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La cuarentena de los rugbiers: coronavirus, vianda en la celda y el mayor temor dentro de la cárcel

Los ocho procesados por el homicidio de Fernando Báez Sosa permanecen detenidos en la alcaidía de Melchor Romero. Cómo están y en qué situación está la causa.

Los ocho rugbiers procesados por el homicidio de Fernando Báez Sosa permanecen detenidos en la alcaidía de Melchor Romero, la misma a la que fueron trasladados para poder realizar el peritaje psicológico, hoy suspendido por la pandemia de Coronavirus en el país. Los pedidos que les hacen a sus familiares, cómo está la causa y cómo es la rutina dentro del penal.

El traslado del penal de Dolores al de Melchor Romero suponía, para los procesados, el primer contacto con el resto de la población carcelaria. Hasta el momento, habían permanecido detenidos en comisarías y en la alcaidía de Dolores, en donde se los aisló por completo del resto de los reclusos. Su llegada al nuevo penal no pasó inadvertida.

“Al principio les gritaban cosas. Los chiflaban y amenazaban. Querían que se sintiera el rigor del encierro carcelario. Estaban con miedo y eso se lo planteaban a las familias en cada llamado telefónico”, confiaron fuentes del penal al diario Clarín.

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Los rugbiers fueron trasladados el 13 de marzo, un día después de que la Organización Mundial de la Salud calificara al brote de coronavirus pandemia. El avance del virus en el país y el decreto del aislamiento obligatorio de Alberto Fernández cambiaron el foco de atención, incluso para el resto de los reclusos.

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Desde entonces, los rugbiers están “más tranquilos”. Eso sí: para evitar enfrentamientos o posibles ataques, reciben todos los días las viandas de comida en sus celdas. Es el mismo menú que recibe el resto de los 269 presos, pero la diferencia es que los procesados por el crimen de Fernando no pisan el comedor común.

“No hablan con nadie, ni con los guardias. Si necesitan algo se lo piden a las familias”, advierten desde el penal. ¿Qué piden? Dulces, alfajores y tortas. Tienen a disposición dos teléfonos públicos y se turnan para hacer los respectivos pedidos a sus familias. Desde su traslado, los ocho rugbiers están solos en un pabellón con capacidad para 25 personas, aunque comparten celdas de a dos. “No hablan con nadie. Ni con los guardias”.

El único momento en el que tienen contacto con algunos presos es cuando salen por la mañana al patio. Tienen dos horas y las usan para hacer ejercicio. Y, aunque sus padres tienen un permiso especial para poder trasladarse de Zárate a La Plata, los ocho imputados pidieron suspender las visitas por prevención; de acuerdo a lo consignado por el diario Clarín.

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Las medidas de la Corte Suprema bonaerense suspendieron los plazos procesales. Así, las dos audiencias con la Cámara, en la que se definiría si recibirían o no el beneficio de la prisión domiciliaria, fueron suspendidas. Lo mismo sucedió con las pericias psicológicas y el cotejo de ADN, entre otras medidas de prueba.

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