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A 65 años del bombardeo a Plaza de Mayo: el peor atentado terrorista de la historia argentina

364 muertos, 2 mil heridos, 79 lisiados permanentes.

El 16 de junio de 1955 se consumó el peor atentado terrorista de la historia argentina, cuando un grupo de efectivos de la marina de guerra y "comandos civiles bombardeó y ametralló la Casa Rosada y la Plaza de Mayo, donde se había congregado una multitud para ver lo que se suponía un desfile aéreo de esos mismos aviones. Lanzaron nueve toneladas y media de explosivos y dejaron a su criminal paso 364 muertos, 2 mil heridos, 79 lisiados permanentes. El objetivo de semejante masacre era derrocar al gobierno del General Juan Domingo Perón, aunque las versiones difieren entre quienes dicen que la idea era matarlo y quienes afirman que los golpistas pretendían tomarlo detenido. Sí está claro que la idea era matar la mayor cantidad de gente posible. Lo dice, casi con esas mismas palabras, un aviador que participó en los hechos, en el formidable documental "Cristo Vence", que la TV Pública estrenó el sábado 14 de junio.

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Los tres aparatos de la Marina de Guerra que volaban sobre la Casa de Gobierno y el Ministerio de Guerra arrojaron mortíferas bombas sobre la sede gubernamental, sobre la plaza y el elevado edificio del Ministerio de Ejército, en la calle Azopardo.

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Una de las bombas cayó de lleno sobre la Casa de Gobierno. Otra alcanzó un trolebús repleto de pasajeros que llegaba por Paseo Colón hasta Hipólito Yrigoyen. El vehículo se venció sobre el costado izquierdo, sus puertas se abrieron y una horrenda carga de muertos y heridos fue precipitada a la calle. Una tercera bomba tocó la arista nordeste del cuboide edificio del Ministerio de Hacienda, despidiendo pesados trozos de mampostería.

Junto con el mortal estrépito de las bombas prodújose una intensa lluvia de esquirlas y menudos trozos de vidrios. La violencia de la expansión del aire con la explosión provocó la rotura instantánea de centenares de vidrios y cristales en todos los edificios de ese sector céntrico. Al mismo tiempo restallaron los cables rotos de los trolebuses y mientras se oía el brusco aletear de millares de palomas que alarmaban la plaza, se escuchaban los ayes y lamentos de docenas de heridos.

Fue un momento de indescriptible y violenta sorpresa. Los cronistas que se hallaban en la Sala de Periodistas de la Casa de Gobierno vieron desplomarse el techo de la amplia oficina. Cayeron arañas sobre la mesa de trabajo y las máquinas de escribir fueron acribilladas con trozos de mampostería y vidrios. Gateando para sortear las nuevas explosiones salieron de la Casa de Gobierno, tropezando con los soldados de la guardia de Granaderos que se precipitaban por los corredores a reforzar las guardias, y se dirigieron al edificio del Ministerio de Ejército, pasando entre coches destrozados, cadáveres yertos, heridos clamantes y ramas de árboles desgarradas. (Diario La Nación, 17 de junio de 1955)

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 "Las palabras no alcanzan a traducir en su exacta medida el dolor y la indignación que ha provocado en el ánimo del pueblo la criminal agresión perpetrada por los aviadores sediciosos que ayer bombardearon y ametrallaron la ciudad". (Diario Clarín, 17 de junio de 1955)

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"Este tipo de hecho es enteramente ajeno a la historia de la Argentina moderna (...). El bombardeo del 16 de junio de 1955 explotó con una fuerza cataclísmica, por tanto, sobre una población civil condicionada por un siglo de paz y que tenía la confirmada creencia de que semejantes cosas no ocurrían en la Argentina. Se detecta en la gente no sólo el sentimiento de escándalo, sino de vergüenza de que semejante matanza de civiles inocentes pudiera haber ocurrido en el corazón de Buenos Aires".  (Martin Andersen cita un informe de la embajada de Estados Unidos en su libro Dossier secreto. El mito de la guerra sucia.)                

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La idea fue del capitán de Fragata Jorge Bassi. El jefe de la conspiración fue otro capitán de Fragata, Francisco Noriega. El contraalmirante Samuel Toranzo Calderón fue uno de los altos mandos más involucrados. Participaron más de 10 oficiales en el complot y la Marina de Guerra fue la principal arma involucrada. Los golpistas pretendían establecer una junta cívico militar. Entre los civiles habían designado a tres nombres: Miguel Ángel Zavala Ortiz (UCR), Américo Ghioldi (Partido Socialista) y Adolfo Vicchi (Partido Conservador). El propio Zavala Ortiz piloteó uno de los aviones. Varios de los jóvenes oficiales que participaron de la masacre fueron, con los años, prominentes y siniestras figuras de la dictadura iniciada el 24 de marzo de 1976. El capitán de Fragata Emilio Eduardo Massera, el capitán de Fragara Horacio Mayorga, el capitán de Fragata Oscar Montes, este último canciller de la dictadura. En el año 2009, durante el Gobierno de Cristina Fernández de Kirchner, la Secretaría de Derechos Humanos impulsó una profunda investigación sobre aquellos hechos. Escribió entonces la colega Alejandra Dandan en Página/12: "Los pilotos fugados a Uruguay fueron recibidos por Guillermo Suárez Mason, prófugo de la Justicia argentina desde su participación en el intento de golpe de 1951 y luego poderoso comandante del Primer Cuerpo del Ejército de la dictadura. Entre los pilotos y tripulantes de aviones estaba Máximo Rivero Kelly, acusado de delitos de lesa humanidad como jefe de la Base Almirante Zar de Trelew y de la Fuerza de Tareas 7 de la zona norte de Chubut. Horacio Estrada, jefe del grupo de tareas de la ESMA; Eduardo Invierno jefe del servicio de Inteligencia Naval en la dictadura; Carlos Fraguio, jefe de la dirección general naval en 1976 con responsabilidad en los centros de detención como la EMSA y la escuela de suboficiales de la Marina. También Carlos Carpineto, secretario de prensa de la Armada en 1976; Carlos Corti su sucesor y Alex Richmond, agregado naval en Asunción. De la Fuerza Aérea, Jorge Mones Ruiz fue delegado de la dictadura en la SIDE de La Rioja y Osvaldo Andrés Cacciatore luego fue intendente de la Ciudad de Buenos Aires".

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"Argentinos, argentinos, escuchad este anuncio del Cielo volcado por fin sobre la Tierra. El tirano ha muerto. Nuestra patria desde hoy es libre. Dios sea loado. Compatriotas: las fuerzas de la liberación económica, democrática y republicana han terminado con el tirano. La aviación de la patria al servicio de la libertad ha destruido su refugio y el tirano ha muerto. Los gloriosos cadetes de la Escuela Naval y los valientes soldados de la Escuela de Mecánica de la Armada avanzan desde sus respectivas guarniciones acompañados por compactos grupos populares que vitorean al movimiento revolucionario. Ciudadanos, obreros y estudiantes; la era de la recuperación de la libertad y de los derechos humanos ha llegado". (Proclama leída en Radio Mitre, tomada por los sediciosos)

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La conjura no logró derrocar al gobierno de Perón, pero lo hirió de muerte. La Unión Cívica Radical, implicada en el golpe, recién se expidió 13 días después del bombardeo, con un comunicado en el cual hacía responsable al propio Perón de lo ocurrido (sic). El 16 de septiembre de 1955, una nueva asonada militar derrocó al gobierno democrático e inició una era de 18 años de proscripción al partido representaba el sentir mayoritario de los argentinos, el mismo partido que un año atrás había obtenido el 64 por ciento de los votos en la elección del vicepresidente.  Irónicamente, el golpe se llamó Revolución Libertadora. 

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