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Juicio contra Teruel: la versión de una de las víctimas y qué dice el informe clave de un perito

El proceso oral y público está a cargo de los jueces de la Sala III del Tribunal de Juicio de Salta, compuesto por Carolina Sanguedolce, María Gabriela González y Pablo Farah.

El juicio contra Lautaro Teruel –hijo de Mario Teruel, integrante de Los Nocheros– sigue su curso. El joven enfrenta dos causas unificadas por violación: entre ellas, a una menor de edad, que tenía entre diez y trece años al momento de los hechos, y en las últimas horas durante la séptima jornada del juicio un perito de la Policía Federal que analizó los audios incorporados a la causa fue uno de los principales testigos.

Este hombre, que es técnico en grabación y posproducción de audios, determinó el grado de autenticidad de las grabaciones incorporadas a la causa, en una de los cuales el acusado reconoce haber abusado a la víctima y le pedía perdón, para establecer si en ellas hubo alteración o edición. En su informe, el perito indicó que dos de los archivos no se podían considerar íntegros porque mostraban evidencias de discontinuidad y de estar compuestos por fragmentos.

Sin embargo, resaltó que en el resto de los archivos no había indicios de adulteración, manipulación o edición. A pesar de esto, señaló que no se podía confirmar o descartar si correspondían a una grabación íntegra. “La ausencia de evidencia para demostrar la edición no significa que no exista dicha edición. Significa solamente que no se pudo comprobar”, sostuvo el técnico.

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Además, manifestó que no podía sostener que los archivos que recibió fueran grabaciones "originales", ya que no contó con el soporte que registró el evento acústico en tiempo real.

Esta semana el juicio arrancó con los testimonios de peritos del Cuerpo de Investigaciones Fiscales (CIF) y psicólogos: la primera en testificar fue una licenciada en Criminalística del CIF, que tuvo a su cargo las dos inspecciones oculares en la casa de la familia Teruel.

Allí, habrían ocurrido los dos hechos denunciados. Cabe recordar que Teruel, de 30 años, llegó a este juicio, iniciado el 27 de septiembre pasado y que se extenderá por lo menos hasta el 15 de octubre, acusado en dos causas diferentes. En el primer expediente está imputado por los delitos de abuso sexual con acceso carnal continuado, agravado por el daño en la salud de la víctima, en concurso ideal con corrupción de menores doblemente agravada por tratarse de menor de 13 años y por mediar engaño, en perjuicio de una de las víctimas, que aseguró haber sido abusada entre los 10 y los 13 años.

En la causa acumulada, Teruel está acusado, junto a Silvio Ezequiel Rodríguez y Gonzalo Isaac Farfán, por el delito de abuso sexual con acceso carnal agravado por ser cometido por dos o más personas, en perjuicio de una joven que tenía 19 años al momento del hecho. En el primer expediente se incorporó una grabación que la víctima realizó durante un encuentro que mantuvo con Lautaro Teruel, en el monumento al General Martín Miguel de Güemes, donde ambos hablan del hecho por el cual él fue denunciado. Luego de la Criminalística , declararon dos psicólogos que le realizaron tres entrevistas semidirigidas a Teruel, en junio y julio de 2019.

Estos indicaron que el acusado presentó buena disposición, relató espontáneamente los hechos por los cuales resultó imputado, asumiendo la culpa y manifestando preocupación por el bienestar de las víctimas. Además, explicaron que el acusado asume su responsabilidad, no oculta ni justifica su participación y habla de los hechos, al tiempo que consideraron que pareciera existir en él cierto arrepentimiento y presenta un perfil neurótico obsesivo.

Los profesionales afirmaron que el acusado entiende que los actos que cometió estuvieron mal y comprende por qué se lo cuestiona; puede diferenciar lo que está socialmente reprobado y puede decidir al respecto. En ese sentido, aseguraron que Teruel tiene rasgos neuróticos obsesivos; posee pensamientos repetitivos y la necesidad de ser castigado y perdonado; y agregaron que, en el aspecto sexual, se le observaron dificultades para discriminar y diferenciar su sexualidad.

Los dos psicólogos coincidieron en afirmar que presenta un pensamiento inmaduro, infantil y omnipotente; cree que sus problemas se resolverán instantáneamente solo porque él lo desea, casi como por efecto mágico. De hecho, una de los peritos indicó que, al haber un estancamiento en su desarrollo psicosexual, en su mente infantil, él puede ver a una persona de corta edad como un par sexual.

El pasado viernes había declarado la segunda víctima de abuso sexual y dio su versión del hecho, mientras que lo propio hizo uno de sus coimputados, en una extensa jornada. La joven, visiblemente quebrada, declaró sin la presencia de los imputados y el público en la sala, y en ese marco ratificó el abuso y brindó detalles del hecho. Según trascendió, tuvo que recibir contención psicológica antes de brindar su testimonio.

La segunda denuncia

La denunciante contó que en enero o febrero de 2014, se encontró con Teruel, Farfán y Rodríguez en un bar de la calle Balcarce, de la capital salteña, y tras beber algunas cervezas se dirigieron a una fiesta en el barrio El Huaico. La víctima dijo que días antes había conocido a Rodríguez en la casa de una amiga y le había gustado, por lo que esa noche bailaron, se besaron y, en un rincón más privado, “todo comenzó a subirse de tono”.

En determinado momento, los imputados decidieron irse y le propusieron pasar por un boliche de calle San Luis, pero como el local estaba casi vacío, decidieron ir a la casa de Teruel. La denunciante señaló que Rodríguez la llevó de la mano a una habitación, donde mantuvieron relaciones sexuales consentidas, pero cuando estaban allí, entró Teruel desnudo y la abusó.

La víctima sostuvo que Rodríguez -quien luego optó por dar su versión del hecho, se declaró inocente y rompió en llanto- "no dijo nada" y salió de la habitación: su lugar fue ocupado por Farfán, quien también ingresó desnudo a la habitación. La joven aseguró que se sintió “horrible” y que cuando quedó sola en la habitación le costó reaccionar, que estaba muy nerviosa y perdida.

Asimismo, reveló que se vistió y salió de la habitación, luego se subió a un taxi junto a Farfán, porque vivía cerca de su casa, pero aclaró que en el camino no hablaron. En diciembre de 2018, la víctima hizo una publicación de esta experiencia en la red social Facebook, luego de una charla que mantuvo con una amiga, en Buenos Aires, y precisó que en ese momento escribió un borrador y, en un impulso, lo publicó, como “un desahogo”.

La joven contó que después del hecho comenzó a tener ataques de pánico y que intentó hacer terapia, pero no pudo continuar porque no podía hablar de lo ocurrido en casa de Teruel. “El hecho de reprimir tanto el tema hizo que, a lo largo del tiempo, empezara a manifestar problemas en relación a otras personas, cierta fobia social, y problemas de autoestima. Me culpaba”, sentenció la denunciante.

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