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Aviones, asesinos y nazis esotéricos: el alucinante mundo de un extraño y genial escritor argentino

Carlos Busqued: de los héroes de Malvinas a las puteadas a Macri. 

Por Daniel Riera

Carlos Busqued publicó hasta ahora dos libros, Bajo este sol tremendo y Magnetizado, y le bastaron y sobraron para establecerse como uno de los escritores argentinos más importantes y respetados. La primera es una novela sobre la vida de Cetarti, un muchacho que fuma porro, mira la tele y de pronto se entera de que su madre y su hermano fueron asesinados. El segundo es un libro de "No Ficción" o como quiera que se llama la historia bien real de Ricardo Melogno, un hombre que mató a cuatro taxistas en 1982 y hasta hoy no sabe por qué. Todo diálogo con Busqued es una invitación placentera a olvidarse de que hay un grabador encendido, a dejar fluir, a aprender de lo que sea, de aviones, de religiones, de lo que sea. Eso intentamos en esta nota.  

-¿Qué estás leyendo?

-Volaron para vivir, de Claudio Meunier. Un libro excelente que tiene el relato de todas las operaciones aeronavales en Malvinas. Claudio es de los pocos antikirchneristas con los que me hablo porque el guaso es muy serio, no hablamos de política jamás. Hablamos riéndonos de la ideología del otro, porque de lo que hablamos posta es de aviones y esas cosas. ¿Te conté que tengo un pedazo de turbina de avión?

-No.

-Me lo regaló Claudio,  porque lo ayudé a redactar otro sobre voluntarios argentinos en la Segunda Guerra. Y como no le cobré me regaló un pedazo de turbina de un F9, un Panther. Yo cada tanto agarro un pedazo y digo “Este estuvo quemando combustible sobre Corea, probablemente”. Claudio, por ejemplo, me lo presentó a Owen Crippa, el tipo que atacó la flota primero... Viste que está la historia de que San Carlos era el último lugar donde pensaban que iban a desembarcar los ingleses. Lo único que dejaron ahí fue un puesto de vigilancia de un tipo con dos colimbas que un día ven pasar unos barcos y dicen “Che, hay dos barcos acá”. Entonces lo mandan a Crippa a que vea qué eran esos barcos. En la aviación de combate vuelan dos aviones siempre, no hay manera de pensar que sale uno solo. Bueno, a este tipo lo mandaron solo. Y él hace un vuelo rasante: para cuando sale a Bahía San Carlos, el guaso se encuentra en el medio de toda la flota inglesa. Se pega al mar, vuela entre los barcos para que no se tiren entre ellos y al último barco, antes de salir, le tira unos cohetazos. Encima con un avión italiano que era una poronga, un Aermacchi. Después de atacar por primera vez a la flota británica -la flota recibe su primer ataque aeronáutico ahí- el tipo no es que se va, sino que levanta, se pega una vuelta y anota en el anotador todas las posiciones de los barcos. Lo podrían haber recontracagado a tiros y el guaso anotó todo. El tipo odia a los superiores. Siempre que habla de los superiores habla pésimo, porque lo echaron de la fuerza. Él dice: “Yo anoté bien los barcos porque sabía que había unos estúpidos que no me iban a creer”. Y por ejemplo, en este libro está contado cómo lo echan a Crippa de la fuerza. Él estaba destacado en las islas porque esos aviones podían despegar desde las islas. Cuando los ingleses desembarcan, él agarra con unos colimbas -porque dormía debajo de la cabecera de la pista, durmió en el barro durante toda la guerra- y se ponen a cavar unos pozos, a armar unas defensas para cuando vengan los ingleses. Y el mismo tipo que lo había mandado solo, dice “¿Qué están haciendo acá?” “No, vienen los ingleses, estamos cavando como para aguantársela un rato”. Y el jefe les dice: “No, dejen todo esto porque apenas aparezca el primer inglés el primero que se rinde soy yo”. Entonces Crippa saca una pistola y le dice delante de los pibes “Vas a hacerme mierda acá, pero te voy a cagar matando”. Por eso después de la guerra le hicieron un juicio y lo echan de la fuerza. El tipo es piola, es un aviador naval, que teóricamente son los más fachos de todo el planeta. Y sin embargo no, este es piola, y odia mucho a su superioridad.

-Desde niño te interesan las guerras, ¿verdad?

-Leía muchos libros de la Segunda Guerra, porque me gustan las máquinas. Para mí el diseño de máquinas, y en especial de aviones de la Segunda Guerra y hasta los años 60, me parece lo más lindo que se haya hecho. Me atraen mucho las máquinas y muchas cosas que cuentan los tipos que iban arriba de eso me matan. Y Malvinas me gusta porque fue lo más parecido que tuvimos a situaciones de grandeza en nuestra gente. La guerra de Malvinas desde el vamos estaba hecha por unas Fuerzas Armadas que eran fuerzas de ocupación de su propio territorio contra un gobierno neoliberal que disimulaba con la guerra el malestar que estaba provocando en la gente. Y esta era una guerra diseñada para perderse, y sin embargo la gente a la que metieron ahí hizo cosas gigantescas. Los tipos que tiraron un Exocet desde las islas armando una instalación de tiro ellos. Estuvieron quemándose la cabeza con ensayo y error porque les habían cortado todos los víveres para descifrar el misil. Hay una cosa que se llama Chaff. Cuando a vos te tiran un misil infrarrojo, el misil va a la tubera de escape, que es el punto más caliente del motor. Entonces se tiran una especie de bengalas, que son unas tiritas de aluminio y magnesio, que tienen más temperatura. Eso es el Chaff, vos tirás eso y eso desvía el misil. Los aviones Canberra argentinos no tenían eso. Entonces un tipo en Paraná, que era la base de los Canberra, se puso a investigar cómo hacer los Chaff  y no tenían cómo cortar las tiritas de aluminio. Así que las empezaron a cortar con una Pastalinda (máquina casera de hacer fideos) y la Pastalinda usada está hoy en el museo de la Brigada Aérea. O sea, hubo gente que esquivó misiles con una cosa hecha con Pastalinda. Es muy alucinante, también, cómo deformaban las bombas para que pudieran explotar adentro de los barcos, o esos tipos que armaron un tractor con unas coheteras…

-No sabía. ¿Cómo fue eso?

-Se les venían los ingleses y estos tipos  estaban en bolas. Aparte eran milicos de la Fuerza Aérea, ¿me entendés? No son tipos que están a los tiros, son tipos que vuelan aviones, y de repente tenían que improvisar una cosa para defenderse. Tenían coheteras de Pucará que ya no andaban, porque los ingleses les habían roto todos los Pucará. Entonces andaban con un tractor…

Incluso tenían una carretilla. Tenían la carretilla misilística y el tractor misilístico: eran dos coheteras y andaban los tipos arriba del techo de un tractor tirándole cohetes a los ingleses. Le daban contactos con unos cables, con una batería. Y los locos que contaban las bombas, también...

-¿Cómo que contaban las bombas?

-Había uno que fue el piloto más joven del Pucará. El guaso contaba que ellos contaban las bombas. “Escuchábamos cuando los barcos tiraban, veíamos dónde caían, si silbaban o no. Si silbaban o no significaba si te caían o no. Ellos veían los dos primeros tiros, y hacia dónde venían en una tanda de diez. De esta manera, cuando ves caer los dos primeros, establecés la regla de dónde van a caer los otros. Un día se equivocaron y quedaron en medio de una tanda de fuego naval.  El guaso contaba que queda en el medio de eso, empiezan a caer las bombas y él se tapa con la bolsa de dormir. Y entonces piensa “No, esto no me tapa nada, y encima si me mata van a pensar que estaba como un pelotudo con la bolsa de dormir”. Entonces se saca la bolsa de dormir y observa el bombardeo… Me dice: "Vos veías un pedazo de hierro que pasaba rojo, y caía en un charco, psshhh...",  como si fuera una fragua, todo en cámara lenta. Me alucinan esas historias, medio universales: el tipo que está en un entorno que no puede manejar. Yo volé mucho de chico. 

-¿Sabés pilotear un avión?

-No, pero mi viejo era piloto. Volaba todas las semanas. Mi viejo me dejaba pilotear el avión y yo boludeaba, pero una vez que estás arriba es fácil: el tema es aterrizarlo y levantarlo. Aterrizarlo sobre todo. Hay cosas que me alucinan del mundo aéreo.

-¿Y por qué no escribís sobre estas cosas?-

-Es que ya hay gente que sabe. Este tipo que te cuento, por ejemplo, Meunier, sabe mucho. Anoche fue la primera vez que creo le pude dar un dato, sobre un avión ruso. Vos sabés que los comunistas hacen el primer bombardero de ocho motores a principios de los 30: el Máximo Gorki. Si bien era un avión de transporte civil, era una manera de decir “A eso le pongo bombas y llego a cualquier lado”. Era como un hito en la tecnología de la época. Los comunistas lo habían adecuado como aparato de propaganda para ir por todas las ciudades de Rusia, y tenía una imprenta, todo un sistema de propaganda, y era en sí mismo la propaganda de la industria rusa. Cuando presentan ese avión, que era lo más grande que había en ese momento, el vuelo inaugural lo hacen con todos los técnicos y con las familias de los técnicos que habían construido el avión. Tenían que sacarle una foto por motivos propagandísticos. Había un biplano muy chiquito que era el caza que usaban ellos. ¿Viste los aviones de la guerra Civil española? Hay unos chatitos, rusos, que los usaban los republicanos. Bueno, era uno de estos. La idea era sacarles una foto juntos, mostrar lo chiquitito que era ese para mostrar lo grande que era el otro. Uno de estos avioncitos estaba piloteado por un tipo que se llamaba Nikolai Blagin, y le dicen que estaba muy cerca el avión, que se separe, y el tipo dice “Les voy a demostrar lo gran piloto que soy”, y se pone a hacer un looping alrededor del ala del avión este, con tanta mala suerte que cuando está boca abajo, arriba del ala se le planta el motor y cae sobre el ala del otro, y después se va arrastrando y va  rompiendo todo el avión y va cayendo todo. Como el tipo se llamaba Blagin, desde ese momento hay una palabra rusa que es Blaginism, que sos un blaginista, como que te quisiste hacer el picante e hiciste concha todo. Esa se lo cuento y él no lo sabía, así que tengo que fotocopiar el libro y llevárselo. Un día él me pregunta:

-Che, ¿vos volaste?

Y ahí le cuento…

-¿Y biplano volaste?

-No, había un Flit en Sáenz Peña, pero era privado, no lo volaba la gente del aeroclub sino el dueño.

Y el tipo tarda un minuto, un minuto y medio y me dice “Ah, ese Flit tenía matrícula no sé cuanto”… El tipo tiene una base de todos los aviones que hubo en el país. Y sabe… El mes pasado veo una foto del Museo Naval de Morón, y veo que hay un Storche, que es un avión muy flaquito que usaron mucho los alemanes, un avión que despegaba en 100 metros, que es el avión en el que lo rescatan a Mussolini,. Y entonces le digo: “Che, tienen un Storche en el museo de Morón, quiero ir a ver eso”… Y me dice “No, no es un Storche” O sea, es un Storche, pero es un curro de unos canadienses que se encontraron con una serie de Storche sin motor –y es cierto, los Storche tienen motor lineal y este tiene motor radial- los motorizaron ellos y los vendieron para usos rurales. El guaso sabe esos detalles. Una vez me dice “Venite mañana al Cementerio Británico, que voy a enterrar a este tipo, y vos sabés que fui y fue algo increíble. Hay un as francés de la Segunda Guerra Mundial, Pierre Clostermann, que cuando Francia estaba invadida volaba con los ingleses y el jefe de él era un argentino.

-Te sigo...

-¿Viste la película El gran escape? El personaje que Steve McQueen hace es un tucumano [Se refiere a Kenneth Charney, argentino y descendiente de ingleses]. En la historia real fue un tucumano. Ese era un campo de concentración donde concentraban a tipos de las Fuerzas Aéreas, pilotos y tripulantes en unas condiciones espantosas. Estos se enteran por inteligencia a los 15 días  que había sucedido este escape en Alemania, y una semana antes había caído un espiritista a contarles todo, A los ingleses se les había aparecido el fantasma en la casa de este tipo recién muerto y les había contado todo. El espiritista decía que estaba recién muerto, porque se le apareció de día y el fantasma le preguntaba si era de noche. Estaba confundido porque estaba recién muerto (risas). Pierre Closstermann tiene un libro que se llama El circo Volador, y arranca contando que cuando se termina la guerra él entra al bar del campo de aviación donde volaba, y estaba este argentino escabiando retriste, reenculado porque había terminado la guerra. Y le preguntan ¿Qué pasó? Y este dice: Loco, no nos necesitan más. Y él tipo murió de escabio, borracho, en Cayena en el 81. Y este gordo [Meunier] lo fue a buscar, juntó los huesos en una caja, se los llevó a Barcelona y de Barcelona los trajo acá. Los pilotos del Jumbo de Iberia que lo traían se enteran que estaban los restos de este tipo y volaron todo el viaje con los huesos en la cabina. Y cuando lo entierran acá había oficiales de la RAF, de uniforme, y pilotos argentinos que habían peleado en Malvinas cantando los dos himnos en la capilla del cementerio inglés ahí al lado de Chacarita, mirándose de reojo. ¡No sabés lo tenso que era todo! Había milicos argentinos, ingleses y unos escoceses con polleras tirando tiros de salva con unos rifles de la Segunda Guerra. En fin, estoy hablando al pedo, borrá todo a la verga si querés…

 -No, está buenísimo…

-Tengo pensada una ficción con gente de Malvinas, con aviadores, porque se supone que los tipos como que debieran estar todos traumados y no es tan así. Son tipos que si bien no están del todo normales conservan un gran sentido del humor. Al primer milico de Malvinas que yo conocí lo conocí en esta radio [la radio de la UTN], que era una radio donde nosotros pasábamos a John Zorn a las dos de la tarde, discos enteros, y teníamos también programas de folklore, y un tipo que hacía folklore de Salta, le fui pescando cosas. Me dijo “Mi viejo era milico de la Fuerza Aérea”, entonces le pesqué algunos detalles. Un día lo veo en una foto con una campera de vuelo con los abrojos pero sin las insignias. Estaba hojeando una revista Aeroespacio que decía “Tripulaciones de Canberra en Malvinas”, lo único que tenía era los bigotazos de milico, pero era él. Y le digo: "Pagano, ¿usted voló Canberra en Malvinas?" Y él me cuenta que sí. El guaso cuando terminó la guerra se había ido a estudiar Ciencias Políticas. Otro día nos ponemos  a hablar de Chesterton y yo tiro algo sobre su catolicismo, yo leí nada más El candor del padre Brown, y el tipo me dice “No, pero si vos querés ver el catolicismo de Chesterton tenés que leer "La cruz y la esfera”… Hermoso personaje. Capaz algún día escribo algo sobre Malvinas, pero por ahora no.

-¿Y qué estás escribiendo ahora?

-Una novela, que con mucha suerte tengo una versión fea para fin de año. Todavía no sé bien dónde termino de ir, pero es un grupo de nazis esotéricos vinculados con Nimrod, un escritor de Rosario, y me imaginé a tres tipos que tuvieron tres grados de involucramiento con el personaje… Sería largo y muy disparatado de explicar, pero para esta gente Hitler está en la Antártida, pero en modo astral, no físicamente. Hay instalaciones semifísicas, que no se las ve porque están ocultas por camuflaje psicoaéreo. Son tres tipos que tuvieron una banda tipo Residents, oscurísima, pero con letras nazis, no antisemitas sino esotéricas. Con mitología de los seres superiores desconocidos…  Este Nimrod de Rosario en 1984 sacó un aviso que decía "¿Usted odia el mundo? Venga con nosotros que lo va a odiar mejor." Eran odiadores del mundo. Tuvieron una banda, se separaron y el que se tomó más a la ligera todo eso dice que los otros dos desaparecieron porque se dedicaron a adorar a Satán. Y en realidad los tipos no desaparecieron, sino que se comprometieron porque la secta se puso, digamos, más seria, y el otro, que era un tarambana, se quedó afuera. La secta a mediados de los 90 hace un atentado al subte de Córdoba, que esto es una invención, porque los hechos transcurren en una Córdoba extraña, donde hay subte. Los tipos hacen un atentado con ácido cianhídrico, que es Zyklon B, que era un gesto antes de ponerse a trabajar con Hitler que iba a volver dentro de 100 años a terminar con esta era. Uno de estos dos no se anima a abrir su caja de veneno. Lo dejan afuera de la secta y empieza un derrotero de locura. Y el otro sigue en la secta y diez años después está por hacer un último atentado, un último gesto, antes de que lo pase a buscar un plato volador. […] Quiero hacer una mezcla de Big Lebowski con nazis y esa cosa medio paranoica de El almuerzo desnudo.

-¿Qué es lo más raro que te compraste en la Feria del Libro?

-Una taza en el stand de los espiritistas, que conmemora los 100 años de la Escuela Científica Basilio. Ricardo [Melogno] me contaba del templo que iba él y que iban el Sargento Cabral, San Martín...

-Claro, siempre van jetones a ver a los espiritistas…

-Sí, nunca uno que te diga: “Yo era bancario, me jubilé bien…” Se ve que los mediocres están más en equilibrio y no quieren volver a pisar por acá (risas)...

-Claro, como mínimo son los espíritus amantes de Julio César...

-Por eso es más creíble el umbanda, porque a lo mejor se te aparece un esclavo... 

-Había una revista espiritista, que capaz en la tapa te sacaban una entrevista a Marilyn Monroe, hecha en 1980…

-Claro, es que no tenés límites (risas). Podés preguntarle a Atila qué opina de la época argentina actual. Vos sabés que para sacarle charla a Ricardo, porque él no hablaba del tema religioso, me leí un par de libros sobre religiones. Viste que el espiritismo estuvo en auge como religión "científica" a fines del siglo XIX y comienzos del XX, a un nivel que la iglesia católica se preocupó por hacerle campañas en contra, porque le estaba sacando un gran porcentaje de creyentes. Por ejemplo, Cuba era un lugar con un gran desarrollo espiritista y eso se fue quedando, pero en una época el espiritismo era lo más de lo más, una cosa muy moderna. ¿Te acordás del autor de Sherlock Holmes?

-Arthur Conan Doyle…

-Bueno: Conan Doyle, Houdini, todos esos estaban a full con el espiritismo.

-¿Lo seguís viendo a Ricardo?

-Lo vi hace 15 días. Le llevé una computadora como para que vaya arrancando. Está bien, me parece que lo están drogando menos. Le dan Halopidol, porque le tienen un poco de miedo, pero él ya está en una casa de medio camino, sale cada tanto, pero creo que le están dejando espabilarse un poquito más. Yo le había regalado una tablet y si bien se las arregla, pensá que durante 30 años él no vio ninguna máquina, así que todavía le cuesta. Y le dije “Si querés yo tengo una netbook que anda muy bien”. Le puse un montón de música, le puse películas, y le di una serie de instrucciones para aprender a usar el Word, por si quería escribir. Lo primero que escribió fue: “Ricardo Melogno: loco con computadora”

-No es que esté descubriendo la pólvora, pero lo más interesante del libro sigue siendo esa especie de “crimen perfecto”, pero de manera lateral. Es decir, todavía no sabemos el móvil…

-Claro, se le escapa hasta a él…

-¿A él le atormenta, o lo tiene sin cuidado?

-Desde que está fuera de la cárcel no pude volver a hablar a solas con él. Había decidido no volver a hablar de los crímenes con él, no traerle a esta nueva etapa un poquito más luminosa de su vida, o por lo menos no carcelaria, el recuerdo de sus crímenes. Cuando voy le llevo cigarros para que fume, creo que se sensibilizó bastante. Y como está con un asistente terapeútico, trato de no hablarle de cosas densas  por ahora… Si bien es un psiquiátrico y es medio deprimente, tiene linda hotelería, está mejor… Lo justo, creo que Ricardo se lo merece, es que le flexibilicen un poquito más el régimen. Estaría bueno que tuviera derecho a una vidita tranquila. Él tiene cero demanda de nada, no te pide nada. Una vez estuvo sin plata, yo no había ido a verlo en tres o cuatro meses porque se había puesto muy restrictiva la política de visitas.  Yo fumo unos toscanos Avanti que empecé a fumar para fumar menos porro, y no me acuerdo por qué no le ofrecí, porque nunca le había ofrecido,y me fumo uno de esos delante de él. Y después caigo en la cuenta de que él no había fumado, y él fuma como un escuerzo. Y no me dijo nada. Llevaba dos meses sin fumar porque le habían cortado una pensión que tiene y se había quedado sin guita. Eso me lo contó después la asistente social, pero él no me dijo “Che, estoy sin guita, che no me convidás un cigarro”. Vos ves que el tipo se divierte con vos, que le gusta que haya gente, pero no es que esté viendo qué le vas a traer.

-¿Por qué te enojaste tanto con la película ("El otro hermano", basada en "Bajo este sol tremendo")?

-Fue el punto más alto de mi enojo con la literatura. Fui un cliente muy sincero de la literatura. Yo leía para disfrutar, nunca leí en función de comentar cosas con otro, era un mundo mío. Y aparte era muy fan de tres o cuatro tipos que tradujo Anagrama: esos tipos eran lo que yo quería ser. Entonces a mí con la literatura por un lado me pasó todo lo que yo quería. No me escribe cualquier editor: me escribe Jorge Herralde, a decirme “Che, me gustó tu novela”, que es el tipo que yo sé que estuvo con Lawrence Ferlinghetti en City Light Books, y Ferlinghetti le dijo “Che,este es Bukowski", y el otro lo tradujo al castellano. Que ese tipo apreciara lo que yo hice me hizo un bien irreversible, un bien para siempre. Todo lo malo que me pase de ahora en adelante no podrá borrar eso. De allí la desilusión de que eso no te salve. Yo pensé que eso era la salvación. Entonces te dicen que van a hacer una película con un libro tuyo y vos te imaginás que con eso te vas a comprar un departamento y no pasa eso. Segundo: yo pensé que iba a haber actores más chotos. Pero cuando veo que tienen guita para pagarle a Leonardo Sbaraglia, digo La concha, me podrían haber puesto unos mangos más. Todo eso sumado a que la arruinan por falta de ideas, me digo Por qué no me hablaron y de paso me ganaba unos mangos” Y por qué creyeron ellos que eran mejores que yo?

-Ahí hay un equilibrio delicado, porque el director te puede decir “Perfecto, es tu novela pero es mi película”…

-Así es. Por eso te hablo del cénit de mi enojo. Estaba más enojado con mi falta de salvación, no tanto con la película en sí. Aparte viste que era la gente de Palermo, la que vos quisieras que se muriera toda, la gente que está haciendo cosas con vos. Eso es feo. Un tipo que tiene un padre rico y por eso puede hacer cine, eso me molestaba… Superado el tiempo, no tengo ningún enojo. Me acuerdo de un cuento de Bukowski donde se arrepiente de haber vendido los derechos, y cuenta que le habían traído una pendeja de 16 años y que él no se la había cogido, pero había firmado por eso, y que en ese mismo cuento cuenta que Burroughs estaba completamente borracho caminando en cuatro patas, a las puteadas porque había vendido por dos mangos los derechos de El almuerzo desnudo. Así que ya puedo decir que me cagaron igual que a ellos. Y me han pasado un par de cosas que están muy bien: me escribió City Light Books para traducir Magnetizado al inglés. Ya apareció otra que puso más plata, así que pude decirles que no (risas). Esas cosas me llenan, así como te digo que puteo y me molesta todo lo el tema de la guita, porque en la literatura se manejan unos montos miserables y tenés que andar estableciéndote como si fueras un profesional del asunto, rogando con la Afip, Yo había sido muy inocente y había esperado demasiado de esto. Entonces tenía una sensación de “Che, loco, hice lo mejor que pude y no me salvan”. La próxima vez trataré de pedir más que todos los demás. Y con la película, bueno, yo usé alguna vez esta imagen, pero está bien: “Loco, yo te hice una suprema a la napolitana con fritas, con condimentos, y vos le sacaste las papas, la salsita y el queso y estás contento porque hiciste una milanesa de mierda". 

-Conozco mucha gente que te conoce como tuitero, pero no tiene ni idea de que escribiste libros…

-Sí, me pasa eso.

-¿Hay un filo en la escritura breve de los tuits? ¿Le ves alguna posibilidad o es sólo un divertimento?

-No, es así, es otra cosa que me puteo porque sé que hay gente que le ha sacado algún provecho y yo nada. Estoy terminando una época: 10 años –que en realidad serían unos 15 porque empezaron un poco antes de escribir Bajo este sol tremendo- que con suerte voy a terminar con tres libros. Mi plazo es fin de año: hay que ver si llego, y después quiero una vida tranquila. Si después voy a escribir algo, quiero escribir desde la tranquilidad, no desde aspirar a lo absoluto. Esto lo hablo en terapia: a veces pienso que quiero hacer algo absoluto y eso es muy paralizante. A la vez siento que es el único deseo que vale la pena. Twitter es medio el pensamiento continuo, el que no tiene esperanza de trascendencia, es como si estuvieras comentando un programa de tele con otro que está al lado. Puede despertar cierta simpatía, pero no creo ni que tenga trascendencia ni que le pueda sacar algún provecho. Me hace conocido entre alguna gente, ese sería un provecho. Ahora tuiteo un poco más desde el teléfono porque tengo un aparato como la gente, pero antes tenía unos teléfonos cadorcha sin Internet ni nada. Entonces tuiteaba únicamente desde la computadora en casa mientras trataba de escribir.

-Bueno, también es un modo de intervención política.

-Puede ser sí, lo que pasa es que putearlo a Macri todos los días me parece muy modesto como intervención política, pero ponele, me dignifica un poco.

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