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El espeluznante video que muestra como la Policía mata a Blas Correas: "Nunca disparé para matar"

El juicio con jurados populares por el crimen del joven arrancó la semana pasada con 13 policías sentados en el banquillo de los acusados. 

Valentino Blas Correas tenía 17 años cuando la madrugada del 6 de agosto del 2020 fue herido de muerte. El adolescente viajaba en un Fiat Argo -junto a otros cuatro amigos del colegio- rumbo a un bar cuando dos policías gatillaron contra el auto y lo mataron por la espalada. A más de dos años del hecho, el juicio con jurados populares por el crimen del joven arrancó la semana pasada con 13 policías sentados en el banquillo de los acusados. 

Resulta que además se descubrió que muchos otros oficiales colaboraron para intentar encubrir el asesinato, al punto tal de que incluso le plantaron un arma a los chicos que iban en el auto con el adolescente para intentar acreditar de manera falsa que uno de ellos los habían amenazado con dispararle. En este contexto, se dio a conocer un video inédito del día del homicidio que muestra el momento exacto del ataque a balazos por los uniformados.

Las imágenes fueron divulgadas por el medio Cadena 3 y fueron captadas por la cámara del patrullero sobre la avenida Vélez Sarsfield y Romagosa. Allí se puede observar como el Fiat Argo conducido por Juan Cruz Camerano Echevarría se cruzó con un control policial de prevención. De acuerdo a la investigación, los efectivos hicieron señas al conductor para que descienda la velocidad. Pero esto no ocurrió.

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En su testimonio, el joven de 20 años dijo que se asustó porque cuando estaba por detenerse vio que uno de los policías "empuñaba un arma y lo apuntaba a la cabeza". Por eso -explicó-, aceleró. En ese momento, el cabo 1° Lucas Damián Gómez efectuó cuatro disparos con su arma reglamentaria contra el auto en el que se movilizaban los jóvenes "con intención de matarlos", según el requerimiento de elevación a juicio.

Tal y como se puede ver en las imágenes, su compañero, el cabo 1° Javier Catriel Alarcón , que también se encontraba en el puesto de control, "en acuerdo tácito (con Gómez) y aportando al plan común de dar muerte a los ocupantes del vehículo", efectuó dos disparos sobre el vehículo en marcha "a sabiendas que no había justificación legal para ello".

 

La acusación sostiene que "Gómez y Alarcón desplegaron las conductas supra descriptas abusando de su función, en contra de la normativa que regula el debido uso de las armas reglamentarias por parte de las fuerzas de seguridad". A su vez, las pericias determinaron que uno de los cuatro disparos hechos por el suboficial Gómez impactó en la zona de la escápula derecha de Blas.

Esto le ocasionó lesiones en el lóbulo inferior del pulmón derecho, la vena cava inferior y el ventrículo derecho. Finalmente, falleció a causa de un traumatismo de tórax provocado por el disparo. Si bien los demás ocupantes del auto no sufrieron heridas,uno de los disparos traspasó el apoyacabeza y la capucha de uno de los adolescentes a milímetros de su cráneo.

Sus amigos llevaron a Blas al sanatorio Aconcagua, donde se negaron a atenderlo, y por esa desatención se tramita otra causa que fue elevada a juicio con tres empleados de ese sanatorio (Sergio Casalino Guadalupe Moya y Paola Andrea Mezzacapo) imputados por "abandono de persona" y "omisión de auxilio". A su vez, con el objetivo de simular un enfrentamiento, los policías "plantaron" un arma en la intersección de Chacabuco y Corrientes.

 

Gómez y Alarcón llegaron al juicio como "coautores de homicidio calificado por haber sido cometido en abuso de su función y homicidio agravado por el empleo de armas de fuego, homicidio calificado por abuso de su función en grado de tentativa reiterado -cuatro hechos- y homicidio agravado por el empleo de armas de fuego en grado de tentativa reiterado -cuatro hechos". 

Alarcón fue el primero de los dos en declarar y relató que ese día, por frecuencia radial, fue comisionado a controlar “un vehículo que supuestamente se dio a la fuga”. De esta manera, el policía sostuvo que fueron alertados sobre “seis ocupantes (del auto) que podrían portar armas habían querido cometer un delito”. "Se aproxima el Fiat blanco y encara al policía Gómez. Desenfundé mi arma. Nunca disparé con intenciones de matar a nadie”, sostuvo.

 

En una breve declaración ante el jurado, en la que no aceptó responder preguntas, Alarcón sólo se refirió a esa circunstancia, tras lo cual el tribunal técnico le preguntó a Gómez si quería también declarar, aunque se abstuvo. Los oficiales restantes, Sergio Alejandro González, Wanda Micaela Esquivel, Yamila Florencia Martínez, Walter Eduardo Soria, Enzo Gustavo Quiroga, Jorge Ariel Galleguillo, Leonardo Alejandro Martínez, Rodrigo Emanuel Toloza, Ezequiel Agustín Vélez, Leandro Alexis Quevedo y Juan Antonio Gatica, enfrentan cargos por "falso testimonio, encubrimiento por favorecimiento personal agravado por la calidad funcional y omisión de deberes de funcionario público".

 

En el juicio participan representantes de la Secretaría de Derechos Humanos de la Nación como "amicus curiae" (asesores jurídicos voluntarios del Tribunal), y Amnistía Internacional como "observador". “Hoy están siendo juzgados 13 policías. Pero hay más. Las responsabilidades políticas llegan hasta el gobernador (Juan Schiaretti)", sostuvo Soledad Laciar, la madre de la víctima, antes del comienzo del juicio. 

En un breve descargo, la mujer dijo que la policía de Córdoba está “deshumanizada” y sostuvo que los efectivos acusados "plantaron un arma" luego de "asesinar" a su hijo. "Confío totalmente en que la justicia va a condenar. Es la única forma de que haya un cambio. Hoy están aquí sus amigos. Ellos son mis hijos. Son los que trataron de salvar a Blas mientras la policía plantaba un arma”, sentenció Laciar.

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