en levantar fronteras ideológicas no hace sino demorar el proceso y aumentar el costo de construcción de la sociedad mundial.
Para construir la sociedad mundial, la etapa del continentalismo configura una transición necesaria. Los países han de unirse progresivamente sobre la base de la vecindad geográfica y sin imperialismos locales y pequeños. Esta es la concepción de la Argentina para Latinoamérica: justa, abierta, generosa, y sobre todas las cosas, sincera.

Pienso que el universalismo es algo que está mucho más cerca de todo lo que nosotros creemos, y que la defensa del futuro será otra. Es decir, no podrá ser la defensa egoísta de sectores de países. (...)

En este momento podemos apreciar que en la tierra, con cuatro mil millones de habitantes, la mitad se está muriendo de hambre.   

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