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Violencia de género

Inacción y terror: denunció nueve veces a su ex pareja, empleado del Ministerio de Seguridad

"Ser víctima no es fácil. Ser denunciante de tu agresor te exige armar tu vida en torno a esto. Yo tengo el botón antipánico, gas pimienta encima. Evalué adquirir otros medios de defensa más eficientes. El Estado es responsable, de lo que me pase a mi o a cualquier persona de mi entorno".


Marina sufre el acoso de su ex hace dos años.

Con esas palabras desesperadas, la abogada Marina Demtschenko resume el camino de espinas que viene recorriendo durante los últimos dos años diseñado por la perversión de su ex pareja, Sebastián Masi, quien a pesar de tener nueve causas penales abiertas continúa siendo empleado del Ministerio de Seguridad de la provincia de Buenos Aires. 

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Suplantación de identidad

El calvario comenzó poco después de la separación cuando él implementó una venganza retorcida: mediante un perfil en la red social Badoo, comenzó a contactar hombres haciéndose pasar por ella.

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"Les decía que quería tener encuentros sexuales y que para eso se contactaran con una cuenta de Facebook que había abierto paralelamente a nombre de María de los Angeles Rivera. Una vez en Facebook, mantenía vía chat intercambios diciendo que era yo y con conversaciones de alto nivel sexual, pasaba mis fotos como si fuera yo la que lo hacía", relata Marina en diálogo con BigBang

Además del hecho ya grave de compartir imágenes íntimas de su ex pareja, Masi iba más allá: les decía a los hombres que contactaba que a ella le gustaban prácticas sexuales inusuales y violentas. 

"Me enteré de esto cuando estos hombres (más de 400 a lo largo de un año y medio), me cruzaron y me empezaron a abordar", señala Marina. "Me arrinconaban e incluso me tocaban. Yo, horrorizada, amenazada y totalmente desconcertada me fui lentamente aislando de todo. Hasta que un buen día, dejé de salir".

Armas y palos

Luego de la denuncia judicial, el domicilio de Masi fue allanado y se secuestró un arma de fuego sin habilitación. Más presentaciones judiciales se sumaron a partir de sus numerosas violaciones de la restricción perimetral. 

Mientras tanto, el Ministerio de Seguridad inició un sumario administrativo que lleva más de un año sin movimiento, cuya existencia fue confirmada a BigBang por fuentes de la cartera, quienes expresaron que el agresor prestó declaración frente a la dirección de sumarios de la Dirección Provincial de Personal, dependencia de la cual ahora depende la decisión final. 

Cuatro días después de que el agresor fue notificado del sumario, el auto de Marina apareció destrozado a palazos, hecho que jamás fue investigado judicialmente. 

"En el Ministerio lo único que hicieron fue sacarlo de la Dirección de Armamento -por eso mi alerta adicional: el acceso irrestricto a armas de fuego que tiene-, y lo pasaron a otra dependencia, también de la dirección de Suministros. De ahí lo volvieron a correr y ahora estaría trabajando en la imprenta. Lo último que tomé conocimiento en noviembre de 2017, era que había sacado carpeta médica", explica ella. Desde la cartera de Seguridad, mientras tanto, revelaron que Masi ya se reincorporó a sus tareas. 

Sin respuesta

Marina no es la única víctima de Masi: a partir de la visibilización del caso, otras siete personas -incluidos dos hombres- se contactaron con ella para contarle sus propias experiencias violentas. 

Sin embargo, todas encuentran el mismo eco: el del silencio. "Insté a María Eugenia Vidal a que me reciba, a poder hablar con ella. Lo mismo hice con (el ministro de Seguridad) Ritondo. Los pedidos de audiencia que ingresé, 'se perdieron', no hay rastros de cuando los pedí. Es todo así. No tengo forma más clara de exponer lo que es este sistema más que contando lo que vivo a diario. Por eso tantas mujeres denuncian y abandonan en el camino".

Y, así, la vida de Marina se disuelve en un espiral de terror: después de que su caso se viralizara en Twitter días atrás, esta vez fue el auto de su abogada el que apareció golpeado y con una ventanilla rota.

El auto de la abogada de Marina apareció destrozado.

"Me afecta en absolutamente todo. Desde salir a la mañana y mirar para todas partes hasta haber puesto cerrojos fuertes en todas mis puertas y ventanas. En volver a casa y rezar que no esté forcejeada la puerta. En recibir un llamado de un número privado o desconocido y activar el grabador que tengo instalado en el celular. En ejercer mi profesión teniendo que averiguar todo de las personas que vienen a buscarme como abogada, por si me las está mandando mi agresor. En avisar a mi padre y madre como si tuviera 12 años, a cada lugar que voy, y cuando vuelvo", ilustra. 

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