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A 69 años del voto femenino: el recuerdo de David Viñas sobre el sufragio de Evita

El 11 de noviembre de 1951, las mujeres votaron masivamente por primera vez en la historia argentina. El escritor David Viñas estuvo presente en el momento en que votó Eva Perón, quien estaba internada en el Policlínico Avellaneda. Viñas era fiscal de la Unión Cívica Radical y, por ende, profundamente antiperonista. Ese día, algo de su antiperonismo se modificó, cuando vio a la gente en la calle, velando amorosamente por la recuperación de Eva. En una alusión poética a la presencia de mujeres con pañuelos blancos, las llama, bellamente, "Madres de Plaza de Mayo". Viñas le contó la experiencia en una entrevista televisiva al historiador Felipe Pigna. De allí extraemos este testimonio.

Estuve como fiscal opositor, es decir que era el único opositor. Quien llevaba la urna era un vigilante. Quienes aparecen en la foto son la fiscal peronista, que es una chica joven, y la presidenta de Mesa, seguramente también peronista, es una señora mayor. ¿Pues bien, quiénes estaban en la parte de arriba del policlínico de Avellaneda? Estaban todos los grandes alcahuetes, como en un friso de una película de Eisenstein. ¿Cuáles eran los grandes alcahuetes? El inefable doctor Ivanissevich, que la había operado a Eva Perón y que va a reaparecer con Isabelita. Y em ´rimer plano estaba el General, que me llamó mucho la atención porque tiene los brazos muy cortos. Ella estaba en la habitación de al lado. La vi muy brevemente. La operación que le habían hecho era feroz. Estaba sí (hace el gesto como de una persona sentada con los brazos extendidos) haciendo una montañita con la frazada, la manta, qué se yo... Me impresionó. La habían maquillado, dos círculos acá... rosados. Era como una de esas muñecas que nuestras madres, tías o hermanas ponían arriba de la almohada para guardar el camisón. Parecía esas muñecas.

Arriba era Eisenstein, con ese friso de grandes alcahuetones y serviles. Abajo hubo un travelling con la urna que llevaba el vigilante. Por las puertas abiertas se asomaban enfermeras y médicos con sus guardapolvos blancos. Al bajar a la planta baja, lluvia a cántaros, estaban las Madres de Plazo de Mayo estirando el brazo para tocar la urna. Eran los sectores populares realmente. Arriba era Eisenstein, abajo era Tolstoi. Era como caminar, cruzar desde la pared, desde el muro hasta la reja, estas mujeres arrodilladas, creyentes, respetables. Lo rescatable de esto, a mi criterio, recuperando esto, era el armazón del peronismo. Los grandes burócratas obsecuentes y los sectores populares.      

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