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Así escribe Louise Glück: cinco poemas de la flamante ganadora del Premio Nobel de Literatura

La Academia destacó su "inconfundible voz poética que, con una belleza austera, torna la existencia individual universal".

El Premio Nobel de Literatura 2020 le fue otorgado a la poeta estadounidense Louise Glück. Así lo anunció esta mañana la Academia sueca. La Academia destacó su "inconfundible voz poética que, con una belleza austera, torna la existencia individual universal".

 

En sus primeras declaraciones al enterarse del premio, Glück dijo que era "un gran honor" , la ganadora del Premio Nobel de Literatura 2020. Adam Smith, director científico de Nobel Media, le informó la noticia. quien, mediante una llamada telefónica, le informó la decisión de la Academia Sueca y al preguntarle qué significaba el premio, la poeta estadounidense señaló: "No tengo ni idea. Mi primer pensamiento fue 'No tendré amigos' porque la mayoría de mis amigos son escritores. Pero luego pensé 'no, eso no sucederá'. Es demasiado nuevo, sabes... no sé realmente qué significa".

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Glück nació en 1943 en Nueva York, vive en Cambridge, Massachusetts y es profesora de inglés en la Universidad de Yale. 

"Quiero decir que es un gran honor, y luego, por supuesto, hay destinatarios que no admiro, pero luego pienso en los que sí, y algunos muy recientes. Creo que, prácticamente, quería comprar otra casa, una casa en Vermont, tengo un condominio en Cambridge, y pensé 'bueno, puedo comprar una casa ahora'. Pero sobre todo me preocupa la preservación de la vida diaria con las personas que amo", expresó.
Le pidieron que recomendara libros suyos a quienes no la conocían. Glück sostuvo: "Los libros son muy diferentes unos de otros. Sugeriría que no lean mi primer libro a menos que quieran sentir desprecio, pero todo lo que sigue a eso creo que es de algún interés. Me gusta mi trabajo reciente. Yo diría que 'Averno' sería un lugar para comenzar, o mi último libro 'Faithful and Virtuous Night'".
La escritora habló solo dos minutos con Smith. Le dijo que tenía que tomar un café. "Es perturbador, el teléfono suena todo el tiempo. Está sonando ahora, chirriando en mi oído".
Smith le hizo una pregunta demasiado profunda para el horario en el que la formulaba: las 7 de la mañana. Le preguntó por el valor de la experiencia vivida a la hora de hablar de eventos o situaciones. Glück le respondió que eso es "demasiado grande", que estaba "segura" que había "cosas para decir" y que tendrá ideas pero que era "demasiado temprano; apenas son las siete en punto".

Aquí te dejamos cinco poemas, para que empieces a conocerla, si es que aún no la leíste. 

 

Semejanza final
 
La última vez que vi a mi padre ambos hicimos lo mismo.
Él estaba parado en la puerta de su habitación,
esperando que yo acabase de hablar por teléfono.
Que él no estuviera pendiente a su reloj
era una señal de que quería conversar.
 
Conversar para nosotros siempre significó lo mismo.
Él decía algunas palabras, yo decía unas de vuelta.   
Y en eso consistía. 
 
Casi terminaba agosto, hacía mucho calor, mucha humedad.
Al lado los trabajadores arrojaban gravilla fresca  en la marquesina.
 
Mi padre y yo evitábamos estar solos;
No lográbamos conectarnos, hablar por hablar.
Era como si no existieran
otras posibilidades.
Así que esta era especial: cuando un hombre se esta muriendo,
hay de qué hablar.    
 
Debe haber sido temprano en la mañana. De un lado a otro de la calle
los aspersores empezaron a funcionar. El camión del jardinero
apareció al final de la cuadra
hasta que se detuvo para estacionarse.
 
Mi padre quería contarme cómo era eso de morirse.
Dijo que no estaba sufriendo.
Dijo que se había quedado esperando el dolor, aguardando, pero nunca vino.
Lo único que sentía era una especie de debilidad.
Le dije lo mucho que me alegraba, que me parecía que tenía suerte.  
Algunos de los maridos se subían a sus carros para ir al trabajo.
No gente que conociéramos. Nuevas familias,
familias con niños pequeños.
Las amas de casa se paraban en la marquesina, gritando o haciendo ademanes. 
 
Nos dijimos adiós como acostumbrábamos,
Sin abrazarnos, nada dramático.
Cuando el taxi vino, mis padres lo observaron desde la entrada,
Agarrados de las manos, mi mamá tirando besos como suele hacer,
ya que le molesta cuando una mano no se está usando.
Pero por primera vez, mi padre no sólo se quedó parado ahí.
Esta vez saludó. 
 
Eso mismo hice yo en la puerta del taxi.
Como él, saludé para esconder el temblor de mi mano.

  

 Confesión
 
Mentiría si digo que no tengo miedo.
Le temo a la enfermedad, a la humillación.
Como todo el mundo tengo mis sueños.
Pero he aprendido a esconderlos,
a cuidarme a mí misma
de la plenitud: cualquier felicidad
atrae a las Furias del Destino.
Son hermanas, salvajes.
No poseen ningún tipo de emoción,
 
sólo envidia.
 
Fantasía 

Les voy a contar algo: la gente muere
a diario. Y eso es sólo el principio.
Cada día las funerarias están dando a luz
nuevas viudas, nuevos huérfanos.
Sentados con las manos juntas,
tratan de dilucidar esta nueva vida.

Luego están en el cementerio, algunos
por primera vez. Tienen miedo de llorar,
algunas veces de no llorar. Alguien se aproxima,
les explica lo que deben hacer ahora,
que podría ser dar un breve discurso
o arrojar tierra a la tumba abierta.

Y tras esto, cada uno retorna a la casa
que está de repente llena de visitantes.
Imponente, la viuda se sienta en el sillón,
por lo que la gente se le va acercando en fila,
en ocasiones toman su mano, en ocasiones la abrazan.
Ella tiene palabras para todos,
les agradece, les agradece su presencia.

Aunque en su fuero interno quiere que se larguen.
Quiere estar de vuelta en el cementerio,
de vuelta en el lecho del enfermo, en el hospital.
Ella sabe que es imposible. Pero su deseo de retroceder,
es su única esperanza. Y sólo un poquito,
no hasta llegar al matrimonio o al primer beso.
 
 
Santas
 
En nuestra familia había dos santas,
Mi tía y mi abuela.
Pero sus vidas fueron distintas.
 
Mi abuela era tranquila, incluso al final de su vida.
Ella era como una persona andando en aguas  calmadas;
Por alguna razón
El mar no se atrevía a hacerle daño.
Cuando mi tía tomó el mismo camino,
las olas rompieron contra ella, la atacaron,
que es la forma en que El Destino
le responde a quienes tienen una
verdadera naturaleza espiritual.
 
Mi abuela fue cuidadosa, conservadora:
de ese modo ella evitó el sufrimiento.
Mi tía no escapó de nada:  
cada vez que el mar se retiraba,
alguien que ella amaba era arrastrado lejos.
 
Aún así, ella no experimentó
el mar como algo maligno. Para ella, era lo que era:
tan pronto tocaba la orilla se volvía violento. 
 
 
Amor perdido 
 
Mi hermana pasó gran parte de su vida en la tierra.
Ella nació, ella murió.
En el medio,
ninguna mirada de atención, ninguna oración.
 
Ella hizo lo que lo bebés hacen,
lloró. Pero no quería que la alimenten.
Aun así, mi madre la abrazaba, intentando cambiar
primero su destino, luego la historia.
 
Algo cambió: cuando mi hermana murió,
el corazón de mi madre se volvió
muy frío, muy rígido,
como un pequeñito pendiente de acero.
 
Entonces me parecía que el cuerpo
de mi hermana era un imán. Podía sentir cómo
acercaba el corazón de mi mamá a la tierra,
para que creciera. 

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