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Identificaron al "rugbier número 11": las pericias que faltan y cómo están los imputados por el crimen

Así lo manifestó el abogado de la familia Báez Sosa, Fabián Améndola, en declaraciones a la prensa.

La causa por el crimen de Fernando Báez Sosa, el joven de 19 años que fue asesinado en el verano en Villa Gesell por una patota de rugbiers, dio un giro luego de que la Justicia confirmara que se logró indentificar al sospechoso “11” en la causa. Se trata de un joven que había estado en la escena del crimen, pero cuya identidad no había podido ser identificada. 

La noticia fue confirmada también por el abogado de la familia de Báez Sosa, Fabián Améndola, quien además indicó que está pendiente la incorporación de una pericia de todas las imágenes del momento del crimen en la que se pide la identificación de los rostros de los asesinos.

"Hasta ahora nos hemos enfocado exclusivamente con lo que tiene que ver con la determinación del hecho puntual que es la muerte de Fernando y los autores materiales del homicidio, una vez que esté esa etapa concluida empezaremos a analizar otro tipos de responsabilidades", afirmó el letrado en declaraciones a medios locales de la ciudad balnearia.

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Mientras tanto, los ochos rugbiers que permanecen detenidos en la Alcaidía de Melchor Romero, acusados del crimen de Fernando Báez Sosa, pasan sus días alejados del resto de la población carcelaria, aunque ya no son insultados y pasan desapercibidos, tienen un bajo perfil y reciben asistencia psicológica de profesionales penitenciarios.

Fuentes de la investigación aseguraron que Máximo Thomsen (20), Ciro Pertosi (20), Luciano Pertossi (18), Lucas Pertossi (21), Enzo Comelli (20), Matías Benicelli (20), Blas Cinalli (19) y Ayrton Viollaz (21) permanecen alojados en el pabellón 3 de la Alcaidía Departamental La Plata 3, ubicada en Melchor Romero, en cuatro celdas contiguas con capacidad para dos detenidos cada una y no cuentan con ningún privilegio.

Dentro del penal, los ocho amigos se mueven siempre en grupo: de lunes a viernes, al igual que el resto de la población carcelaria, tienen permitido permanecer tres horas al aire libre y ellos lo hacen en el patio del Pabellón 6, donde suelen caminar, sentarse al sol y compartir charlas.

"Durante las primeras salidas al patio, los detenidos de sectores cercanos insultaban a los ocho rugbiers, pero a medida que pasaron los días y con el advenimiento de la crisis sanitaria por el Covid-19, cesó cualquier tipo de hostigamiento, y ya son uno más", dijo una fuente de la investigación, que aclaró que desde que se encuentran allí alojados, "jamás protagonizaron un incidente".

Además, si bien el penal cuanta con una biblioteca, los detenidos pasan sus horas leyendo novelas que les acercan sus familiares, a quienes no volvieron a ver desde el 20 de marzo pasado, cuando se decretó el aislamiento preventivo por la pandemia del coronavirus.

"Todos leen algo, algunos libros históricos, otros novelas. Por ejemplo, Thomsen es un apasionado de la novela épica y de fantasía y siempre tiene en sus manos algún libro de la saga de El Señor de los Anillos o de Juego de Tronos", graficó la fuente consultada.

Los rugbiers cuentan con un sólo teléfono celular que comparten los ocho y con el cual se comunican con sus familiares mediante llamadas o mensajes de texto, ya que no tienen habilitada ninguna red social.

Fuentes del Servicio Penitenciario Bonaerense (SPB) aseguraron que los detenidos fueron entrevistados cuando ingresaron a la alcaidía por expertos del área de psicología, aunque luego también realizaron consultas a los profesionales ante determinadas circunstancias.

"Mantienen un perfil muy bajo. No han protagonizado ningún incidente ni evento indisciplinario. No han hecho peticiones a los agentes penitenciarios. No se advierte liderazgo de ninguno de ellos sobre los otros, y se comportan con respeto hacia el personal", dijo la fuente consultada.

La alimentación, en tanto, es la misma que reciben los otros presos en base al sistema de catering que incluye las cuatro comidas y es ofrecida por el SPB, aunque en algunas oportunidades consumen lo que les envían semanalmente sus familiares, como yerba para el mate, galletitas o eventualmente medialunas.

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