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Cara a cara con un psicópata: Matías Bagnato y el reencuentro con el asesino de su familia

La última vez que Matías Bagnato estuvo cara a cara con el asesino que prendió fuego a toda su familia tenía sólo 16 años. Fue durante una de las audiencias por el juicio que culminó con la condena a perpetua de Fructuoso Álvarez González. Corría el año 1995 y habían pasado sólo diez meses desde aquel 17 de febrero en el que tuvo lugar la hoy llamada “Masacre de Flores”.


Matías Bagnato enfrentará en abril al asesino de toda su familia.

En un mes y medio, Matías se enfrentará de nuevo al asesino de su familia. Lo hará en el marco de una audiencia judicial que definirá si la sala número 1 de Casación –a cargo de María Laura Garrigós de Rébori, Gustavo Alfredo Bruzzone y Luis Fernando Niño- acepta el extrañamiento –extradición a su país de origen, España- solicitado por la defensa del condenado homicida.

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Fructuoso Álvarez prendió fuego y asesinó en 1994 a toda la familia de Matías Bagnato.

Es la primera vez en 24 años que Matías volverá a ver la cara del hombre que solía amedrentarlo durante su infancia con llamados intimidatorios y que un día cumplió su siniestra amenaza: asesinó a su papá, José (42); su mamá, Alicia Plaza; sus hermanos Fernando (14) y Alejandro (9); y a Nicolás Borda, un amiguito que aquella noche se había quedado a dormir en la casa de los Bagnato.

Así amaneció la casa de los Bagnato luego de la masacre.

“No sé cómo voy a reaccionar”, reconoce compungido Matías en diálogo con BigBang. “Pero es importante que vaya, necesito que los jueces me escuchen y entiendan el calvario que vivo todos los días. En especial, la pesadilla que voy a vivir si lo dejan irse a España”, suma.

Así está la casa de los Bagnato en la actualidad

El miedo de Matías no radica en la extradición de Fructuoso. “De hecho, sería lo mejor que me podría pasar que se fuera y no volviera. Pero ya se lo permitieron y no sólo regresó al país, sino que volvió a amenazarme y a decirme que me iba a matar. Mi abuela y yo somos su cuenta pendiente”, advierte.

José Bagnato y su mujer, Alicia. Fructuoso le reclamaba una deuda.

En efecto, en el marco de un intercambio de presos, Fructuoso fue extraditado en 2004 a España. Debía cumplir ahí los 16 años que le quedaban de condena. Pero a los cuatro fue liberado por un error de papeles y a fines de 2009 regresó de modo clandestino a la Argentina. “Le dieron la posibilidad de rehacer su vida, pero volvió acá para terminar con la masacre. Volvió para matarme”, agregó Matías.

Alejandro, el más chiquito, murió carbonizado junto a su amigo.

El 12 de abril a las doce del mediodía, Bagnato revivirá lo que sufrió en su adolescencia cuando tuvo que declarar frente al hombre que prendió fuego viva a toda su familia. Tenía que hacerlo el 22 de febrero, en coincidencia con el aniversario de la Tragedia de Once; fecha que levantó las sospechas de más de uno: los medios iban a estar mirando hacia otro lado.

"La última vez que lo vi tenía 16 años y me acuerdo que me generaba pánico, ahora soy un hombre de 40

Sin mayores explicaciones, la Cámara decidió posponerla dos meses. “Cuando me dijeron que cambiaban la fecha me puse contento, porque sentía que el acompañamiento mediático podía ayudar. Pero pensé que la iban a pasar una semana, no dos meses. Es una tortura psicológica para mí y para mi abuela. No puedo ni dormir”.

Fructuoso fue condenado a perpetua el 10 de noviembre de 1995, sólo 21 meses después de la masacre.

Serán semanas de ansiedad, bronca e impotencia. “No sé qué es lo que voy a sentir. Tener enfrente de nuevo esa mirada psicópata va a remover muchas cosas. La última vez que lo vi tenía 16 años y me acuerdo que me generaba pánico, ahora soy un hombre de 40. De hecho, tengo casi la misma edad que tenía mi papá cuando lo mató”, anticipa Matías.

"Cada vez que yo hablaba durante la audiencia, él revoleaba una bolsita de caramelos sobre el escritorio

¿Cómo fue la última vez que lo vio? “Tuvo lugar durante el juicio, cuando declaré. Me acuerdo que él estaba a pocos metros, con sus abogados. Cada vez que yo hablaba, él revoleaba una bolsita de caramelos sobre el escritorio. Como indiferente a lo que estaba relatando. Siempre me quedó esa imagen”.

Matías Bagnato, en brazos de su papá, José.

Pese al desgaste emocional, Matías está dispuesto a declarar. “Quiero que me escuchen los jueces. Necesito que entiendan el infierno que vivo desde que tengo 16 años. Necesito que vean que si le dan la posibilidad de irse, el riesgo de que vuelva al país es alto y el que pasa a estar preso de por vida soy yo; porque voy a tener que estar encerrado y custodiado por policías”.

Alicia murió abrazada a su hijo en la ducha y con el teléfono celular en la mano.

“Cuando lo detuvieron en 2011, después de regresar al país y volver a amenazarme por las madrugadas, lo encontraron con todo preparado para escaparse por la frontera con Perú. Tenía un auto y documentos falsos”, advierte.

El drama de Norma, la “abu” de 90 años que sobrevivió al monstruo

En un principio, Matías había decidido no contarle a su abuela Norma -de 90 años- que, una vez más, el hombre que asesinó a su hija, yerno y nietos había solicitado el beneficio del extrañamiento. “Para ella es algo muy duro. Cada vez que pasa, me pregunta: ‘¿Por qué nos siguen haciendo esto? ¿Por qué no podemos estar tranquilos?’. Es una mujer grande”.

En efecto, Norma conoce muy bien a Fructuoso. El asesino fue el marido de la hija de uno de sus primos hermanos. Es decir: el esposo de su sobrina segunda, Daiana. Ella tenía 67 años cuando sucedió la masacre y se salvó de casualidad: vivía junto a los Bagnato, pero viajó a último momento a Mar del Plata para pasar unos días con sus amigas.

José junto a sus tres hijos: Matías, Fernando y Alejandro.

Al regresar, se encontró con el peor escenario: su única hija había muerto, al igual que su yerno y dos de sus nietos. Tenía que cuidar a Matías y afrontar todo el juicio. “Ella sufrió en carne propia la violencia física de Fructuoso. Él la atacó unos días antes del incendio”, recuerda.

Fructoso cumple su condena, pero quiere terminarla en España.

El vínculo comercial entre José Bagnato y Fructuoso comenzó cuando la fábrica de zapatillas del papá de Matías comenzó a tener problemas financieros. En ese momento, el homicida se sumó como “socio de palabra” y aportó una inyección de dinero. Tiempo después, comenzó a reclamar una cifra irrisoria. Pedía 300 mil dólares, cuando los cálculos realizados por los Bagnato eran de sólo 90 mil.

Norma era la dueña del edificio en donde funcionaba la fábrica y llevaba la contaduría. Fructuoso la citó para poder llegar a un acuerdo, pero el encuentro se tornó violento y comenzaron los golpes. “Me arrastró de los pelos por la casa y me tiró sobre una mesa donde había una línea de polvo blanco”, recordó tiempo después.

Fernando, hermano de Matías, tenía 14 años. Murió en la bañadera abrazado a su mamá.

Su familia acudió de inmediato y la rescató. Pero el miedo comenzó a invadir a los Bagnato y comenzaron a apodarlo “el monstruo”. De hecho, Fernando le tenía tanto miedo que, desde la agresión a su abuela, no pudo volver a dormir más solo y se instaló junto a su hermano mayor, Matías. Un oscuro giro del destino hizo que la noche de la tragedia se animara a quedarse en su habitación.

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