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El femicidio que cambió todo

Mucho más que la mujer de Monzón: Alicia Muniz, la presa política que llegó al Maipo y el plan secreto para escapar del calvario del "campeón"

Tenía 32 años cuando fue asesinada por el padre de su hijo. Su sueño de dejar al "campeón" y la voz que Monzón quiso callar.

Por Manuela Fernández Mendy

“Murió la mujer de Monzón”. Los titulares de la semana que le siguió a aquel violento día de los enamorados de 1988 en el que Carlos Monzón pasó de ser un campeón mundial a un femicida cincelan con claridad el perfil de una sociedad. Marcan una época cargada de machismo, violencia e impunidad. Hay que hacer esfuerzos para encontrar en los titulares el nombre de Alicia Muniz, ya en letra chica y en un recuadro desdibujado. Pocos hicieron foco en la víctima, en la mujer que ese domingo 14 de febrero fue brutalmente golpeada, ahorcada y arrojada en estado de inconsciencia desde un balcón en manos del padre de su hijo, Maximiliano, y de quien había sido su pareja durante nueve años. Pero para el resto del mundo, la mano que con un movimiento de pinza le produjo la muerte en menos de cincuenta segundos no fue la de su femicida, era la de del campeón.

El lanzamiento de la biopic del boxeador no hizo más que realimentar el interés por un personaje que al día de hoy divide a la sociedad. Y así, mientras algunos siguen debatiendo si el femicidio de la madre de su hijo menor es motivo suficiente para “negarle los honores del ring”, poco se sabe de ella. Alicia. Ali, como le decían sus amigos del barrio La Unión. La misma que había llegado a la Argentina a los 18 años para probar suerte como modelo y alimentar así a la familia que había dejado en Uruguay. La mujer que soñaba con ser madre y recibirse de psicóloga. La misma que meses antes de desembarcar en Buenos Aires había sido detenida por el Gobierno de facto uruguayo por su militancia política en un barrio humilde de su Montevideo natal. La mujer cuya muerte ocupó las portadas de todos los medios del mundo, pero de la que no se sabe casi nada.

Era duro entrar a la casa de Alba y Héctor después del asesinato de Alicia. Era como que se te venía de golpe todo el pasado encima"

No resulta fácil encontrar datos de su vida. Poco queda en los archivos periodísticos sobre ella. Su familia, que siempre mantuvo un marcado perfil bajo, se encerró aún más después del femicidio. “Es demasiado doloroso revivir todo esto”, repitieron de modo sistemático durante años. Ninguno de sus tres hermanos menores volvieron a hablar con los medios. Sus padres, Alba y Héctor, se abocaron a la crianza de Maxi, quien en los meses posteriores recibió la atención de un psicólogo y un psiquiatra: los veía casi a diario. Y en el living de la casa emplazaron un inmenso altar en honor a Alicia: “Era duro entrar, era como que se te venía de golpe todo el pasado encima”. Los suyos, los íntimos, la recuerdan; pero en silencio.

¿Quién fue entonces esta mujer de la que tan poco sabemos, pero cuyo violento femicidio marcó un antes y un después en la sociedad? ¿Cómo era? ¿Qué pensaba aquella jovencita de 18 años que estudiaba francés y soñaba con poder hablarlo con fluidez cuya muerte forzó la creación de la primera comisaría de la mujer del país? ¿Qué proyectos tenía Alicia Muniz cuando a sus 32 años Carlos Monzón la tomó del cuello y la estranguló? Empecemos por escribir y pronunciar bien su apellido: Muniz, no Muñiz; la "ñ" fue un error de la prensa.

"Vas a sufrir una muerte violenta, Alicia: tu futuro es negro"

Alicia, a diferencia de lo que se escribió, no era tarotista; pero sí visitaba con frecuencia a una bruja. Myriam Caprile, una de sus mejores amigas de la infancia, la acompañó una tarde. Comenzaba el año 1984. Maxi tenía dos años ya y había quedado al cuidado de Myriam. La esperaron en otra habitación. “La verdad es que yo no creía, pero ella le tenía mucho respeto al tema y una gran fascinación por quienes tiraban las cartas. Fuimos y le salió algo malo en la tirada. La tarotista le dijo algo así como que iba a tener una muerte violenta”, recuerda Myriam.

Antes de irnos, la tarotista me dijo: 'Cuidala mucho porque su futuro es negro'"

Alicia no se sorprendió: llevaba casi seis años junto a Monzón y ya lo había intentado denunciar por las golpizas que recibía. “No se lo tomó demasiado en serio. La mujer se lo relativizó un poco, le dijo que lo podía cambiar; no la quiso asustar. Pero no me voy a olvidar nunca lo que me dijo la tarotista antes de irnos". “Cuidala mucho porque su futuro es negro”, fue la advertencia de la mujer. Nadie lo imaginaba, pero Alicia brindaría sólo cuatro veces más la llegada de un año nuevo.

La noche en la que Alicia Muniz se convirtió en un desafío para Carlos Monzón

La noche en la que Alicia conoció a Monzón no le pareció gran cosa. Cenaba con amigas en el restó Los años locos de La Costanera cuando el mozo le acercó un papelito. Era de parte del boxeador. "No me acuerdo qué le había escrito, pero Alicia no le dio importancia", recuerda su amiga, quien estuvo presente esa madrugada. "No se lo tomó en serio, ni nada por el estilo. No se encandiló por él". Sin embargo, en algún momento de la noche, la uruguaya le dio su número de teléfono. Monzón la vio como un desafío. Él tenía 36 años. Se había separado hacía sólo tres meses de Susana Giménez, a quien había conocido en 1974 mientras filmaban juntos La Mary.

Monzón le mandó con el mozo un papelito, pero ella no le dio importancia. No se endandiló por él"

Ella tenía sólo 23. Casi la misma edad que tenía Monzón aquel 3 de septiembre de 1966 cuando ganó su primera pelea en el Luna Park contra Jorge Fernández. Era el comienzo de una carrera vertiginosa que lo llevó a defender en 14 oportunidades el título mundial y retirarse invicto del ring. Para Alicia, en cambio, haberse cruzado de casualidad con Monzón fue el principio del fin: una relación violenta que duró nueve años y que culminó con un asesinato.

Días después del encuentro, el boxeador visitó por primera vez en la peluquería de Alicia. Ahí se dio el flechazo. "La primera que apareció ella quedó totalmente enamorada", recuerda Myriam. Pero la conquista no fue fácil. Monzón tuvo que pelearla durante meses y, al final, lo consiguió: la pareja se instaló en el lujoso piso 17 ubicado en una torre del Barrio de Belgrano que había comprado el boxeador. Espejos por todos lados y mucho animal print en la decoración, incluso un acolchado de piel que se mandó a hacer especialmente, eran el legado visible del paso de Susana por el lugar.

Cuando Alicia conoció a Monzón, todos los Muniz vivían en el país. Ya había saboreado el éxito del teatro de revista y tenía un local con el que podía cuidar económicamente de toda su familia: no quería más. Mantenía su timidez, pero había ganado confianza: ya no sera la adolescente que había dejado Uruguay. “Para nosotros, sus amigos de Uruguay, era muy fuerte ver su cara en una marquesina en el Maipo. Algo había pasado en ese año y medio que estuvo sola en Buenos Aires que nos hizo ver a una Alicia diferente”. 

Algo había pasado en ese año y medio que estuvo sola en Buenos Aires que nos hizo ver a una Alicia diferente"

Habían pasado sólo cinco años de su desembarco en Buenos Aires. La chica que vino a los 18 a “probar suerte” como modelo, había logrado llegar al teatro Maipo y trabajar con Olmedo y Porcel. La gurisa que se sentía fea e incómoda con su cuerpo, la misma que a los 16 descubrió su belleza casi de casualidad al ganar el certamen Miss Piriápolis; no sólo había conquistado la Avenida Corrientes, sino que además había cumplido su objetivo máximo: pudo traerse a toda su familia a la Argentina.

“Venía de una familia muy humilde. Su mamá era enfermera y su papá trabajaba de albañil. Ella se convirtió en un pilar muy fuerte. Trabajó desde los 14 años y cuando pudo se los trajo a todos. Siempre se encargó económicamente de ellos. Antes de conocerlo a Monzón ya había logrado poner una peluquería y con eso vivían todos. Nunca le interesó su plata. Era muy familiera”.

Le había salido una oportunidad para modelar en Buenos Aires, pero ese no fue el único motivo por el cual dejó Montevideo. Meses antes, Alicia fue detenida por el Gobierno de facto uruguayo por su activismo social y político mientras trabajaba en el colegio San Vicente de Paul, perteneciente a la Iglesia de San Agustín y la Medalla Milagrosa. “A esa edad, uno siente que puede cambiar el mundo y hacerlo un lugar más justo. Lo que hacíamos, más que nada, era el apoyo escolar a los niños en el colegio y después en un barrio necesitado. Era una zona pobre. Teníamos, además, un cotolengo con viejitos abandonados”. Cursaba su último año de secundario. Faltaban algunos meses para cumplir 18 años, edad en la que podía quedar -de acuerdo a la metodología de la dictadura uruguaya- detenida. "Le dijeron que la iban a agarrar. Ahí fue cuando sus padres le dijeron que se fuera para Argentina". Y así fue como armó sus valijas y cumplió la mayoría de edad en Buenos Aires.

Ya en la Argentina, Alicia cambió la ayuda social por el teatro. Se convirtió sin estudiar en una de las mejores bailarinas de danza árabe de la región. Seguía estudiando francés y no había abandonado su sueño de anotarse algún día en la universidad. “Se compraba libros de psicología y estudiaba por su cuenta. Le gustaba mucho leer y escribir”. Nada de eso cambió cuando comenzó su relación con el boxeador. Pero la paz reinaría sólo nueve meses. Ese fue el tiempo que Alicia tardó en conocer a la bestia de Monzón.

La primera separación y el novio al que Alicia Muniz plantó para volver con Monzón

Estuvieron juntos nueve meses hasta que Alicia se plantó y lo dejó después de sufrir una atroz golpiza. “Tenía todo el cuerpo de color morado por los golpes. No me olvido más, porque me impresionó muchísimo”. Por ese entonces, Muniz daba las primeras entrevistas en las que hablaba de la violencia del ídolo. Pocos se sorprendieron: ya había caído preso por desfigurarle la cara a su primera mujer, María Beatriz "Pelusa" García; y los violentos episodios que sufrió Susana Giménez eran vox populi. “Me tuve que abrir de su vida para no terminar como Alicia”, reconoció años después la conductora.

Tenía todo el cuerpo de color morado por los golpes. No me lo olvido más"

Pero no era fácil decirle “no” al campeón. Él era, después de todo, Carlos Monzón, como se jactaba cada vez que se encaprichaba en público. “Dejó a su familia acá y se volvió a Uruguay. Tuvo que poner esa distancia para poder separarse. Con el tiempo, conoció a una persona. Se puso de novia y se trajo de nuevo a todos a vivir con ella. Se estaba por casar cuando reapareció Monzón en su vida”.

Era enero y Alicia iba a dar el “sí” en marzo. “Me prometió que iba a cambiar y yo creo en él. Lo amo”, les dijo a sus amigas, que no podían creer lo que estaba pasando. “Me dolió mucho que volviera con él. La había visto toda morada. No sé qué le dijo, pero la convenció y ella dejó plantado al chico con el que se iba a casar. Lo quería, pero no lo amaba; en el fondo seguía enamorada de Monzón”.

Me prometió que iba a cambiar y yo creo en él. Lo amo"

Nadie lo quería. Ni la familia de Alicia, ni sus amigos más cercanos. “Se lo decíamos pero, al mismo tiempo, aceptábamos su decisión. Su familia no lo quería, pero la apoyaba siempre”. La preocupación de su entorno se hizo sentir desde entonces. “Cada vez que hablábamos, ella nos decía que él había vivido una infancia muy dura; que le había faltado cariño. Era tan buena, que creía que con su amor lo iba a cambiar. Estaba convencida de que iba a poder cambiarlo. Decía que era como un nene”.

La llegada de Maxi, los celos y el comienzo del fin: "¡Te voy a tirar del balcón!"

Fueron pocos los “meses felices” que Alicia compartió con Monzón de regreso en Buenos Aires. Quedó embarazada el mismo mes de la reconciliación y el nacimiento de Maxi, que tuvo lugar en diciembre de ese mismo año, aplacó las cosas. La relación de sometimiento entró en lo que muchos especialistas advierten como la “meseta” del hombre golpeador. La pareja se volvió a instalar en el piso 17 de Belgrano.

Alicia es la mujer que necesitaba en mi vida”, se vanagloriaba por ese entonces el boxeador en una entrevista. “Le gusta estar a la moda y vive para su bebé. Tiene su auto y sale a visitar a sus amigas. De noche nunca sale si no es conmigo”, se jactaba. Pero la realidad era otra: Alicia no tenía la libertad de moverse como quería. Los celos del boxeador incluían a su histórico grupo de amigas. "A él no le entraba en la cabeza que nos juntáramos porque éramos amigas, siempre tenía la fantasía de que le presentábamos hombres", recuerda Myriam.

Otra de las cosas que le molestaban a Monzón era, por ejemplo, que Alicia tuviera amigas divorciadas; como era el caso de Myriam. "Me acusaba de ser un mal ejemplo, ¿cómo iba a tener a una mujer divorciada de amiga? Encima yo me había divorciado dos veces ya. Representaba todo lo que estaba mal en su mente machista". La violencia de Monzón no tardó en trasladarse al entorno de Muniz."Lo viví, nadie me lo contó: cuando se drogaba o alcoholizaba se ponía violento con cualquiera, incluso con una hormiga".

Lo viví, nadie me lo contó: cuando se drogaba o alcoholizaba se ponía violento con cualquiera, incluso con una hormiga

"Cada vez que cenaba con ellos, cuando se tomaba la quinta o sexta copa ya se ponía violento con el mozo, con cualquiera", recuerda. Cansado de la estrecha relación que Alicia y Myriam compartían desde que tenías 12 años, Monzón se cansó y amenazó a la periodista en el living de su departamento: "¡Te voy a tirar del balcón!". "Dejé de ir a la casa, me aterraba ese balcón; su altura".

Desde ese día, las amigas tuvieron que encontrarse a escondidas. Lo hacían en el departamento del barrio de la Chacarita, ubicado sobre la calle Plaza, que el boxeador había comprado luego del nacimiento de Maxi. Por ese entonces, vivían los Muniz. "Salíamos con el nene que era divino, un chiquito re inteligente. A los dos años ya cantaba todas las canciones con la madre. Un chico dulce como ella. Disfrutó mucho de su maternidad, fue algo que la hizo feliz. Después del nacimiento, todo lo hacía por y para el nene".

Sobrevivir a Monzón: el calvario que sufrió Alicia Muñiz cuando intentó dejarlo

Era de madrugada. Alicia Muñiz llegó golpeada a la comisaría. No era la primera vez que intentaba denunciar a Monzón por "violencia doméstica". Los golpes eran visibles, pero la mano del "campeón" era más poderosa. "Los milicos se le reían en la cara cuando les decía que quería denunciar a Carlos Monzón. En esa época, él era más grande que Maradona. Era una locura todo", recuerda Myriam.

Los milicos se le cagaban de risa en la cara cuando les decía que quería denunciar a Carlos Monzón"

"Siempre pasaba lo mismo. Lo llamaban y él entraba con una botella de whisky debajo del brazo. Tomaba unas copas con los milicos, les firmaba unos autógrafos y se iba como si nada. Volvía hecho una furia y la golpeaba aún más".

La maternidad, su propio hijo, fue la variable que jamás consideró Monzón. Ahora, con un nene de cuatro años que presenciaba la violencia imperante en la casa, el cuadro de situación era otro. "Lo que quería Alicia era preservarlo a Maxi y todo ya se le estaba yendo de las manos". Fue en 1986 cuando Muñiz dijo basta y abandonó el departamento que compartía con Monzón. Se instaló en el de Chacarita e intentó reducir el vínculo con su ex al mínimo. "Para ella era importante que tuviera una relación con el padre, pero el que lo usaba a Maxi de rehén era él".

No se habían casado en la Argentina. De haberlo hecho, Monzón hubiera sufrido un agravante en su condena. Pero para la Justicia de 1988, a Alicia y a Monzón no los unía nada: ni sus nueve años de relación, ni su hijo en común. Y así, la condena fue por "homicidio simple". Pese a que en el país nada los unía, sí habían contraído matrimonio en Estados Unidos. "Fue en Miami". Sin propiedades en común, el pendiente de Alicia era conseguir que Monzón le firmara un papel para poder instalarse con su hijo en Uruguay. 

El plan de Alicia era instalarse de nuevo en Uruguay. Por ese motivo, contrató los servicios del abogado Roberto Vega Lecich para que se encargara de "terminar todo con Monzón". Ese verano, su último verano, le dijo que se iba a hacer temporada a Punta del Este. Le firmó un poder y Vega Lecich nunca más la vio con vida. "Hablaba maravillas de su abogado, era un hombre joven. No recuerdo dónde lo conoció, pero sí que confiaba ciegamente en él. Durante el juicio demostró que siempre estuvo de su lado, incluso cuando ya no estaba".

La trampa de Monzón a Alicia Muñiz: "¿Querés al nene? Entonces vení a buscarlo"

Alicia se moría si no lo tenía a Maxi y Monzón lo sabía. De hecho, ella estaba desfilando en Punta del Este cuando me contó que tenía que ir a Mar del Plata". "Voy porque no me devuelve al nene y llevo treinta días sin verlo. No puedo vivir más sin Maxi y me dijo que la única forma de entregármelo es si viajo”, le explicó Alicia.

Su plan era volver el mismo domingo o el lunes a más tardar"

El viaje, a diferencia de la reconciliación que intentó instalar el entorno de Monzón, tenía como única finalidad recuperar al nene. “De hecho, ella me dijo que volvía el mismo domingo o el lunes. Había pedido incluso los días en el trabajo y obviamente se los dieron. Su intención no era quedarse, ni reconciliarse. Estaba muy enojada con él. Tampoco le gustaba que Maxi estuviera con los amigos de Monzón, sabía que estaban en drogas y esas cosas”, suma Caprile. Alicia nunca más regresó a Uruguay.

Quienes intentan instalar la teoría de la reconciliación desconocen un dato clave: Alicia había viajado, además, para conseguir que Monzón le firmara el permiso para poder instalarse con Maxi en Uruguay. Fue el golpe final para el boxeador.

Muñiz llegó en la tarde del sábado a la ciudad balnearia y se dirigió directo a la casa de la calle Pedro Zanni que había alquilado Adrián “el Facha” Martel y en la que se hospedaba Monzón. Esa noche se los vio juntos. El boxeador arrancó la "gira" en el cumpleaños número 48 de Sergio Velasco Ferrero en el restó Los Amigos y después se dirigieron al Hotel Provincial. Ese fue el momento en el que se sumó Alicia, que cautivó a todos con su vestidito tipo hindú.

El grupo tenía una mesa privilegiada en el Provincial. Pidieron siete botellas de champagne Baron B y jugaban a la ruleta. Alicia, lejos de Monzón, pasó la noche con María Eugenia Zorzenón, pareja de Velasco Ferrero. Esa noche, Monzón no paró de perder. Una y otra vez, la ruleta le daba la espalda. A pocos metros, su ex mujer, que lo miraba con absoluta indiferencia. "Este año me caso sí o sí, pero con otro", le dijo a Zorzenón. El boxeador la escuchó. La noche siguió en el Club Peñarol. Desde ese momento, lo único que se sabe es la versión de Monzón y la del taxista que los dejó en la puerta de la casa de Pedro Zanni. Ya estaban discutiendo.

Alicia no se reconcilió en Mar del Plata. Esta vez sí no había vuelta atrás, por eso creo que las cosas terminaron así"

"No creo que haya premeditado el asesinato, me parece que fue algo del momento. Pero de la misma manera, tampoco creo que Alicia se haya 'reconciliado' con él. Era algo muy típico de él decirle cosas como: 'Si te querés llevar al nene, vení conmigo y después te lo doy Estaba muy enojada y convencida. Esta vez sí no había vuelta atrás, por eso creo que las cosas terminaron así'", analiza a la distancia Myriam, quien se encontraba en Montevideo cuando se enteró de la noticia de la muerte de su amiga. "Lo primero que pensé fue: 'La mató Monzón'".

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